Un Estado mitad gato y mitad cordero

Política económica | Por José María Las Heras

Criticando al Estado “elefantiásico”, pesado y destructor, me preguntaron si por ello sostenía la idea del Estado mínimo del neoliberalismo. Aduje que sería un Estado “mosquito”, desprotector y ausente, quien solo molesta a pobres. Estos, para combatirlos, no pueden comprar aerosoles y poner telas mosquiteras, como hacen los ricos. Al repreguntárseme ¿qué metáfora de animal pondría de Estado?, titubee, cuando me acordé del “Gaticordero”, el del cuento de Kafka: un animal hibrido, mitad gato y mitad cordero. Como un gato, el Estado debe ser ágil y sagaz; como un cordero, generoso: entregar su lana y su leche a los necesitados. 

Al Consejo Económico y Social instituido por el presidente Alberto Fernández, lo acompaña un Consejo Asesor Internacional, integrado por prestigiosas personalidades. Una de ellas es la italiana Mariana Mazucatto, economista que plantea vincular Estado y mercado con mirada productiva. Veremos en cuánto sus ideas convergen con la metáfora kafkiana. 

Sus libros “El valor de las cosas”, y “Estado emprendedor” (recomendados ambos por el papa Francisco), replantean un modo de Estado. Ya no del Estado de los 30, en los que vivió Keynes, quien proponía su presencia circunstancial en el corto plazo: solo en el ciclo en baja, sostenía. Hoy su responsabilidad es diferente, frente a un mercado que ha cambio radicalmente. Dice Mazucatto: “La cuestión no es solo el tamaño del sector financiero, superando al industrial, sino su comportamiento sobre resto de la economía, gran parte de la cual ha sido financiarizada”. En términos llanos, la globalización financiera supera con creces el movimiento de bienes y servicios reales. 

Todo crédito debería servir para facilitar los movimientos reales y no para condicionarlos. La producción está hoy a la zaga, y no adelante, cual un caballo detrás del carro. Su consecuencia es la concentración de riqueza. En Estados Unidos, los más ricos (1% de la población) pasó de poseer el 9,4% del PBI en 1980, a un escandaloso 22,6% en 2007.

Al distinguir Mazucatto entre “valor” y “precio” de un bien, nos viene como anillo al dedo para referirnos a una controversia reciente como ha sido la fallida compra de vacunas con Pfizer. Según Mazucatto, “Pfizer sostiene que el alto precio de los medicamentos se justifica por lo beneficiosos que son para los pacientes y para la sociedad”. No les interesa sus costos de producción. más una razonable ganancia. Solo maximar las utilidades en un mercado oligopólico, como puede verse en la película “El jardinero fiel”. Pfizer no es un ejemplo aislado, sino práctica generalizada de grupos económicos concentrados.

Para Mazucatto, la “creación de valor” es el modo legítimo que los recursos humanos, físicos e intangibles interactúan con el fin de producir bienes y servicios. En oposición, “extracción de valor” son las actividades concentradas en ganar de manera desproporcionada, intermediando. En síntesis, economía de producción versus economía de especulación.

Sus críticas a empresarios “extractivos” van desde los creadores de tecnología, como Peter Thiel, de PayPal, acusando al gobierno de ser un impedimento en la creación de riqueza; hasta Google, quien sostiene que los datos de los ciudadanos se hallan más seguros en sus manos que en las del gobierno. Con este argumento se suspendieron las cuentas de Trump. Así, los dueños de las redes se atribuyen el poder de censurar información personal, lo cual es hartamente criticable, como sostiene Ángela Merkel. 

Dichas posturas maniqueístas han logrado “alimentar que los emprendedores son buenos, y que el Gobierno es inepto”. Y que, como en los 90, necesitamos “más mercado y menos Estado”. En línea con el pontífice argentino, crítico del modo de enseñanza en las escuelas de Economía, dice Mazacutto que “los estudiantes recibían antes una educación completa sobre principios de valor de distintas escuelas de pensamiento”; hoy, en cambio, el pensamiento económico es reduccionista. 

Como no es bueno dejar que un mosquito cuide vacas, por más sagradas que sean, el Estado no puede actuar solo para impedir abusos. Debe, además, generar una alianza sinérgica con el mercado. Pone como ejemplo el rol de los bancos de propiedad estatal chinos. Allí, “el Estado está actuando como una fuerza innovadora, liderando con una visión clara y valiente, justo la imagen del Estado opuesta a lo que suele venderse”. El Estado “amplía su perspectiva, de concebirse como un Leviatán burocrático, a considerarlo catalizador de la inversión privada. Pasa de policía a ser moldeador y creador de mercados”. 

Respecto del tratamiento del déficit público, no lo liga a la estrategia neoliberal de recortar gastos, ni a la labilidad de algunos keynesianos que sostienen ir por el camino de hacer mayores erogaciones que harán retornan mejores recursos por efecto del aumento de la demanda agregada. Más bien, su postura es que debe mejorarse la productividad del gasto “asegurando que su toma de riesgo sea recompensada con beneficios directos”. Cita como ejemplo el desafio visionario de algunos Estados en inversiones para el desarrollo de Internet y nanotecnologìa, que el sector privado no habia vislumbrado: “La historia demuestra que inversiones riesgosas intensivas en capital y tecnologias son evitadas por los privados”. Así, para Mazucatto se necesita un “Estado emprendedor, que se implique en la toma de riesgos, en lugar de limitarse a corregir los fallos de mercados”. Su rol “gaticordero” queda así legitimado.

 

Ex ministro de Finanzas, profesor consulto de la UNC

 
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