La contemplación del mar, una caminata por la costa o la práctica de deportes acuáticos ya no son vistas únicamente como actividades recreativas. En los últimos años, el contacto con los llamados «espacios azules», océanos, ríos y lagos, comenzó a consolidarse como un recurso terapéutico para acompañar a personas que atraviesan traumas, ansiedad, depresión o procesos de recuperación de adicciones.
La tendencia, que cobra cada vez más fuerza en países como el Reino Unido y Estados Unidos, está respaldada por investigaciones científicas que relacionan la exposición a entornos acuáticos con una disminución del estrés, una mejora del estado de ánimo y un mayor bienestar psicológico.
Uno de los casos que refleja el impacto de esta modalidad es el de Dave Phillips, exmilitar británico que padeció trastorno de estrés postraumático (TEPT) tras la muerte de varios familiares y las secuelas de su paso por el Ejército. Después de atravesar una profunda crisis emocional y buscar ayuda profesional, encontró en el mar un complemento para su recuperación.
Actualmente integra la organización británica Turn to Starboard, dedicada a acompañar a veteranos mediante actividades de navegación. «Siento que soy diferente, en el buen sentido, porque he vuelto a ser yo mismo», expresó Phillips al diario The Guardian.
La directora de la entidad, Sally Terry, resumió el impacto de estas experiencias con una frase que se convirtió en un emblema del programa: «El mar te recuerda que estás vivo. He visto cómo despierta algo en la gente».
De una antigua práctica a una herramienta con respaldo científico
Aunque la llamada «cura marina» no es un concepto nuevo, ya durante la época victoriana se recomendaban estancias junto al mar para aliviar diversas dolencias, el interés actual está impulsado por nuevas investigaciones sobre el funcionamiento del cerebro y la salud mental.
Uno de los trabajos que más contribuyó a difundir esta idea fue el libro Blue Mind, publicado en 2014 por el biólogo Wallace J. Nichols, donde explica cómo la cercanía al agua favorece estados de calma, concentración y bienestar emocional.
Desde entonces, el concepto de «mente azul» comenzó a incorporarse en programas de salud y bienestar en distintos países.
Surf, navegación y buceo como parte de la recuperación
La terapia basada en espacios azules adopta distintas modalidades. Algunas organizaciones utilizan la navegación a vela, mientras que otras recurren al surf, el buceo o la apnea como herramientas para fortalecer la recuperación emocional.
Una de ellas es Waves of Recovery, una organización sin fines de lucro con sede en California que organiza retiros de surf destinados a personas con problemas de salud mental y adicciones.
Su cofundadora, Sophie Pyne, quien atravesó experiencias personales de agotamiento y dependencia antes de crear el proyecto, asegura que el océano fue clave en su recuperación.
«Estar sobre la tabla me devolvió la sensación de estar viva, de ser libre», afirmó.
Según explicó, el contacto con el mar también ayuda a reducir el estigma asociado a los trastornos mentales y facilita la conexión con otras personas que atraviesan procesos similares.
En muchos casos, estas actividades se desarrollan en coordinación con profesionales de la salud mental y centros especializados, por lo que funcionan como un complemento de los tratamientos convencionales y no como un reemplazo de la atención médica o psicológica.
Qué dice la evidencia científica
El crecimiento de estas iniciativas está acompañado por un número cada vez mayor de investigaciones.
Una revisión publicada en la revista Environmental Research, que analizó 139 estudios sobre los efectos de costas, ríos y lagos en la salud mental, encontró una asociación consistente entre la exposición a estos entornos y una mejora del estado de ánimo, además de una reducción de los niveles de estrés.
Los investigadores señalaron, sin embargo, que todavía es necesario realizar más estudios para determinar qué tipos de espacios acuáticos ofrecen mayores beneficios y en qué condiciones resultan más efectivos.
Otros trabajos también concluyen que la presencia de espacios azules, incluso en áreas urbanas, puede contribuir a disminuir el malestar psicológico y mejorar la calidad de vida, especialmente entre poblaciones vulnerables.
Aunque los especialistas aclaran que estas prácticas no sustituyen los tratamientos clínicos tradicionales, coinciden en que el contacto con la naturaleza y el agua puede convertirse en una herramienta complementaria de gran valor para promover la recuperación emocional y fortalecer el bienestar psicológico.
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