La tasa de mortalidad infantil en la Argentina registró en 2024 una suba de 0,5 puntos, al pasar de 8 a 8,5 muertes por cada 1.000 nacidos vivos, según datos oficiales de la Dirección de Estadísticas e Información de la Salud del Ministerio de Salud de la Nación.
Se trata del primer incremento desde 2002 que interrumpe una tendencia de descenso sostenida durante más de dos décadas. En números absolutos, durante 2024 se registraron 3.513 fallecimientos de bebés menores de 12 meses.
Las provincias con tasas más elevadas
De acuerdo con el informe, las jurisdicciones con mayores indicadores fueron:
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Corrientes — 14 muertes cada 1.000 nacidos vivos
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Chaco — 11,8
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La Rioja — 11,7
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Formosa y Santiago del Estero — 10,7
En el otro extremo, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires presentó la tasa más baja, con 4,9. La provincia de Buenos Aires registró 1.236 fallecimientos, seguida por Santa Fe (275) y Córdoba (231).
Qué mide la mortalidad infantil
La tasa de mortalidad infantil expresa la cantidad de niños que mueren antes de cumplir el primer año de vida por cada 1.000 nacimientos en un período y territorio determinados. Es uno de los indicadores más utilizados a nivel internacional para evaluar condiciones sociales, sanitarias y económicas.
Opiniones de especialistas y funcionarios
El médico y diputado nacional Pablo Yedlin señaló que “la mortalidad infantil es un indicador duro de la situación social, económica, educativa, cultural y sanitaria de un país” y advirtió que el incremento “corta una tendencia de muchos años de descenso”.
Por su parte, el ministro de Salud de la provincia de Buenos Aires, Nicolás Kreplak, sostuvo que se trata de “uno de los indicadores principales del desarrollo de las sociedades” y remarcó que la Argentina, que históricamente se ubicaba entre las mejores tasas de América Latina, hoy es superada por países como Chile y Costa Rica.
El componente neonatal
Gran parte del incremento corresponde a la mortalidad neonatal, es decir, fallecimientos ocurridos en los primeros 28 días de vida. Este indicador pasó de 5,5 a 6 puntos entre 2023 y 2024, y se vincula directamente con el acceso a controles durante el embarazo, la calidad de la atención del parto y el cuidado del recién nacido.
Tendencia interrumpida
Desde el año 2000, cuando la tasa era de 16,6, el indicador mostraba un descenso sostenido, con excepciones puntuales entre 2001-2002, 2006-2007, 2021-2022 y ahora 2023-2024.
El nuevo registro marca una reversión de la tendencia histórica y vuelve a colocar a la mortalidad infantil como un indicador clave para analizar el impacto de las políticas públicas sanitarias y las condiciones de vida de la población.









