El ambicioso Plan de Infraestructuras de Biden

Por Carlota García

John F. Kennedy dijo una vez: “No ha sido nuestra riqueza la que ha construido nuestras carreteras, sino nuestras carreteras las que han construido nuestra riqueza”. Las infraestructuras son la columna vertebral de la movilidad, del agua, de la energía, de la información y de otros servicios críticos. Pero hoy en día, en EEUU no van en consonancia con su estatus de gran potencia económica del mundo. El porcentaje de inversiones públicas en infraestructuras ha caído del 2,7% al 0,7% del PBI, mientras que China gasta tres veces más.

Se semana, en forma desesperada, la necesidad de reparar las infraestructuras del país, y la Administración Biden lo ha encarado. Pero el mundo está cambiando, con grandes interrogantes sobre ritmo y la magnitud del impacto climático y de las tecnologías emergentes, y se necesitan, por tanto, nuevas formas de pensar en las infraestructuras y en cómo invertir de forma más “inteligente”.

Después de haber sacado adelante un plan de estímulo de 1,9 billones de dólares, Biden anunció uno de sus dos grandes proyectos para reconstruir la economía estadounidense. Un nuevo proyecto al que se va a enfrentar con la idea clara de hacer las cosas “a lo grande y rápido”, como lección aprendida de los primeros años de Obama. Un ambicioso plan que busca actualizar las infraestructuras, que haga frente a las limitaciones y saque ventaja de cara al futuro. El monto de este ambicioso plan (dos billones de dólares para los próximos 15 años) es insuficiente para los progresistas y excesivo para los republicanos. Algunos se han referido a él como un “plan climático” o incluso el “Green New Deal”; y otros “plan China” (porque busca contrarrestar la influencia económica del gigante asiático). En cierto sentido, son todos a la vez. De ahí que Mitch McConnell, el líder republicano del Senado lo haya calificado de “caballo de Troya”. Y, aunque el foco central sea las infraestructuras, su título oficial es “American Jobs Plan” porque se espera que con él se creen millones de empleos.

El nuevo plan se divide en cuatro paquetes. El primero se refiere a las infraestructuras clásicas, como carreteras, puentes, puertos y aeropuertos; transporte público, principalmente ferroviario; estaciones de recarga de coches eléctricos; actualización de los sistemas de agua potable; desarrollo de la banda ancha; y modernización de la red eléctrica.

Un segundo paquete estará destinado a la infraestructura humana o de cuidados. La nueva Administración argumenta que es el único país industrializado del mundo sin un permiso remunerado a nivel nacional para el cuidado de hijos/as o familiares, con millones de ciudadanos que prestan servicios de asistencia (la ONU estima que el valor de los cuidados no remunerados alcanza el 40% del PBI). Esta visión de una infraestructura humana es una idea que puede anticipar un cambio en cómo se mide y evalúa la economía, que tenga en cuenta la calidad de vida, la satisfacción y la salud de los trabajadores y no sólo los mercados de valores.

El tercer gran monto va para la lucha contra el cambio climático, dedicado a proyectos medioambientales y a la protección de la diversidad. El año pasado en EEUU hubo 22 desastres producidos por fenómenos meteorológicos y climáticos, con pérdidas de miles de millones de dólares. Las infraestructuras han sido diseñadas en general para particulares condiciones climáticas, pero sin tener en cuenta el impacto futuro del clima, por lo que invertir ahora en infraestructuras debe ser visto como una inversión para reducir el impacto del cambio climático en el país.

El último paquete sería el que concierne más directamente a la competición geoeconómica. Una parte importante se centra en inversiones en I+D, para mantener la posición de líder en innovación tecnológica, una prioridad para la competitividad económica y para la seguridad nacional.

Por último, para financiarse en los próximos 15 años el plan propone  modificar la reforma fiscal de Trump, subiendo el impuesto de sociedades del 21% al 28%, lo que no solo no cuenta con el apoyo de los republicanos, sino que no tiene el apoyo de algunos de los demócratas más moderados, que temen que ralentice la recuperación económica. Además, se propone un impuesto mínimo de sociedades a escala global.

Antes de que Biden ganara las elecciones, su asesor de Seguridad Nacional, Jack Sullivan, afirmaba que el crecimiento de China podía ser la fuerza movilizadora que necesitaba EEUU para hacer reformas en casa. Y el secretario de Estado, Antony Blinken, que el reto de China tenía que ver menos con sus fortalezas que con las debilidades de EEUU. A la Administración Biden le preocupa mucho que China vea a EEUU como un país en decadencia, y que actúen de acuerdo a esa premisa. Están ansiosos por borrar esa impresión y el plan de infraestructuras es una parte importante de ese esfuerzo.

 
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