Por Jorge Vasalo (Especial para HDC)
El doctor Carlos Soriano es uno de los médicos más reconocidos de Córdoba y no sólo por su exitosa carrera sino también por su trayectoria como escritor y poeta y su lucha por la «muerte digna» y las causas justas.
Más de cuarenta años como terapista especializado en medicina de emergencias lo han forjado en el límite del universo humano, justo allí donde la vida y la muerte se miran las caras y donde los segundos son horas.
Vale entonces asomarnos a ese lugar tan temido en el que muchas veces los dioses bajan sin ser vistos.
Doctor Soriano… ¿cómo es una sala de Terapia Intensiva o UTI?
Es ese lugar de los sanatorios, clínicas y hospitales que está altamente preparado tecnológica y humanamente, y en el que se internan los pacientes que están con serio riesgo de muerte por lo que es imposible relajarse ya que casi todas las situaciones son críticas y se deben resolver en cuestión de minutos.
¿Existe el miedo en la UTI, hay tiempo para tener miedo?
Claro que sí. Mucha gente recuerda poco de su internación porque pasó buena parte del tiempo en coma. Otros pacientes están lúcidos pero muy delicados por shocks sépticos, por ejemplo, pero pueden mirar y ver que a veces se producen muertes; por lo tanto la angustia de esas situaciones es muy grande. Los médicos y enfermeras tratamos de humanizar la UTI para que los pacientes no sean números sino que haya una foto de ellos con los respectivos nombres en las cabeceras de las camas. Es lo que hacíamos en el Hospital, además de intentar matizar con conductas para ayudar a la sanación. Personalmente, ya desde los años 90 escribía poesías y se las susurraba a los oídos a los pacientes, también con palabras de aliento en un contacto más cercano que contribuye a las sanaciones, como científicamente se ha demostrado en los últimos años.
¿Cómo hacen los terapistas para soportar tanto stress?
Tratamos de distendernos como podemos, pero lo que se conoce como stress laboral o burnout (síndrome de cabeza quemada) es muy alto. Nuestra misión es salvar vidas y la exigencia es permanente. Por eso deberían existir más psicoterapias grupales para todos los profesionales de las UTI. Conozco el caso de una colega que no soportó tanta carga y terminó con su vida. De hecho creo que después de los 50 años un médico ya no debería hacer guardias porque el desgaste físico y emocional es muy difícil de sobrellevar.
Imagino que debe tener un montón de recuerdos y anécdotas… ¿nos cuenta alguna que le haya sido muy impactante?
Recuerdo a una joven de 20 años que estaba en la cama 2 del Hospital de Urgencias, que era como una «cama de la suerte» porque quienes pasaban por ella habitualmente se salvaban. Sin embargo, un día cuando yo me encontraba en la guardia, su vida se apagó y entonces me impactó fuertemente. Cuando salí a darle la mala noticia a la madre, no pude decir ni una sola palabra y sólo pude abrazarla. Así estuvimos llorando durante 20 minutos, y mi guardapolvo quedó lleno de rimel y así abrazados fuimos a ver a su hija. Lo impresionante es que esta mamá nos visitaba cada martes durante todo un año, y nos abrazábamos. Para ella yo era la conexión con su hija fallecida. Siempre digo que quienes trabajamos en la UTI morimos un poco con cada muerte y renacemos con cada paciente que salvamos.
¿Cree que se podrían hacer cosas para mejorar las terapias intensivas?
Totalmente. Yo mismo he presentado un proyecto en la Legislatura de Córdoba para que se hagan cambios que sin dudas serían positivos. Pintar las paredes de las UTI con colores más vivos y poner plantas, hacer posible el ingreso de la luz solar para que se mantenga el ritmo circadiano, permitir que los familiares pasen más tiempo con los pacientes y no sólo verlos una sola vez por día. Ojalá los legisladores alguna vez se ocupen de tratar el Proyecto Lina (que lamentablemente ya perdió el estado parlamentario) y que sin dudas mejoraría el trabajo y los resultados con una mayor humanización de las UTI.