Leyendo su artículo sobre cómo viven quienes estudian y trabajan a la vez me hizo recordar una etapa de mi vida relacionada con el tema. Espero no abusar de su paciencia contándole lo que recordé.
Tenía unos 31 años, estaba casado y con hijos, pero mi actividad era intensa. Le describo punto por punto:
- Me levantaba a eso de las 6 de la mañana y luego de asearme y vestirme tomaba el colectivo y me iba a trabajar en una empresa de seguros, comenzando mis tareas a eso de las 07:45.
- Terminaba alrededor de las 13:30, comía algo rápidamente y me iba a trabajar a IBM, donde entraba a las 14:00 y terminaba a las 18:00.
- Tomaba otro colectivo y me iba a la UTN, donde estudiaba. Entraba a las 18:15 y salía a las 23:15.
- Tomaba un colectivo y volvía a mi casa para ver a la familia y descansar (si se puede decir descansar y ver a mis hijos durmiendo) hasta el nuevo día en el que comenzaba otra vez la misma rutina.
Como datos complementarios, le digo que mi vivienda estaba en la zona norte y, como seguramente sabrá, la UTN está en el lado opuesto.
Mi costumbre en la UTN era rendir todas las materias en diciembre y durante ese año tuve que postergar dos o tres para rendirlas en marzo. El rompimiento de esta costumbre me llevó a dejar parte de mi rutina al año siguiente, dejando mis tareas en IBM, con lo cual pude volver a la costumbre de rendir todo en diciembre. Valga comentarle que nunca me bocharon y mi promedio general en mi carrera de grado fue de 9,20. Con el tiempo, ya siendo profesor, hice también allí un postgrado y mi promedio general fue de 9,55 (9 como nota más baja). Ejercí la docencia universitaria durante 38 años y me jubilé a los 70 (estoy por cumplir 83 el mes que viene). Tuve la gran satisfacción de ser Director del Departamento de Ingeniería en Sistemas de la UTN Córdoba y abrir bajo mi dirección la carrera de Ingeniería en Sistemas de Información en el año 1985, cuando el Decano era el Ingeniero Regino Maders. Llegué a tener dentro de la carrera unos 270 docentes y algo más de 4.000 alumnos. Dimos clases en aulas que nos prestaban escuelas primarias porque en la Facultad no había suficientes para esa cantidad de alumnos. A fines del año pasado fui el invitado especial al festejo de los 40 años de la apertura de la carrera. Obviamente me hicieron hablar y los aplausos y abrazos lograron que algo mojara mis ojos.
Reciba un cordial saludo y continúe el camino que ha emprendido.
Mario Alberto Fidélibus
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