Me pongo en contacto con ustedes movido por la desesperación, pero también por la confianza en que el periodismo es hoy el único canal que nos queda para visibilizar una realidad que, de no cambiar, va a destruir a muchas empresas y familias cordobesas.
Represento a una de las tantas empresas familiares de Córdoba que desde hace décadas brinda insumos médicos al PAMI. No somos una gran corporación con espalda financiera ni una multinacional capaz de absorber pérdidas prolongadas: somos una pyme, con más de 70 años de trayectoria, que siempre trabajó en regla, pagó impuestos, sostuvo empleo y respondió cuando el sistema de salud lo necesitó, incluso en los momentos más críticos, como la pandemia.
Hasta hace poco, la relación con el organismo funcionaba dentro de parámetros normales: los pagos se realizaban con un margen habitual de alrededor de 60 días. Hoy, la realidad es dramáticamente distinta. Llevamos siete meses sin cobrar. Es una cifra que se dice rápido, pero que en la práctica significa un ahogamiento financiero absoluto. Desde junio de 2025 sobrevivimos utilizando los ahorros de la empresa.
Mientras tanto, seguimos haciendo malabares imposibles para pagar sueldos, cargas sociales, impuestos y cumplir con proveedores que, lógicamente, ya no pueden esperar más. La deuda acumulada es insostenible para una pyme, sobre todo si se tiene en cuenta que la facturación vinculada al PAMI representa aproximadamente el 50 % de nuestros ingresos.
Nuestra empresa provee insumos médicos de alta complejidad: prótesis, dispositivos para cirugías y elementos vitales para intervenciones de urgencia. No se trata de un volumen menor ni de productos prescindibles. Tal vez no se traduzca de inmediato en un corte visible, como podría ocurrir con los medicamentos en farmacias —lo que sería un verdadero cimbronazo—, pero sí está en riesgo la provisión de elementos clave para cirugías y tratamientos que no pueden esperar.
A esto se suma otro problema que agrava aún más la situación: lo que hoy se nos debe fue facturado con un valor del dólar muy distinto al actual. Los insumos se pagan a precios actualizados, pero los ingresos siguen congelados, profundizando el desfasaje y el endeudamiento.
Lo que más alarma e incertidumbre nos genera es que no hay ningún tipo de respuesta. Desde el PAMI no recibimos explicaciones, ni compromisos de pago, ni plazos. Absolutamente nada. Es la primera vez en la historia de nuestra relación con el organismo que ocurre una ruptura tan prolongada de la cadena de pagos, y nos ha tomado sin margen de maniobra. Ni en Córdoba ni en Buenos Aires hemos encontrado respuesta a una problemática que es claramente nacional.
Sabemos que no se trata de un caso aislado. Entre proveedores del sector, la situación se repite: empresas que se endeudan para poder seguir, familias que viven en la incertidumbre y decisiones que se postergan por miedo a no poder sostener la estructura. En nuestro caso, están en juego 20 familias que dependen directamente de esta empresa.
Les escribo con la necesidad urgente de que este tema tome estado público. El sistema de salud hoy se sostiene gracias al esfuerzo de las PyMES, pero ese esfuerzo llegó a su límite.
Atentamente,
Una empresa familiar del sector salud de Córdoba.
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