La comunicación política del presidente Javier Milei en redes sociales volvió a quedar bajo la lupa tras la difusión de un exhaustivo informe del Data Journalism Visualization Bootcamp (DJV) del Foro de Periodismo Argentino (FOPEA).
El estudio analizó 113.649 posteos publicados entre el 10 de diciembre de 2023 y el 15 de septiembre de 2025 y concluyó que el insulto se consolidó como una herramienta central del discurso presidencial, especialmente dirigida a periodistas, universidades, economistas, artistas y sectores opositores.
Según los datos relevados, el 15,2% de las publicaciones,16.806 mensajes entre tuits propios y reposteos, contienen algún tipo de ofensa. En términos simples, uno de cada siete posteos del jefe de Estado incluyó expresiones despectivas o estigmatizantes durante la primera mitad de su mandato.
El informe detalla que Milei publicó 3.412 tuits propios, de los cuales 591 tuvieron insultos, mientras que en los 110.237 retuits analizados, 16.215 también contenían agravios.
Si bien en agosto de 2025 el Presidente aseguró públicamente que dejaría de insultar, la investigación indica que esa promesa se cumplió solo en parte: durante el segundo semestre de ese año se registró una baja en la frecuencia de ataques, aunque sin una interrupción total. Consultados sobre este punto, ni el vocero presidencial ni el jefe de Gabinete brindaron explicaciones.
Entre los términos más utilizados se destacan “kuka”, “casta”, “delincuente”, “mandril”, “corrupto” y “ensobrado”, este último dirigido mayormente a periodistas. El análisis detectó que más de la mitad de los mensajes ofensivos incluyen adjetivos descalificantes, mientras que una porción significativa incurre en estigmatización, un mecanismo que refuerza prejuicios y fomenta la exclusión social.
Uno de los casos más llamativos es el uso del término “mandril” y sus múltiples derivados, que se transformó en un emblema del discurso digital mileísta. El estudio identificó 904 publicaciones que mencionan esa palabra, con un crecimiento cercano al 200% entre 2024 y 2025. La mayoría fueron reposteos, aunque el propio presidente también la incorporó en mensajes originales y en contenidos gráficos, incluso con imágenes y videos generados por inteligencia artificial.
Los investigadores advierten que este aumento no responde solo a una dinámica espontánea, sino que podría vincularse con estrategias que aprovechan los algoritmos de las plataformas, que suelen amplificar los contenidos políticos más confrontativos. En ese sentido, el informe concluye que el insulto no es un desliz ocasional, sino un recurso sistemático que forma parte del estilo comunicacional del Presidente y del ecosistema digital que lo rodea.
Es decir, lejos de tratarse únicamente de un rasgo de estilo personal, el lenguaje ofensivo aparece integrado a una lógica de confrontación permanente que busca dividir el escenario público entre aliados y enemigos claramente identificables.
El trabajo subraya que esta modalidad discursiva tiene efectos que trascienden la figura presidencial. Al provenir del máximo cargo institucional del país, el uso reiterado de descalificaciones contribuye a legitimar prácticas de hostigamiento en el debate público digital, habilitando que sectores afines reproduzcan y amplifiquen los ataques contra periodistas, académicos, profesionales de la salud, referentes culturales y opositores políticos.
En ese marco, el informe advierte sobre un corrimiento de los límites tradicionales del intercambio democrático.
Asimismo, la investigación señala que, aunque se verificó una reducción relativa en la cantidad de insultos durante los últimos meses de 2025, no se registró un cambio cualitativo en el tipo de mensajes. Persisten patrones de animalización, sexualización y lenguaje repulsivo que refuerzan procesos de estigmatización y deshumanización del adversario. Esta continuidad sugiere que la promesa presidencial de moderar el tono no implicó una revisión profunda del enfoque comunicacional.
Finalmente, el informe remarca el rol de las plataformas digitales y sus algoritmos en la amplificación de este tipo de discursos. La viralización de mensajes cargados de agresividad genera incentivos para su repetición y consolida un círculo de retroalimentación entre el emisor, su base de apoyo y la lógica de visibilidad de las redes.
En ese contexto, los autores concluyen que el fenómeno analizado plantea desafíos significativos para la convivencia democrática, la libertad de expresión y el ejercicio del periodismo, y abre un debate pendiente sobre la responsabilidad institucional en el uso de la palabra pública.
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