Una radiografía catalana

Mondo Cane | Por Gonzalo Fiore

El pasado domingo se celebraron nuevamente elecciones en contexto de pandemia, esta vez en Catalunya. Una vez más, la cuestión del nacionalismo e independentismo de la región fueron una cuestión central en los comicios. El escenario político catalán queda configurado de una manera compleja, donde la formación de un nuevo ejecutivo dependerá más que nunca respecto de cómo se lleven adelante las alianzas. El partido pro independentista, Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) alcanzó 33 escaños, empatando con el Partido de los Socialistas de Catalunya. Apenas un escaño por debajo, con 32, quedó el también independentista Juntos por Catalunya, del ex presidente de la Generalitat catalana, Carles Puidgemont, actualmente exiliado en Bélgica. Podemos ha instado a ERC que forme un gobierno “de izquierdas” con el PSC, en lugar de re editar una coalición independentista con JxC, quienes ya han descartado unirse a los socialistas, ya que sienten que son “como el agua y el aceite”. La participación fue baja, de apenas el 53%.

Ciudadanos tuvo una debacle electoral muy grande, ya que de 36 escaños que había obtenido en los últimos comicios, cayó a apenas 6. La extrema derecha de Vox, por su parte, no hizo una elección tan mala como podría haberse esperado, acercándose al 8% de los votos, 11 escaños, en una región que tradicionalmente no vota a la derecha, menos aún a los “ultras”.

Durante el fin de semana, militantes del partido de extrema derecha participaron en marchas en Madrid, donde también confluyeron de grupos neonazis y neofascistas que revindican la dictadura de Francisco Franco. La manifestación se produjo el sábado, con motivo del 78 aniversario de la batalla de Krasny Bor, que enfrentó a la Unión Soviética contra la Alemania nazi. Allí participó la División Azul, enviada por el gobierno franquista para apoyar a las tropas alemanas. En el homenaje a las tropas franquistas también hubo consignas en favor de una “España unida”, contra el independentismo catalán, y contra el gobierno de Pedro Sánchez, a quien acusan de “comunista”.

El mayor derrotado, sin embargo, es el otrora todopoderoso Partido Popular (PP). Actualmente liderado a nivel nacional por Pablo Casado, el PP cosechó unos magros 3 escaños. Los históricos del partido culparon a su actual líder del naufragio electoral, e incluso algunos han llegado a plantear su dimisión (o, al menos, la de varios de sus dirigentes más cercanos). Casado viene apostando a polarizar con el gobierno del PSOE-Podemos, desgastado por la pandemia, la crisis económica y algunos errores propios. Por ello, intentaron restarle importancia a que hayan perdido en Catalunya con un partido como Vox, que le disputan directamente el electorado. “Nosotros nos medimos sólo con Sánchez, porque somos su alternativa”, declaró el número 2 del PP, Teodoro García Egea, desestimando la derrota con Vox.

El histórico partido de la derecha española se encuentra en la disyuntiva de radicalizar su discurso, o aliarse con la extrema derecha para no perder peso electoral a nivel nacional. Por ahora, Casado y los suyos parecen reticentes a ello.

Quien resultó más beneficiado de las elecciones regionales fue, sin dudas, el actual presidente, Pedro Sánchez. Su candidato, Salvador Illa, fue el hombre más votado el domingo. El objetivo del presidente viene siendo apostar al diálogo entre el PSOE, el PSC y un sector independentista para poder encauzar el conflicto catalán y evitar que los reclamos secesionistas prosperen. En los comicios no parecieron pesar los números de la pandemia ni la crisis sanitaria, sino más bien los asuntos internos catalanes. Sánchez supo explotar muy bien esto, apostando, además, a una pérdida de escaños del PP y Ciudadanos, la cuál terminó siendo mucho mayor a la que pronosticaban las encuestas.

Esto lo deja muy bien parado a nivel nacional, donde podrá enfrentarse fortalecido ante los reclamos de Casado y Vox respecto del manejo de la pandemia, la principal bandera de la oposición en los últimos meses. El país viene atravesando una particular situación: sumado a la pandemia, la polarización política es cada vez mayor y las facciones parecen cada día más polarizadas.

El actual ejecutivo es el que más a la izquierda del espectro político se encuentra desde los tiempos de la Segunda República. A su vez, la irrupción de un partido como Vox, a la derecha de todos los márgenes posibles establecidos por el consenso democrático post Transición, pone en discusión el mismo modelo democrático español. Las marchas anti cuarentena y contrarias a las restricciones sanitarias le sirvieron a la derecha para fortalecer su núcleo duro, al mismo tiempo que debilitaron la autoridad del Gobierno en una materia extremadamente sensible. La complejidad de un gobierno de coalición entre Pedro Sánchez, un socialdemócrata más tradicional, junto a alguien como Pablo Iglesias y Podemos, pone a prueba a la izquierda del país.

Por ahora, el fantasma de Vox y la ultraderecha contribuyen a su unidad de cara a lo inmediato. La crisis económica y un futuro incierto, tanto para los españoles como para los europeos, también deberían ser garantía de continuidad en el largo plazo.

 
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