A medida que transcurren los días se suman los funcionarios del cordobesismo que muestran la impaciencia de los que no logran el control sobre la agenda y corren desde atrás a las revelaciones en torno al caso Agostina y los vínculos políticos del principal acusado: Claudio Barrelier. El nerviosismo fue tal que operadores cercanos a los referentes de los principales medios de la ciudad trasladaron una sugerencia: “No pedimos que no sigan el caso pero al menos no se pongan al frente, síganlo, pero desde atrás”, lo que traducido significa que no revelen datos nuevos y no se pongan por delante de la política a pedir renuncias y jurys.
La “oportuna” muerte de un ídolo popular como el Indio Solari sacó a Córdoba del foco de interés noticioso por unos días, pero la lección fue reveladora para muchos asesores de comunicación del Panal: la conversación social tiene su propia lógica que no se tuerce con conferencias, declaraciones de ocasión o pautas en YouTube. La charla digital de los últimos diez días estuvo dominada por Agostina y su espantoso femicidio y no ayuda que el Ministro de Seguridad diga que no es un caso de inseguridad pública porque ocurrió en el ámbito privado. Por eso y otras fallas graves de gestión de la crisis es que más del 70 por ciento de las interacciones en redes sociales estuvieron dominadas por sentimientos negativos sobre el rol de las instituciones.
Desde el oficialismo intentan prolongar el desgaste con una presentación pidiendo el jury de enjuiciamiento para los fiscales Raúl Garzón e Iván Rodriguez. Al primero el oficialismo lo defiende señalando que no es causal para destituirlo su pésimo manejo de la comunicación en momentos de crisis pero con Rodríguez la defensa deberá esforzarse. Si se prueba que “durmió” la causa contra Barrelier por privación ilegítima de la libertad no solo está en juego su ascenso como Procurador Penitenciario Adjunto con sueldo de vocal del TSJ sino toda su carrera judicial.
Por el frente municipal la sensación que dejó el intendente Passerini al explayarse en un programa matinal de TV al decir “soy el máximo responsable” es que se tiró sobre la granada esperando que, al absorber las esquirlas del caso Barrelier, reciba una compensación desde el Centro Cívico. La impresión que se observa desde afuera es que en el Palacio 6 de Julio ya no hay capital político para jugar ni recursos en la caja para afrontar el aguinaldo. A este dato lo confirma la prórroga de dos meses que fijó el municipio para cancelar la letra de tesorería que venció en mayo y que renovó hasta que pasen los cimbronazos. ¿Qué puede cambiar en materia económica en dos meses? A veces, en política, ganar tiempo sirve para oxigenarse y seguir aunque lo breve del lapso sirve de muestra de la gravedad del momento.
Un legislador con experiencia de gestión razonaba en off sobre el caso Agostina y recordó que la causa del Neonatal, el crimen de Blas Correas o el caso de Oscar González se fueron superando con el paso del tiempo y que no todos los hechos funcionan igual frente a la exposición: “Este tuvo impacto nacional en los canales de noticias que alimentan la conversación de muchos cordobeses que son inmunes a los medios de la capital”. Esa huella, reconocen, aún no se midió pero preocupa.
¿Capitaliza el descontento?
La oposición en Córdoba sufre el mismo mal que a nivel nacional y no logra modular una voz creíble que canalice el descontento social frente a una realidad que se ve dominada por casos de alto impacto o por el goteo incesante de una realidad económica que golpea a las familias y sus bolsillos. Juez no puede levantar la voz porque está preparada la lista de 4.500 empleados que sumó a la Municipalidad durante su gestión, muchos de los cuales habían sido clientes de sus estudio jurídico especializado en derecho penal. Tampoco puede la UCR que gobernó 8 años en la ciudad y no pudo consolidar un mecanismo de control de acceso al empleo público aunque lo intentó.
“Si esto nos pasaba en un año electoral creo que no nos salvamos de una derrota pero, por ahora tenemos margen de maniobra”, comentó un legislador que mira las jugadas desde los bordes del oficialismo aunque cree que puede hacerse más desde lo institucional. “Schiaretti absorbió el impacto de casos mucho más graves pero estaba redondeando una gestión brillante desde la obra pública y Llaryora gobierna desde la escasez”, concluye. Tal vez, esperar a que se acallen los ecos de un caso tan conmocionante no sea lo mejor en un momento donde la sociedad reclama castigo a los culpables pero también que caiga sobre los facilitadores que permitieron que Barrelier tuviera un empleo público, zafara de una prisión preventiva o gozara de una defensa penal cara y de alto perfil también reciban su castigo. En política, reaccionar a tiempo, a veces es mejor que sentarse a esperar.
El desgaste silencioso de Milei y la espera calculada de Llaryora









