Mientras la peatonal mantiene su ritmo habitual de tránsito y apuro, la Confitería Oriental propone cada viernes una pausa marcada por el compás del dos por cuatro. En el histórico edificio de 9 de Julio 37, en una de las esquinas más características de la galería que alberga a la tradicional confitería, donde desde hace años el tango encuentra refugio frente a un inconfundible telón rojo, una nueva propuesta suma clases, baile y encuentro para aficionados y curiosos de la música ciudadana.
La programación se inicia a las 17 con una clase de tango a cargo de Adriana Laplaca, abierta a principiantes y bailarines experimentados, con modalidad arancelada. Luego, desde las 18, el espacio da paso a la milonga coordinada por Ramiro Pereyra, de acceso libre y gratuito.
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Más que una actividad recreativa, la iniciativa recupera la tradición de los antiguos espacios tangueros, donde el baile era también una forma de reunión y sociabilidad. Entre el movimiento de la ciudad y la memoria que guardan sus paredes, la Oriental vuelve a poblarse de abrazos, giros y conversaciones al ritmo de la música ciudadana.
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