Los Puentes Colgantes de Copina, un boleto hacia el pasado

Son cinco construcciones que permiten sortear pequeños cursos de agua, uniendo los valles de Punilla y Traslasierra

Somos muchos los que, a pesar de toda la tecnología con la que contamos, nos seguimos sorprendiendo por las rutas construidas en las Altas Sierras y la posibilidad de transitar esos caminos tan difíciles. Ahora, ¿se imaginan lo que debe haber sido recorrerlos un siglo atrás?

Los puentes de Copina, que surgen entre rocas, gruesos tensores y robustos durmientes, nos trasladan por unos instantes a una vida antigua donde los pueblos que se ubicaban detrás de Traslasierra estaban aislados del resto de la provincia y su integración era sumamente dificultosa ante la falta de un camino seguro para sortear las Sierras Grandes e ir hasta el Valle de Punilla.

Por este motivo, y luego de años de insistencia de los pobladores, principalmente del cura José Gabriel del Rosario Brochero, quien solicitó con vehemencia a fines del siglo XIX la construcción de caminos que den mejores condiciones de vida de los habitantes de esa olvidada región del oeste cordobés sin verse obligados a tener que emigrar a otras regiones, los políticos cordobeses decidieron en 1916 abrir un sendero que una ambos valles. 

Tras la dura batalla de los obreros, piedra por piedra, la obra fue finalizada en 1918. La construcción del camino en esa época fue toda una proeza ya que los hombres debieron vencer la montaña con herramientas de mano y explosivos. Sin embargo, el esfuerzo dio sus frutos y rompió el aislamiento de los pueblos del oeste cordobés gracias a la magnífica destreza de la ingeniería civil.

De esa construcción quedan cómo un símbolo inconfundible los famosos Puentes de Copina. Se trata de cinco puentes colgantes que abarcan aproximadamente 30 kilómetros y que fueron hechos para sortear pequeñas vertientes de agua.

El primero, viniendo de Copina, quizás sea el más famoso y el que más deslumbre. Actualmente, este es el único que no se atraviesa ya que está cerrado. El segundo, en tanto, cuenta con algo especial: a sus pies, cae una cascada importante que forma una olla que da ganas de zambullirse. Sin dudas, se trata de una opción fantástica para el verano. El resto de los puentes se van desplegando a lo largo de un camino que tiene un entorno natural único, con varias curvas y ascensos que dejan sin palabras a mas de uno.

El trayecto se puede hacer en auto, bicicleta o caminado. Yo estoy segura que de cualquiera de las formas elegidas lo van a disfrutar muchísimo. Una vez que llegas al quinto puente, mi consejo es continúes camino hacia El Cóndor. El paisaje que rodea este trayecto es simplemente fantástico: las Altas Cumbres se muestran en su máximo esplendor, alcanzando los 2.000 metros sobre el nivel del mar. 

 
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