Israel-Palestina, los disparos de la desesperación

Mondo Cane | Por Gonzalo Fiore

Con la pandemia al parecer ya controlada, Israel se adentra de lleno en la nueva normalidad. Con ella, sin embargo, reaparecen viejos conflictos. Se trata de la peor ola de violencia desde 2017. En los últimos días hubo nuevamente una escalada en una de las zonas más inestables del planeta: la Franja de Gaza. Los enfrentamientos que se produjeron entre las fuerzas de seguridad israelíes, los manifestantes civiles palestinos, y militantes del grupo armado Hamas, dejaron cientos de heridos y decenas de muertos. De acuerdo a las autoridades de salud en Gaza, 28 palestinos, incluyendo al menos 3 niños, resultaron asesinados en los ataques. Según UNICEF, en los últimos días, 37 niños palestinos fueron arrestados o heridos. Para los jefes del Ejército de Israel, cerca de 15 de esos muertos son miembros de Hamas, que además gobierna la Franja de Gaza. Como represalia, el lunes a la noche, militantes palestinos dispararon cohetes desde Gaza hacía Israel, matando a 3 israelíes.

Las protestas comenzaron el viernes, después de que a un grupo de palestinos no lo dejaron ingresar a la mezquita de Al-Aqsa en el día más sagrado para el Islam, la noche de finalización de Ramadán. La mezquita, ubicada en la Ciudad Vieja de Jerusalén, es uno de los lugares sagrados más venerados por los musulmanes, solo detrás de La Meca y Medina. La zona también es el sitio más importante para el judaísmo, conocido por quienes profesan esa religión como el Monte del Templo. Por ello, en ese lugar suceden frecuentemente enfrentamientos entre judíos y musulmanes. No obstante, desde hace varios años que no se registraban sucesos de este calibre en la zona.

Una de las causas del incremento en la violencia, es el intento de un grupo importante de colonos judíos de apropiarse de hogares pertenecientes a familias palestinas en la zona Este de Jerusalén. El área se encuentra ocupada por Israel, por lo que esta práctica suele ser moneda corriente por parte de ciudadanos israelíes, e incluso es apoyada por el Estado.

La Media Luna Roja Palestina es una organización humanitaria, fundada en 1968 por Fathi Arafat, hermano menor del fallecido presidente palestino Yasir Arafat. Forma parte del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. Opera en la zona realizando tareas de carácter humanitario, atendiendo heridos e intentando buscar la desescalada en las tensiones. Según datos del organismo, más de 300 palestinos resultaron heridos en los enfrentamientos del lunes en los alrededores de Al-Aqsa. Allí los palestinos se enfrentaron lanzando piedras a los policías antidisturbios israelíes, que respondieron con disparos de balas de goma y gases lacrimógenos. Para el gobierno israelí, solo un soldado de su Ejército resultó herido en el marco de la represión.

A finales del mes de abril, la organización Human Rights Watch había calificado lo que sucede en la zona directamente como un “apartheid”. Especialmente con la aprobación de las leyes de 2018, que consolidaron el estatus jurídico de Israel como un “Estado-Nación judío”, el gobierno de Benjamín Netanyahu recrudeció su política respecto de los ciudadanos no pertenecientes a esa religión. La ley favorece el avance de las “colonias” israelíes en territorio palestino: el Estado considera el desarrollo de asentamientos judíos como un valor nacional y actuará para estimular y promover su establecimiento y su consolidación". En 2016, el Consejo de Seguridad de la ONU había aprobado una resolución condenando esta política israelí, al mismo tiempo que exigía que se terminara de manera inmediata, algo que, por supuesto, no sucedió. Las colonias son hoy una de las principales fuentes del conflicto, ya que dejan a cientos de miles de palestinos sin hogar.

En un contexto donde la región parece estar comenzando a dejar atrás los peores efectos de la pandemia, gracias a la campaña de vacunación más rápida y eficaz del mundo, también vuelven a aflorar pugnas de muy larga data y de aún más difícil resolución. Es muy complejo pensar en cómo podrían ponerse de acuerdo posturas antagonistas y tan enraizadas en cuestiones profundas como la fe que profesan sus comunidades. Por lo pronto, es imprescindible que cesen los enfrentamientos. Pero para eso también debe terminarse la ocupación ilegitima de una zona donde viven familias, hombres, mujeres, niños, seres humanos con nombre, apellido, rostro, sueños, miedos y aspiraciones.

La violencia es condenable en todas sus formas: no solo cuando surge de ciudadanos particulares o grupos armados, sino también, y especialmente, cuando proviene desde el Estado. Pensar al otro como un igual, como un par más allá de las diferencias ideológicas, religiosas, culturales o de nacionalidad, puede ser un muy buen primer paso. Tan necesario como difícil en un conflicto tan antiguo.

 
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