El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, anunció este lunes que la fuerza aérea de Israel atacó la mayor planta petroquímica de Irán, ubicada en Assaluyeh, en la provincia de Bushehr, en un nuevo capítulo de la escalada militar en Medio Oriente.
“Acabamos de atacar con fuerza la mayor planta petroquímica de Irán”, declaró Katz en un mensaje en video, en el que precisó que el complejo es responsable de cerca del 50% de la producción petroquímica del país, lo que convierte la ofensiva en un golpe estratégico de alto impacto económico.
El bombardeo tuvo como objetivo instalaciones vinculadas al yacimiento de gas South Pars, el más grande del mundo, y, según reportes, provocó daños críticos en plantas clave como Asaluyeh, Jam y Damavand, además de afectar a empresas proveedoras de servicios esenciales como Mobin. La operación también habría dejado bajas de alto rango, entre ellas el jefe de Inteligencia de la Guardia Revolucionaria, Majid Jademi, y el líder de la Fuerza Quds, Asghar Bakeri.
Medios iraníes, entre ellos la agencia Fars News Agency, informaron que se registraron varias explosiones tras ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel contra complejos energéticos, aunque señalaron que la situación se encontraba “bajo control” mientras se evaluaban los daños.
El ataque se produce luego de ofensivas similares en marzo, que desencadenaron represalias iraníes contra infraestructura energética en la región. Además, Rusia había advertido en reiteradas ocasiones sobre las posibles consecuencias tóxicas y ambientales de atacar este tipo de instalaciones sensibles.
En paralelo, el ejército israelí informó que lanzó ataques a gran escala contra aeropuertos en Teherán, alcanzando decenas de aeronaves de la Fuerza Aérea iraní en instalaciones como Mehrabad y Azmayesh. Según el parte oficial, los objetivos eran debilitar tanto a la aviación regular como a la del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica.
Por su parte, el portavoz militar israelí, Nadav Shoshani, advirtió que Irán no tendrá “ninguna inmunidad” en el actual escenario, incluso mientras continúan las conversaciones internacionales por un posible alto el fuego.
La respuesta de Teherán no se hizo esperar. El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica informó que lanzó una nueva ola de ataques —la número 98— contra objetivos israelíes y estadounidenses, incluyendo el impacto sobre un buque portacontenedores israelí identificado como “SDN7” y el ataque al buque anfibio estadounidense USS Tripoli (LHA-7), que, según afirmaron, se vio obligado a retirarse.
Además, Irán confirmó el lanzamiento de misiles balísticos contra centros estratégicos en Haifa, donde equipos de rescate reportaron víctimas fatales tras el colapso de un edificio residencial. También se registraron ataques contra instalaciones en Be’er Sheva y Petah Tikva, así como objetivos militares y tecnológicos vinculados a Israel y sus aliados.
En este contexto, un portavoz del Cuartel General Central Jatam al Anbiya lanzó una dura advertencia: “Si se repiten los ataques contra objetivos civiles, nuestras próximas operaciones serán mucho más devastadoras y extensas”.
La tensión también se trasladó al plano marítimo. El asesor del líder supremo iraní, Ali Akbar Velayati, advirtió que el denominado “frente de resistencia” podría apuntar al estratégico Bab el-Mandeb Strait. “El flujo de energía y comercio global puede verse interrumpido con una sola señal”, afirmó, insinuando un eventual bloqueo de esta vía clave para el comercio internacional.
En paralelo, Irán reiteró que responderá con represalias “mucho más devastadoras” si continúan los ataques contra su infraestructura civil, en un escenario marcado también por las advertencias previas del presidente estadounidense, Donald Trump, quien había amenazado con destruir infraestructura iraní si no se garantizaba la apertura del Estrecho de Ormuz.
En medio de la escalada, desde Moscú, el canciller Sergey Lavrov y su par iraní, Seyed Abbas Araghchi, llamaron a un cese inmediato de los ataques contra infraestructura civil y energética. Durante una conversación telefónica, ambos advirtieron que estos bombardeos representan “amenazas a la vida y la salud” y podrían derivar en un desastre radiactivo de alcance regional, especialmente si afectan instalaciones sensibles como la central nuclear de Bushehr.
Lavrov, además, expresó su expectativa de que los esfuerzos internacionales logren desescalar el conflicto y subrayó que Estados Unidos debería abandonar el lenguaje de los ultimátums y retomar las negociaciones.









