Una ex trabajadora sexual de Wachitas, el bar clausurado y vinculado al femicidio de Agostina Vega (14), brindó su testimonio en El Show del Lagarto. Bajo el nombre ficticio de Carla, contó cómo operaba Soledad Andreani, la tercera detenida por el crimen y encargada del local ubicado en el centro de Córdoba. Trabajó allí entre 2020 y 2024, parte de ese período siendo menor de edad.
Carla explicó que en Wachitas se cobraba por mantener relaciones con mujeres. Llegó al lugar a través de un conocido cuando era menor de edad y aceptó la propuesta de Andreani: “Yo llegue a trabajar sabiendo que era un trabajo sexual, llegue por un conocido que fue novio en ese tiempo… pegué onda con Soledad, me ofreció a trabajar ahí a lo que ella llamaba ‘salidas’”. El esquema de pago era de 50 y 50: de un servicio de 5 mil pesos, la mitad quedaba para la trabajadora y la otra mitad para Soledad.
Según su relato, Andreani comenzó a exigirle situaciones que ella no aceptaba. «Se hacía la dueña», afirmó. Carla también describió el perfil de los clientes habituales: personas con poder económico y vínculos personales con la dueña del local.
Menores de edad entre las trabajadoras
Carla sostuvo que las jóvenes que trabajaban en el lugar eran todas menores de edad. Según su testimonio, Andreani se aprovechaba de la necesidad económica de las chicas para que aceptaran los encuentros. El grupo era reducido —cuatro o cinco personas— y la selección dependía exclusivamente de un criterio estético impuesto por la encargada.
Carla detalló además un mecanismo de control: “Tenía cuadernos donde anotaba las salidas de cada chica, los tipos que ella traía, ella te decía cuales eran a qué hora iban, lo que tenías que hacer y lo que no”. Si bien aseguró que el esquema funcionaba con consentimiento, remarcó que hubo abusos, en particular contra las menores.
Denuncias por drogas
La ex trabajadora calificó a Andreani como una persona manipuladora, que se presentaba como representante de bandas musicales mientras mantenía otras actividades en un domicilio. Según Carla, el dinero recaudado nunca se destinó a productos de higiene, como decía Soledad, sino que se vendía cocaína en el lugar. También relató un episodio en el que, según su versión, fue drogada sin su conocimiento a través de una bebida.
Otros nombres en la causa
Carla afirmó no reconocer a las personas mencionadas públicamente como dueños del local. Sí hizo referencia a una mujer conocida como «Gringa Ludmila», a quien describió como cercana a Soledad y que, según su testimonio, no fue indagada en la causa.









