Hablar de la “iglesia” y sus roles en la última dictadura casi siempre nos lleva a pensar en la Iglesia Católica Apostólica Romana. Sin embargo, esta institución religiosa no fue la única que tuvo referentes y fieles que se pronunciaron a favor y en contra de los Derechos Humanos, que optaron por el silencio y que incluso tuvieron hermanos y hermanas desaparecidas. Por ejemplo, las iglesias evangélicas del país tuvieron diferentes niveles de participación que no son masivamente conocidos.
En el caso de aquellas comunidades que sí estuvieron involucradas es posible nombrar, aunque no es el único caso, un ejemplo local: la Iglesia Evangélica Metodista, perteneciente a una rama del protestantismo que hace más de 120 años se encuentra en nuestra ciudad. Para poder hacer una breve reconstrucción del trabajo que hizo, Hoy Día Córdoba dialogó con Pablo Oviedo, magíster y licenciado en Teología, docente y presbítero ordenado de esta confesión evangélica.
Antecedentes
HDC: ¿Cómo se involucró la Iglesia Metodista de Córdoba en la defensa de los Derechos Humanos en el contexto previo y durante la dictadura? ¿Por qué consideró importante involucrarse como institución?
Pablo Oviedo: El compromiso comenzó en los años 60, cuando jóvenes del movimiento estudiantil cristiano, influenciados por su paso por la universidad, llevaron inquietudes sociales y políticas a la iglesia. Este despertar fue acompañado por pastores con una visión amplia. Por ejemplo, cerca de 1975, el teólogo José Míguez Bonino dictó una conferencia sobre la responsabilidad de la iglesia frente a la violencia política de la época, como la de la Triple A, dejando una visión que caló en la juventud y el liderazgo de ese entonces.
Entre 1971 y 1973 se formó el Ateneo Cristiano de Estudios Sociales, antecedente del Centro Ecuménico Cristiano de Córdoba (CECC). Allí surgió la «Misión Urbana» y se profundizó el trabajo de la «Casa del Liberado», que funcionaba en el sótano de la Iglesia Metodista de la calle Lima. Este sótano fue un espacio de resistencia y crítica a la política policial, donde se asistía a personas detenidas por su militancia política. En esos encuentros siempre se comenzaba con una reflexión bíblica que los alentaba a asistir a quienes eran detenidos.

El trabajo a través de organizaciones de la sociedad civil
En la ciudad de Córdoba y en plena dictadura, el 24 de octubre de 1977, la Iglesia Evangélica Metodista junto a la Iglesia Anglicana, la Iglesia Evangélica del Río de la Plata, el Ejército de Salvación y la Iglesia Ortodoxa del Patriarcado de Antioquía conformaron el Centro Ecuménico Cristiano de Córdoba (CECC). Además, la Iglesia Católica participó como miembro observador para “dar un testimonio de servicio y de testimonio cristiano conjunto”.
El pastor metodista explica que durante esos años se vivió con mucho temor, pero en la medida que fue posible el trabajo se centró en algunos sectores populares de la ciudad para levantar la voz ante la represión. Además, el CECC tuvo un vínculo estrecho con dos organizaciones a nivel nacional: el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos (MEDH) y la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH).
Cabe mencionar que, al igual que en otros grupos de la sociedad civil, la participación y apoyo en tareas vinculadas a los Derechos Humanos no fue homogénea dentro de las iglesias. En cuanto al caso metodista, Oviedo explica: “El compromiso venía principalmente de pastores y laicos líderes, ya que persistía en muchos la mentalidad de que la iglesia no debía ‘meterse’ en política, una influencia del fundamentalismo estadounidense”.
Regreso de la democracia
A través de un proceso que tímidamente fue comenzado por los jóvenes, y luego tomado por los líderes, finalmente la Iglesia Metodista a nivel nacional tuvo como decisión política que, en Córdoba, la entonces presbitera Nelly Ritchie tuviera como tarea el acompañamiento pastoral del CECC. Fue gracias a este vínculo que la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep) pudo tener su sede local en el Centro Ecuménico durante seis meses de 1984.

Según relata Oviedo, fueron cientos de entrevistas y trabajo voluntario. En ese proceso, también participaron miembros de algunas iglesias para recabar la información de todas aquellas personas que fueron detenidas, desaparecidas y también exiliadas.
Por último, ante la pregunta del porqué del involucramiento en la defensa de los Derechos Humanos, Pablo Oviedo responde que, si bien hay muchos fundamentos teológicos y bíblicos, su accionar se puede justificar en el seguimiento de su Maestro:
“Nosotros seguimos a este Jesús que, guiado por el Espíritu Santo, fue ungido para sanar a los quebrantados, pregonar libertad a los cautivos y a los oprimidos. No solo predicó, sino que también vivió como parte del pueblo de ese momento. Por eso también nosotros creemos que son importantes los derechos humanos, porque en la democracia, con los derechos humanos, se debe comer, se debe curar, se debe educar”.
Evangélicos desaparecidos en Córdoba
Según la compilación hecha por el colectivo Memoria Profética, en la provincia de Córdoba se pueden contabilizar dos personas miembros de diferentes iglesias evangélicas que estuvieron en cautivero en La Perla y actualmente se encuentran desaparecidas.

Uno de ellos fue Gustavo Torres, quien asistía junto a sus padres a la Iglesia Evangélica Metodista de Alta Córdoba. Fue secuestrado y desaparecido cuando tenía 16 años. El otro caso es el de Víctor Pablo Boichenko, pastor protestante en la Iglesia Evangélica de Cosquín, que fue secuestrado cuando tenía 30 años.










