Brasil vota el domingo. Lula, a los 80 años, busca gobernar por cuarta vez. La derecha quiere aposentarlo. Si gana Lula, deberá cumplir su propuesta de más beneficios con menos déficit. Si no puede, se las verá en figuritas. Y tendrá enfrente un Congreso donde el bolsonarismo acaba de ganar más volumen. Si gana Flávio Bolsonaro, la derecha se tomará revancha de lo sucedido cuatro años atrás. Llegará robustecido, con una agenda de cambios más pronunciada que la de Jair, y un mensaje unívoco desde el primer turno: dar por terminada la era del PT.
Nuestro vecino es enorme. Tiene 158,7 millones de electores: más de cuatro veces el padrón argentino. Votan en 560 mil urnas. San Pablo reúne 34,1 millones, casi todo el padrón nuestro. Le siguen Minas Gerais (16,4 millones), Río de Janeiro (12,9) y Bahía (11,3). Paraná y Rio Grande do Sul, quinto y sexto, suman 17,1 millones. Más que toda la Provincia de Buenos Aires (13,4).
En la campaña que termina este domingo, Lula acentuó su rasgo paternal con una agenda de más gasto. Más Bolsa Familia. Auxilio directo a jóvenes y endeudados. Hasta una caneta emagrecedora (inyección para adelgazar) gratis. Plan platita, reloaded. Flávio se aferró a la tesoura (motosierra light). A la baja de tasas. A menos trámites e impuestos. A la mano dura contra el crimen, con Bukele como referente. El 4 de octubre llegó la primera sorpresa: Flávio superó a Lula por dos puntos, 47% a 45%. En los dos estados vecinos nuestros con mayor colegio electoral, Flávio sacó una de las mayores ventajas del primer turno: cerca de 30 puntos. Y desde 1989, en Brasil ningún ganador en la primera vuelta perdió la segunda.
El primer turno dejó nuevos fenómenos. Decenas de nativos digitales convirtieron su popularidad en redes sociales en un aluvión de votos. Nikolas Ferreira, treinta años. Lucas Pavanato, veintiocho. Eduarda Campopiano, veintitrés. Ana Elisa Santos, veintiuno. Nikolas saltó a la fama en YouTube. Pavanato y Campopiano amasaron su notoriedad desde el formato podcast, donde entrenaron su expertise en el debate contra cientos de jóvenes opositores. Él superó los tres millones de sufragios para diputado federal por San Pablo. Ella, casi dos, para la legislatura estadual. Cada uno hizo campaña con la misma lógica con que edificó su reconocimiento: cámara selfie, lenguaje atropellado, algoritmo. Trasladaron a sus seguidores del móvil a la urna electrónica. Ferreira y Pavanato, por sí solos, arrastraron al Congreso a otros quince correligionarios del PL de Bolsonaro.
El PT también apostó por una joven. El comando de Lula sumó a Ana Elisa, tuitera áspera y combativa, recién electa diputada federal por Minas. No corrió con mucha suerte. En 48 horas debió replegar su nombre, tras conocerse feroces posteos contra la iglesia evangélica y a favor del aborto. Mientras esa renovación tropezaba, la vieja guardia corría suerte parecida: Ze Dirceu, Fernando Haddad, Gleisi Hoffman, Marina Silva, todos ex funcionarios y legisladores que engrosaron la lista de desempregados, como los bautizaron sus adversarios.
El segundo turno tuvo su primer debate el domingo pasado. Se disputó en el lodo. Hubo infinidad de acusaciones. Quien lo revea en YouTube creerá que el de Milei y Massa en 2023 fue de alta diplomacia. ¿Resultado? Flávio salió con energía para más rounds. Lula, pidiendo aire. Habrá revancha este viernes, en la Globo: será el definitivo, dos días antes de votar.
Algunas encuestas marcan que el segundo turno replicaría al primero: 51 a 49 para Flávio. Intuyo una diferencia mayor. Lula se notó más oxigenado a principios de esta etapa. Pero en los últimos días juegan a favor de Flávio la magnitud de sus cierres de campaña en una decena de capitales de estado, detalles escabrosos sobre viejas denuncias contra el hijo de Lula y el saldo del debate.
El resultado llegará a eso de las 20. La mitad que vota a Flávio siente que Brasil debe hundir a Lula antes de que él hunda al país. La otra confía en que Lula domará el déficit y consumará su agenda de beneficios sociales sin trancar la marcha de la economía y el consumo. Apuesta, también, en que su ideario de soberanía, acuñado décadas atrás por el nacionalismo estatal brazuca, aún goza de buena salud. ¿Suena a música conocida?
Si este domingo Lula se impone, habrá confirmado una vez más su temple imbatible. Y habrá derrotado al bolsonarismo, esta vez por sí solo. La suerte de su agenda y de lo que sobrevendrá en su último mandato, importa menos por ahora. Si gana Flávio, como creo que sucederá, lo hará —según avisó— con su padre colocándole la faja presidencial el 5 de enero en Brasilia. Con una agenda de reformas pro mercado y una obsesión: jubilar a Lula, después de un cuarto de siglo de protagonismo petista.
José María Cravero es consultor en Comunicación y Opinión Pública.









