Estados Unidos confirmó este miércoles la confiscación de un petrolero vinculado a Venezuela y registrado recientemente como buque ruso, en una operación llevada a cabo en el Atlántico Norte tras más de dos semanas de persecución naval.
El buque Marinera, anteriormente conocido como Bella-1, navegaba bajo bandera rusa y transportaba crudo venezolano, convirtiéndose en el epicentro de una crisis diplomática entre Washington y Moscú. La tensión escaló cuando el Kremlin desplegó un submarino y otras unidades de su Armada para escoltar al navío e impedir su incautación por fuerzas estadounidenses.
La operación se inscribe en la campaña de máxima presión impulsada por el presidente Donald Trump, quien el pasado 16 de diciembre decretó un “bloqueo total” contra las exportaciones energéticas de Venezuela. Según el secretario de Estado, Marco Rubio, el objetivo es asfixiar financieramente a los remanentes del régimen de Nicolás Maduro y frenar el flujo de recursos ilícitos movilizados por intermediarios como Alex Saab.
Escalada naval y antecedentes recientes
La confiscación del Marinera se suma a una serie de acciones militares y regulatorias emprendidas por Washington en las últimas semanas:
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Buque Skipper: incautado el 10 de diciembre cuando se dirigía a China.
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Buque Centuries: abordado el 20 de diciembre; tras una inspección, se le permitió continuar su ruta.
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Buque Marinera: perseguido durante más de dos semanas, con presencia militar rusa en las cercanías, hasta su control final por fuerzas estadounidenses.
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Intercepción adicional: un segundo petrolero vinculado a Venezuela fue interceptado en aguas latinoamericanas en las últimas 48 horas.
Según datos de TankerTrackers.com, tras la captura de Nicolás Maduro el pasado sábado, se detectó una maniobra de saturación masiva: al menos 16 petroleros sancionados desaparecieron de los radares satelitales mientras se encontraban en puertos venezolanos.
De ellos, 12 apagaron sus sistemas AIS y 4 recurrieron al “spoofing” de señales GPS para ocultar que se dirigían hacia el este.
Expertos señalan que estas salidas no autorizadas, vinculadas a Alex Saab y Ramón Carretero, responden a una urgencia técnica: las instalaciones de almacenamiento de crudo en Venezuela están al límite de su capacidad, y una paralización prolongada podría provocar daños estructurales irreversibles en el sistema petrolero.
Reacción de Rusia y situación del buque
El Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia instó formalmente a Washington a no interferir con el regreso de los tripulantes rusos del petrolero incautado. En declaraciones a RIA Novosti, Moscú exigió que Estados Unidos garantice un trato humano y digno, respete los derechos de la tripulación y no obstaculice su repatriación.
De acuerdo con el Financial Times, el buque se encontraba en aguas internacionales entre el Reino Unido e Islandia y se dirigía a Rusia cuando fue interceptado. CBS News informó que las fuerzas estadounidenses planeaban su detención, mientras que The Wall Street Journal confirmó el despliegue de escolta naval rusa.
El petrolero había enarbolado bandera rusa en diciembre, solicitando apoyo de Moscú. Poco después apareció oficialmente registrado como Marinera, con puerto base en Sochi. El New York Times reveló que Rusia pidió formalmente a Estados Unidos que cesara la persecución.
Imágenes difundidas por medios estatales rusos muestran a una unidad de la Guardia Costera estadounidense siguiendo de cerca al navío. Según el Departamento del Tesoro de EE.UU., el buque ya había sido sancionado en 2024 cuando aún estaba registrado en Panamá por transportar petróleo iraní restringido.
Posición de la Casa Blanca
La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, aseguró que el presidente Trump “no teme” continuar confiscando petroleros sancionados, pese al riesgo de aumentar las tensiones con Rusia y China.
“Aplicará la política que sea mejor para los Estados Unidos de América. Eso significa hacer cumplir el embargo contra toda la ‘flota oscura’ que transporta petróleo ilegalmente”, declaró, según CNN.
Leavitt minimizó el riesgo de confrontación directa con Moscú, subrayando que Trump mantiene una relación personal fluida con Vladimir Putin.
Por su parte, el secretario de Energía, Chris Wright, afirmó que Washington controlará las ventas de petróleo venezolano de forma indefinida. En un evento de Goldman Sachs en Miami, explicó que Estados Unidos comercializará el crudo almacenado y la producción futura, y que podría levantar parcialmente sanciones para facilitar exportaciones bajo supervisión estadounidense.
Wright indicó que EE.UU. actuaría como proveedor de diluyentes, permitiría la importación de repuestos, equipos y servicios, y buscaría estabilizar la industria para evitar su colapso. No obstante, advirtió que recuperar los niveles históricos de producción —más de tres millones de barriles diarios— requerirá decenas de miles de millones de dólares y varios años.
Mientras tanto, en Caracas, la líder interina Delcy Rodríguez enfrenta su primer gran desafío de autoridad, ya que la salida de estos buques sin autorización oficial expone una fractura profunda en el control de PDVSA y en la cadena de mando del gobierno provisional.









