En el paraje La Paisanita, a pocos minutos de Alta Gracia, funciona Terrambú, un hotel boutique que combina recuperación patrimonial, gastronomía casera y una propuesta pet friendly que se volvió su sello distintivo: aquí la familia llega completa.
Para conocer la historia detrás del proyecto, desde Hoy Día dialogamos con Verónica Rezk, dueña y gerente general del establecimiento. Además de liderar el emprendimiento, es quien a diario comunica la experiencia Terrambú a través de videos e historias en Instagram, donde muestra la vida en el hotel, el entorno natural y la dinámica con huéspedes, humanos y perrunos, invitando a alojarse o simplemente disfrutar una jornada gastronómica frente al río. Su impronta personal atraviesa cada detalle del lugar.
El edificio permaneció cerrado durante más de 40 años hasta que fue recuperado y puesto en valor. La restauración respetó la esencia original de la casona y su entorno: vegetación autóctona, calma serrana y acceso directo al río. Hoy el hotel cuenta con diez habitaciones con balcón y vista a la montaña, ropa de cama completa y desayuno buffet incluido. También ofrece terraza, jardín, restaurante, bar, estacionamiento, servicio a la habitación y recepción las 24 horas.
La escala reducida es parte central del concepto. La propuesta apunta a una experiencia íntima, de cercanía con los visitantes y conexión con la naturaleza, lejos de la masividad.
“Somos un hotel pequeño y eso nos permite algo muy valioso: cercanía real. Terrambú es más experiencia que alojamiento”, define Rezk.
Mucho más que “se aceptan mascotas”
En Terrambú los perros son bienvenidos sin importar su tamaño. No es un simple permiso: es parte del concepto. Pueden hospedarse junto a sus dueños, dormir en la habitación y circular por los espacios comunes, incluido el restaurante. La única condición es que no queden solos en la habitación, priorizando el bienestar y la convivencia.
La decisión, cuenta Verónica, surgió de manera natural. Convive con tres perras y nunca imaginó el proyecto sin ellas. “Jamás me imaginé dejarlas fuera de esto”, resume. Bajo esa lógica, si ellas pueden moverse con libertad y disfrutar del entorno, la experiencia debía extenderse también a los huéspedes que viajan con sus animales.
La idea, explica, está profundamente ligada al espíritu del lugar: descanso, familia y conexión con la naturaleza. “Si hablamos de descanso y de familia, las mascotas son parte de eso”, señala.
El hotel dispone de espacios amplios al aire libre, acceso al río y áreas verdes donde los animales pueden moverse con libertad bajo supervisión. La experiencia está pensada para que el viaje sea compartido, sin dejar a ningún integrante de la familia en casa.
Uno de los detalles más distintivos es el “libro de patitas”: un cuaderno de huéspedes donde cada perro deja la impresión de su huella como recuerdo de su estadía. Con el paso del tiempo, ese libro se convirtió en una especie de archivo afectivo del hotel, una memoria viva de cada visita.
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Además, Terrambú desarrolló una carta especial canina. Incluye opciones simples y naturales, como pollo, carne y verduras en preparaciones suaves, pensadas para que puedan compartir el momento gastronómico con sus dueños sin alterar su alimentación habitual.
El restaurante, abierto también al público con reserva previa, mantiene la misma lógica de convivencia y respeto entre todos los comensales. Así, compartir la mesa con la mascota forma parte de la experiencia.
En un contexto turístico desafiante, Terrambú apuesta por experiencias auténticas, contacto con el entorno y hospitalidad personalizada. Entre río, montaña y gastronomía casera, la histórica casona encontró una nueva identidad: la de un refugio donde el descanso se vive sin dejar a nadie en casa.













