Rusia: protestas, pandemia y nuevo orden

Mondo Cane | Por Gonzalo Fiore

Por primera vez en mucho tiempo le desafían en las calles el poder a Vladimir Putin, quien desde 1999 domina la política rusa, ya sea estando él mismo al frente del Kremlin o alternando con su delfín Dimitri Medvedev. El principal dirigente opositor al gobierno de Putin hoy es Aleksei Navalny.

Abogado de profesión, Navalny fue candidato a la alcaldía de Moscú en 2013, pero solo logró un 27% de votos, desde entonces se ha dedicado a encabezar su ONG, “Fundación Anticorrupción”, cuya finalidad principal es socavar la legitimidad del presidente y sus funcionarios. Navalny había sido hospitalizado el 20 de agosto de 2020, entonces su entorno denunció que el político había sido victima de un envenenamiento, apuntando sus cañones hacía el Kremlin. El opositor viajó a Berlín, donde recibió el alta un mes después. Antes, el gobierno alemán confirmó la presencia de un agente nervioso denominado “novichok” en el cuerpo de Navalny, que le hubiera ocasionado la muerte de no haber sido tratado. El 17 de enero pasado, regresó a Rusia tras pasar cinco meses en Alemania.

Al momento de cruzar la frontera, Navalny fue detenido por las autoridades rusas, acusado de incumplir una condena previa por corrupción. Esto desató una oleada de protestas a lo largo y ancho del país, con epicentro en Moscú, para reclamar por la libertad del dirigente. Tres días después también fue encarcelada su esposa en una de las manifestaciones. A pesar de no tener gran visibilidad en los medios de comunicación, Navalny cuenta con una notoria presencia en redes sociales como Facebook, Instagram, YouTube, TikTok y VKontakte (el equivalente ruso a Facebook). Desde esas plataformas, los seguidores opositores convocaban a manifestaciones en más de una veintena de ciudades para pedir por su libertad. El ente rector de las comunicaciones rusas amenazó con duras multas a las redes sociales que se hicieran eco de los llamados a protestas. Por ello, estos contenidos fueron limitados en las últimas horas.

Tras las jornadas del fin de semana, poco más de 300 personas fueron encarceladas por la policía, que aseguró que de ninguna manera se permitirán protestas no autorizadas en el contexto de una pandemia. Las cifras de muertes por el coronavirus no son buenas en Rusia: en los últimos días superó los 70.000 por covid, aunque el lunes pasado registró la cifra más baja de contagios desde noviembre del 2020.

Las principales miras del gobierno están puestas en la campaña de vacunación. Durante las próximas semanas se intensificará para continuar inmunizando a todos los rusos. El país ya lleva vacunada a toda su población de riesgo con la Sputnik V, desarrollada por el Instituto Gamaleya. Además, el Kremlin está desplegando una política exterior basada en la “diplomacia de la vacuna”, que tiene como objetivos centrales los países de América Latina, especialmente Argentina y México. El lunes, el presidente mexicano anunció que llegarían a su país 24 millones de vacunas durante los próximos meses. De la misma manera, se esperan 20 millones de dosis en Argentina para antes del comienzo del invierno.

Navalny había publicado una investigación donde acusaba a Putin de tener una fastuosa mansión secreta a las orillas del Mar Negro. El mandatario ruso lo negó de manera tajante. El principal activo político del opositor son sus denuncias por corrupción; su derrotero ideológico lo llevó de formar parte del partido liberal Yabloko, al que renunció en 2007 cuando se analizaba su expulsión. En diciembre de 2011 había encabezado protestas masivas denunciando fraude en las elecciones que le habían dado la victoria absoluta al partido de Putin. En 2013 fue condenado por la justicia a cinco años de prisión por malversación de fondos. Los Estados Unidos y la Unión Europea denunciaron esto como un hecho con motivaciones políticas. Su detención es un factor más que puede sumar a la tensión en las relaciones bilaterales entre Rusia y los EEUU, especialmente tras la asunción de Joe Biden.

El nuevo mandatario estadounidense le reclamó por la libertad de Navalny a su homólogo, en la primera conversación telefónica que mantuvieron el pasado martes.

El vinculo entre Washington y Moscú, además, puede verse dañado por la eventual decisión de Biden de apoyar el ingreso de Georgia o Ucrania a la Otan. Durante los años de Obama, las sanciones contra Rusia no cesaron y la relación nunca dejó de deteriorarse. El entonces vicepresidente Biden llegó a decirle a Putin en un foro internacional: “lo miro a los ojos y no creo que tenga alma”. Los vínculos mejoraron durante los años de Donald Trump, pero ante la asunción demócrata el panorama es nuevamente incierto.

El presidente estadounidense ve en el actual inquilino del Kremlin una gran amenaza al ya deteriorado orden global liberal, cuyo máximo sostén deben ser los EEUU. Lo cierto es que los próximos años serán un gran desafío para Vladimir Putin, en un panorama complejo e incierto tanto para Rusia como para la región y el mundo.

 
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