Las delegaciones de Irán y Estados Unidos cerraron este jueves en Ginebra, Suiza, una nueva ronda de contactos indirectos con un resultado que fue calificado como “avance significativo”, en medio de una escalada militar sin precedentes en la región y bajo la presión directa de la Casa Blanca.
El anuncio lo realizó el ministro de Asuntos Exteriores de Omán, Badr Albusaidi, cuyo país actúa como mediador entre ambas potencias. Según explicó, las partes demostraron una “apertura sin precedentes a ideas y soluciones creativas” y acordaron retomar el diálogo técnico la próxima semana en Viena, Austria.
Las conversaciones —celebradas en la residencia del embajador omaní en Suiza y bajo estrictas medidas de seguridad— se desarrollaron tras el ultimátum del presidente estadounidense Donald Trump, quien días atrás otorgó a Teherán un plazo de 15 días para alcanzar un entendimiento que evite un conflicto armado.
Exigencias cruzadas y líneas rojas
Teherán insiste en que el diálogo debe limitarse exclusivamente a su programa nuclear. Washington, en cambio, pretende ampliar la agenda para incluir el desarrollo de misiles balísticos y el apoyo iraní a milicias regionales, tales como Hamás en los territorios palestinos y Hezbolá en Líbano.
El jefe negociador iraní, Abbas Araghchi, calificó la instancia como “una oportunidad histórica” y aseguró que un acuerdo está “al alcance” si se prioriza la diplomacia. En la misma línea, el presidente iraní Masoud Pezeshkian afirmó que la República Islámica “no busca en absoluto desarrollar armas nucleares” y expresó “buenas perspectivas” sobre el proceso.
Desde el entorno del líder supremo Alí Jamenei, su asesor Ali Shamkhani fue aún más explícito: “Si el principal problema es la fabricación de armas nucleares, un acuerdo inmediato es alcanzable”, sostuvo, recordando que existe un decreto religioso que prohíbe su desarrollo.
La presión militar
El diálogo diplomático transcurre bajo la sombra del mayor despliegue militar estadounidense en Oriente Medio en décadas. El portaaviones USS Gerald R. Ford zarpó recientemente desde Creta, mientras el USS Abraham Lincoln y más de una docena de buques de guerra permanecen en la región. La presencia simultánea de dos portaaviones estadounidenses es considerada inusual.
En paralelo, el diario The Wall Street Journal reveló que el equipo de Trump evalúa exigir el desmantelamiento de las tres principales instalaciones nucleares iraníes y la entrega del uranio enriquecido a Estados Unidos, una condición que endurece significativamente el marco negociador.
Tensiones internas y clima regional
Las conversaciones se producen en un contexto interno delicado para Teherán, tras masivas protestas que, según organizaciones de derechos humanos, dejaron miles de muertos. En universidades de la capital se reactivaron movilizaciones, mientras sectores de la población temen que un eventual conflicto derive en hambruna y mayor inestabilidad.
Desde Washington, el secretario de Estado Marco Rubio calificó de “gran problema” la negativa iraní a discutir su programa de misiles, aunque reiteró que la prioridad presidencial es una salida diplomática.
Por su parte, el enviado especial estadounidense Steve Witkoffdejó en claro que la Administración Trump busca un acuerdo sin cláusulas de caducidad.
“Nuestra premisa es que deben comportarse correctamente durante el resto de sus vidas”, afirmó, según el portal Axios, en referencia a las limitaciones temporales del pacto nuclear de 2015 sellado durante la presidencia de Barack Obama.









