En diciembre, el gobierno decidió aplazar su proyecto para prohibir a los cuidacoches que no estén autorizados, para escuchar a todos los sectores. Pero a partir de allí hubo noticias casi diarias sobre detenciones de “naranjitas”. Hoy Día Córdoba dialogó con el titular de la Pastoral Social del Arzobispado, que tiene una propuesta sobre el tema.
Hoy Día Córdoba: Tenemos entendido que la Iglesia de Córdoba está elaborando una propuesta para abordar la cuestión de los «naranjitas» ¿Podría explicarnos cómo surgió esta iniciativa y cuál es su objetivo principal?
Munir Bracco: Si ustedes recuerdan, en diciembre se iba a dar un tratamiento que, desde nuestro punto de vista, era «express», sobre el marco legal para los «naranjitas». Nos parecía que no se podía tratar de una manera tan rápida, sin hacer un tratamiento pormenorizado, serio y amplio. Y menos a fin de año. Desde entonces, estamos involucrados y trabajando, recogiendo las miradas de distintos actores sociales. Durante enero, un grupo de gente ha estado trabajando, y desde la Pastoral Social de Córdoba y la Vicaría de los Pobres se está elaborando una propuesta. No es un proyecto de ley, porque no somos legisladores, pero sí una propuesta.
HDC: ¿Qué actores sociales han participado en su elaboración?
MB: Hemos receptado proyectos de algunos legisladores, como (Gregorio Hernández) Maqueda, Dante Rossi y Matías Chamorro, y también del concejal (Gabriel) Huespe. Nos hemos reunido con cooperativas, con los propios «naranjitas», con gente vinculada al área legal, con gente especializada y también estamos estableciendo algunos vínculos con gente de algunas universidades.
HDC: ¿Cuáles son los ejes principales de la propuesta?
MB: La propuesta pasa por establecer un marco regulatorio, que se haga un censo de cuántos son y dónde están, que tengan una identificación, con una indumentaria apropiada para que se los pueda identificar. Que se acuerde el lugar de trabajo y lo que se va a cobrar, con un acompañamiento que garantice seriedad. Se busca potenciar el diálogo social y bajar el delito a través de saber quiénes son, acompañarlos y canalizar ayuda a quienes la necesiten. También se busca lograr un ascenso social para toda la sociedad y para ellos, con conexiones a ámbitos educativos, de salud, ayudarlos con eventuales adicciones. Se propone capacitarlos, por ejemplo, en primeros auxilios y en el conocimiento del lugar donde trabajan, para que puedan hacer un aporte y obtener un mayor beneficio, ya que muchos viven de eso.

HDC: ¿Cómo cree que será recibida esta nueva propuesta en los dos bloques mayoritarios?
MB: Si hay diálogo, si hay consenso, si hay un acuerdo en los puntos básicos, se va a poder hacer algo. La cuestión es que a veces en el diálogo y el consenso hay que ceder. Creemos que hay que ceder a las cerrazones y los fanatismos. Si prima eso, si hay grandeza política, si hay deseo sincero de construcción, de pensar el bien común, no debería haber mayores dificultades. Creemos que sí se va a poder dar.
HDC: En estas semanas hubo una mayor visibilización de delitos relacionados con los «naranjitas». ¿Les sorprende? ¿Creen que buscan estigmatizar?
MB: Es cierto que el delito, la corrupción y el maltrato existen. Nadie niega eso. El Código Penal es claro: si hay un delito, el ciudadano que lo comete se tiene que poner a derecho. Pero también hay que decir que no todos los «naranjitas» son delincuentes. No todos son ladrones ni maltratadores. Es un mensaje peligroso que se instala. Además, es ingenuo pensar que en todos esos casos los que han cometido delitos son «naranjitas». Yo diría más bien que son delincuentes que se ponen un chaleco, con sólo ver las fotos te das cuenta. Los propios «naranjitas» te dicen que saben quiénes son los delincuentes que usan el chaleco para camuflarse. En muchos barrios, a los que son buenas personas, les saben el nombre y les dan una mano. Creo que sería un gesto de nobleza visibilizar también a los naranjitas honrados, respetuosos y buena gente, que son la mayoría.
HDC: ¿Han considerado experiencias de otras provincias o lugares en la elaboración de esta propuesta?
MB: Sí, en la propuesta que vamos a hacer, se han recogido experiencias de otras provincias y de otros lugares que también han tratado el tema y han encontrado alternativas. Recogemos eso y también lo ofrecemos. Creemos que es un aporte que, si ayuda, en buena hora.

HDC: Por último, la Iglesia viene participando de temas sociales delicados -la edad de imputabilidad de menores, el juego online, el avance del narcotráfico en los barrios- ¿No sienten que a veces están solos en esas luchas?
MB: Son tiempos sociales muy difíciles. Me llama la atención que sean pocas las voces que se alzan. A veces nos horroriza el delito de un «naranjita», pero no sé si nos horroriza el delito de un político, de alguien que se roba la plata de los discapacitados o de los jubilados, o del que malversa con el dinero que no le llega a una persona postrada por una discapacidad. Creo que hay una estrategia de polarizar, que no es nueva, donde una media verdad se la toma, se la absolutiza y entonces se polariza la sociedad. Así es muy difícil, y van quedando afuera mucha gente, los más vulnerables, los que más sufren y a los que más les cuesta. Eso nos denigra como sociedad y como persona, no nos lleva a ningún lado. Habla muy mal de nosotros.









