La cuarta temporada de El encargado se estrenará el 1° de mayo en Disney+, consolidando a la serie como uno de los fenómenos más filosos de la ficción argentina reciente. Con todos sus episodios disponibles desde el lanzamiento, la historia retoma a Eliseo en su punto más alto —y más vulnerable—: convertido en una figura de influencia nacional, pero rodeado de enemigos.
En esta nueva etapa, el personaje interpretado por Guillermo Francella se enfrenta a una amenaza directa encabezada por su histórico rival, Matías Zambrano (interpretado por Gabriel Goity). La trama se articula como un duelo sin límites, donde la ambición y la supervivencia se cruzan peligrosamente: Eliseo “juega a todo o nada, poniendo en juego su propia vida”, dejando abierta la pregunta que articula la temporada:
¿Es este el final del encargado?

En esta nueva temporada, la serie mantiene su estructura coral con el regreso de figuras como Manuel Vicente, Gastón Cocchiarale, Benjamín Vicuña, Daniel Aráoz y Miriam Odorico, entre otros.
A ellos se suman nombres de fuerte presencia en la escena nacional, como Arturo Puig en el rol del presidente, además de participaciones especiales que amplían el universo político y social de la serie: Luis Brandoni, Claudia Fontán y Norman Briski, entre otros.
¿El peso incómodo del poder?
Desde su primera temporada, El encargado construyó una narrativa incómoda y mordaz sobre las relaciones de poder, la vigilancia cotidiana y la hipocresía social. Lo que comenzó como la historia de un encargado de edificio meticuloso y manipulador, se transformó progresivamente en una radiografía del poder en clave de sátira. Este crecimiento no es casual: la dupla creativa de Mariano Cohn y Gastón Duprat ha desarrollado una obra consistente que dialoga con el cinismo contemporáneo, visible también en películas como El ciudadano ilustre o Competencia oficial.
Con Eliseo ya no limitado a los pasillos de un edificio sino moviéndose en las esferas más altas del poder, la historia se expande hacia un territorio más político y peligroso. La pregunta ya no es solo qué es capaz de hacer, sino hasta dónde puede llegar… y quién está dispuesto a frenarlo.









