Hairabedian, una biografía desenfadada

Por Leandro Calle

El Emporio Ediciones, acaba de publicar “Buscado. Una vida al límite. Biografía de Carlos Hairabedian”, cuyo autor es el escritor y periodista Juan Cruz Taborda Varela.

Lo primero que me llamó la atención cuando leí la biografía de Carlos Hairabedian, fue constatar esa doble y compleja pertenencia: ser parte de la aldea y ser ciudadano del mundo. Con estilo fresco y ágil, Taborda Varela aborda la vida de uno de los abogados más… ¿más qué? Porque, justamente, la adjetivación, la calificación que podemos hacer de Carlos Hairabedian es variada.

Ensayemos algo: complejo, inteligente, polémico, extrovertido, culto, desenfadado, formado, agudo. El lector de a pie, que normalmente retiene en la retina la imagen televisiva de ambos sujetos, tanto el biógrafo como el protagonista, puede acercarse ahora a esos diferentes calificativos que en el libro se manifiestan a través de las anécdotas personales y fragmentos de fallos y escritos periodísticos.

De origen humilde, y con la calle como primera escuela, Hairabedian aparece como una sólida amalgama de periodismo, derecho y política. En todo fue exitoso. En todo, asimismo, fue polémico y complejo.

Nuestra Córdoba, tan acostumbrada a tener sujetos “controlados”, o sujetos fuera de las murallas, pareciera que nada puede hacer con “el armenio” (como algunos suelen llamarlo). Hairabedian no se deja cercar y, si bien ha logrado en todos estos años pertenecer a la aldea, incluso ser parte de cierto “cordobesismo”, al mismo tiempo, se les escapa y es, en realidad, ciudadano del mundo.

Alguien me dijo lo siguiente con respecto a esta biografía: “Hairabedian se desnuda en este libro”. Pero yo creo que no deja de ser una estrategia, una inteligencia superior a la superficial pasatista de lo pajuerano. Hairabedian cuando se desnuda está desnudando a Córdoba, los hilos políticos que se tejen por debajo de la mesa, los ríos subterráneos que conectan eso tan misterioso que llamamos poder. Es así que surgen nombres, como los del presidente Menem, que sigue generando sentimientos encontrados; también nombres personales –porque todo aparece aquí con nombre y apellido- de delincuentes, hampones, abogados, jueces, y un particular arrepentimiento del abogado defensor que revela una humildad que sus adversarios no suelen encontrar en los encendidos discursos del pasado, o las editoriales agudas y al hueso de los programas televisivos y radiales.

No me pregunte el lector de qué estoy hablando, dejemos un poco de misterio y encuéntrelo usted mismo/a en el libro.

Juan Cruz Taborda Varela, por su parte, que ya tiene en sus hombros la experiencia de la escritura biográfica, dispara preguntas contundentes. De algún modo, en algunos momentos del libro-reportaje pareciera que son dos periodistas que se miden las fuerzas. Ambos se conocen. Los temas van desde los comienzos del barrio armenio, hasta los últimos programas de ADN y Barricada, pasando por la experiencia en las cárceles de la dictadura militar, la militancia del peronismo, el periodismo deportivo y judicial, el juzgado de instrucción y, por supuesto, la trayectoria indiscutible como abogado defensor.

Pragmático a más no poder en lo que respecta a su profesión de abogado, Carlos Hairabedian dispara: “no divido a los buenos y a los malos en función del delito, sino de la prueba”.

Discípulo del “abogado del diablo”, Jacques Vergès, Hairabedian sostiene un credo propio: “mi anarquismo se basa en el sentido de no creer en las instituciones. No creo en las instituciones. No creo en las Fuerzas Armadas, no creo en la Policía, no creo en la Justicia, no creo en las patronales ni en las empresas ni en los empresarios, no creo en las iglesias, no creo en las instituciones civiles como el matrimonio, no creo en el sistema educativo tal como está diseñado. Todo lo que sea materia de un régimen, de una organización, de una estructura, no creo. Me produce rechazo. Pero no tengo edad para el combate, por eso se ve atenuado en términos de confrontación, que a otra edad podría haber llevado a la práctica de un modo más visceral, más profundo, más hostil. Ahora es discursiva, si se presenta la circunstancia para que aparezca”.

Mordaz y contundente biografía, que, más allá de reflejar un itinerario personal, original y creativo, muestra, desnuda y refleja esta Córdoba que vivimos. Leer este libro es de alguna manera tomarle el pulso a esta ciudad y sentir sus diástoles y sístoles, sus contradicciones, sus raíces revolucionarias y conservadoras que conviven bajo el mismo sol, en este mismo suelo.

 
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