En medio de la creciente escalada bélica entre Estados Unidos e Irán, el presidente Donald Trump destacó una operación militar que calificó como “una de las misiones de búsqueda y rescate más audaces de la historia”, luego de que fuerzas especiales lograran recuperar con vida a un piloto cuyo avión había sido derribado en territorio iraní.
El operativo se desencadenó tras el derribo de un caza F-15E Strike Eagle —la primera pérdida de este tipo para Estados Unidos desde el inicio del conflicto— y de un avión de apoyo A-10 Thunderbolt II. Mientras uno de los tripulantes fue rescatado rápidamente, el segundo, un oficial de sistemas de armas, quedó aislado en una zona montañosa hostil, donde logró sobrevivir durante más de 24 horas pese a estar “gravemente herido”.
Durante ese tiempo, el militar evadió a las fuerzas iraníes, que incluso habían ofrecido una recompensa por su captura. Equipado con una pistola, una baliza y comunicaciones seguras, logró coordinar su ubicación mientras se desplazaba entre las montañas.
La operación de rescate, de altísimo riesgo, fue ejecutada por el Equipo 6 de los Navy SEAL, con apoyo clave de la CIA y de inteligencia israelí. Según trascendió, la agencia estadounidense desplegó una campaña de desinformación dentro de Irán, difundiendo versiones falsas sobre una supuesta evacuación terrestre para confundir a las autoridades iraníes.
Al mismo tiempo, aviones de ataque estadounidenses bombardearon convoyes iraníes para mantenerlos alejados de la zona de extracción, mientras comandos operaban a baja altura en la provincia de Kohgiluyeh y Buyer Ahmad. La misión incluyó además maniobras de distracción con drones y una compleja logística aérea.
Sin embargo, el operativo no estuvo exento de pérdidas. Dos aeronaves estadounidenses quedaron inmovilizadas en una base remota y debieron ser destruidas por sus propias fuerzas para evitar que cayeran en manos iraníes, mientras que helicópteros UH-60 Black Hawk fueron atacados, dejando algunos militares con heridas leves.
La fase final del rescate se realizó en un aeropuerto abandonado en la provincia de Isfahán, bajo intenso fuego cruzado entre helicópteros estadounidenses y fuerzas iraníes. Finalmente, tres aviones de transporte C-130 Hercules lograron evacuar al piloto y a los comandos fuera del país, trasladándolo luego a Kuwait para recibir atención médica.
Desde la Casa Blanca, Trump confirmó que el militar se encuentra “sano y salvo”, aunque necesitará cuidados por las heridas sufridas, y reafirmó la doctrina de su gobierno: “Jamás abandonaremos a un soldado estadounidense”.
Por su parte, el mando iraní ofreció una versión distinta de los hechos y aseguró haber derribado cuatro aeronaves estadounidenses, incluyendo helicópteros y aviones de transporte.
A su vez, figuras del régimen ironizaron sobre la situación: el presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, se burló al señalar que la guerra pasó de un objetivo de cambio de régimen a “¿alguien puede encontrar a nuestros pilotos?”.
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