Andruetto: vocación de mirar y de escuchar

Por Leandro Calle

“Extraño oficio” es un libro de crónicas, y así lo refiere la autora desde las primeras páginas del libro: “Extraño oficio se llama una novela de Syria Poletti en la que la protagonista construye historias a partir de relatos de otros, un poco como hago yo aquí, escuchando los dolores humanos como si fuesen fábulas”. Se trata del extraño oficio de ver, escuchar y contar, porque la autora, María Teresa Andruetto, tiene vocación de mirar y de escuchar.

Publicado por Random House, es un conjunto de sabrosas crónicas breves, seleccionadas a partir de la columna que Andruetto mantiene todos los viernes en el programa “Nada del otro mundo”, del periodista Cristian Maldonado, por Radio Universidad. En este sentido, son textos que han sido escritos para ser leídos y escuchados, y hoy vuelven al papel para ser leídos nuevamente y generar una cadena de posibilidades infinitas. Lo primero que puede advertir el lector es la brevedad. Son textos muy breves, de una o dos páginas, pero al igual que en esos escuetos prólogos de Borges, la brevedad es profunda. En dos páginas, María Teresa Andruetto puede dejarte sentado en la nostalgia, puede conmoverte hasta las lágrimas, hacerte sonreír y hasta horrorizarte, como en la crónica “Escaleras”, donde las secuelas de los secuestros de la dictadura militar anidan en lo más profundo del cerebro de un niño.

La crónica, como todo género literario –si es que podemos seguir hablando de géneros en literatura- tiene sus propias leyes, sus vericuetos. Pero hay algo insoslayable. Un cronista tiene que tener algo que decir, y luego, una vez que atrapa una porción de realidad, tiene que saber cómo contarlo. A veces, la “anécdota” puede ser banal, o no, pero el cómo está contada hace la diferencia.

Andruetto se maneja con solvencia en las dos puntas de la soga, tiene mucho que decir y sabe muy bien cómo contarlo. Y en este último aspecto, el de cómo contarlo, es fiel, a su vez, a su estilo y a su tono. En las crónicas de María Teresa hay una intimidad llena de calidez y frescura, una voz delicada y suave, pero al mismo tiempo firme y comprometida. A través de las numerosas crónicas, la autora visibiliza los desplazamientos y sucesos de la sociedad argentina, con un acento preferencial por aquellas historias donde las protagonistas son mujeres, y desposeídos o nadies de la historia.

Las crónicas pueden comenzar a partir de una anécdota personal, una vivencia de la autora en cuanto escritora, docente, o lo que fuera, pero María Teresa no cae en la trampa sutil de hablar de ella misma. Mira y escucha. Y a partir de allí comienza a tejer la urdimbre de una crónica que revela la reflexión y el trabajo serio de un escritor, ese “dejarse tocar por la escucha” para ser, de algún modo, un testigo de la intrincada belleza del mundo.

El lector encontrará en “Extraño oficio”, la sensación de sentarse alrededor del fuego, como las comunidades primitivas, y escuchar algunas historias que tienen que ver con nuestra realidad y con nuestro paisaje. En lo personal, “El señor de los helados”, es una de las crónicas que prefiero, porque allí la autora logra una síntesis entre ternura y austeridad que es admirable.

Si el libro habita parajes cercanos a la mesa de luz, las crónicas pueden recordar aquellos tiempos en que éramos niños, y papá o mamá o la abuela nos contaban historias para conciliar el sueño. En este caso, “Extraño oficio” son crónicas para grandes, hasta pueden llegar a desvelarnos, pero siempre están contadas con firmeza, verdad y ternura.      Testimonio de alguien que mira y escucha. Si María Teresa Andruetto toma de Syria Poletti el título de “Extraño oficio” para nombrar sus crónicas, yo quiero tomar prestado de Martha Mercader un título para cerrar esta reseña: “Mariateresa, mucha mujer”.

 
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