La muerte del líder supremo iraní, Alí Jamenei, tras los ataques atribuidos a Estados Unidos e Israel, desató una ola de protestas y reacciones encontradas dentro y fuera de Irán. Mientras miles de personas lloraban su muerte y condenaban la ofensiva extranjera en Teherán y otras ciudades iraníes, otros grupos celebraban el fin de un liderazgo que se extendió durante casi cuatro décadas.
En Irán, multitudes vestidas de negro participaron en concentraciones en Teherán y otras ciudades, ondeando banderas iraníes y retratos del ayatolá, coreando consignas contra Estados Unidos e Israel.
A pesar de la fuerte presencia policial, algunos grupos en barrios de Teherán y Karaj celebraron su muerte, reflejando la profunda polarización interna: duelo y fervor religioso en amplios sectores, pero también alivio y expectativa de cambio entre opositores al régimen.
La tensión se expandió con rapidez por la región. En Karachi, Pakistán, cientos de manifestantes chiítas intentaron irrumpir en el consulado de Estados Unidos, arrojaron piedras, incendiaron un vehículo y dañaron parte del perímetro, provocando al menos nueve muertos y una veintena de heridos.

El alto funcionario policial Irfan Baloch aseguró que la situación fue controlada y descartó daños mayores al edificio. Las autoridades pakistaníes llamaron a la calma y a protestar de manera pacífica, aunque la jornada dejó escenas de caos.
En Irak, en Bagdad y Basora, se registraron marchas contra los ataques estadounidenses e israelíes, con intervención de fuerzas de seguridad para dispersar a los manifestantes cerca de la Zona Verde, donde se ubica la embajada de EE.UU. El gobierno iraquí decretó tres días de luto.
En India, en Nueva Delhi y Cachemira, comunidades chiítas realizaron marchas de repudio al asesinato del líder iraní.
Simultáneamente, se registraron manifestaciones a favor de la muerte de Jamenei en varias ciudades occidentales.
En Nueva York, Washington y Los Ángeles, grupos de activistas y exiliados iraníes celebraron la noticia con pancartas que llamaban al fin del régimen teocrático en Irán.
En ciudades europeas como Londres, Berlín y París, también se organizaron concentraciones de comunidades de la diáspora iraní, mezclando muestras de alegría y consignas en contra del liderazgo de Teherán.
Estas manifestaciones reflejan la polarización internacional que generó la muerte del ayatolá.
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