La muerte del líder supremo iraní, Alí Jamenei, en los ataques militares de Estados Unidos e Israel abrió un proceso en la estructura de poder de Irán, donde el régimen inició la formación de un consejo de liderazgo interino encargado de asumir la dirección del país mientras se define la sucesión del liderazgo supremo.
El ayatolá Alireza Arafi, de 66 años, fue nombrado este domingo para integrar el consejo de liderazgo interino tras el fallecimiento de Jamenei. Este órgano provisional se encargará de liderar el país hasta que la Asamblea de Expertos, formada por 88 clérigos chiíes, designe a un nuevo líder supremo de acuerdo con la Constitución.
Arafi, quien se desempeña como jurista del Consejo de los Guardianes, asume esta responsabilidad junto al presidente de Irán, Masud Pezeshkian, y al jefe del Poder Judicial, Golamhosein Mohseni Eyei. El papel del ayatolá Arafi resulta clave en la conducción interina del país y busca proporcionar estabilidad en el proceso de transición.
Jamenei, quien dirigió el país durante 37 años, falleció el sábado en su residencia oficial, en medio de ataques coordinados por Estados Unidos e Israel. La ofensiva también dejó víctimas entre altos mandos del aparato de seguridad y defensa, entre ellos el jefe de inteligencia policial, Gholamreza Rezaian; el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, el general de división Abdorrahim Musaví; el ministro de Defensa, el general de brigada Aziz Nasirzadeh; y el secretario del Consejo de Defensa, Ali Shamjani. Estas bajas profundizaron la crisis interna.
La muerte del ayatolá fue reportada primero por fuentes israelíes y estadounidenses antes de ser confirmada por Irán. Tras los ataques, oficiales israelíes afirmaron que habían localizado el cadáver de Jamenei y anunciado su muerte, y poco después el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró públicamente que el líder supremo había sido asesinado en los bombardeos.
Inicialmente, las agencias de noticias iraníes cercanas al gobierno aseguraron que Jamenei y otros altos funcionarios se encontraban “firmes y en control”, y evitaron confirmar su fallecimiento. Sin embargo, horas más tarde, la televisión estatal y los medios oficiales de la República Islámica emitieron un comunicado en el que confirmaron su muerte —junto con la de su hija, su yerno y su nieta— y decretaron 40 días de luto nacional, lo que puso fin a la incertidumbre en torno a su destino.
En este contexto, Irán designó también al general de brigada Ahmad Vahidi como el nuevo comandante en jefe del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, en un movimiento que posiciona al frente de la fuerza a un militar que enfrenta pedidos de captura internacional por su presunto rol en el atentado terrorista contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (Amia) de 1994.

El nombramiento, informado por la agencia iraní Mehr, se produce tras la muerte del anterior jefe, el general Mohamad Pakpur, quien falleció durante los ataques de Estados Unidos e Israel contra territorio iraní.
En el marco de una escalada militar sin precedentes en Teherán, el presidente Pezeshkian afirmó que Irán “aplastará por la fuerza las bases del enemigo”, en un mensaje difundido por la cadena estatal.
El mandatario ratificó que las fuerzas armadas del país actuarán «con poder» y que, como ha sucedido históricamente, «frustrarán a los enemigos».
En su alocución, Pezeshkian confirmó formalmente que el consejo de liderazgo interino «ha comenzado su labor» para garantizar la continuidad del régimen.
La muerte de Jameneí y la peligrosa lógica de la guerra preventiva









