“Con el severo impacto que las políticas nacionales tienen en el bolsillo de las familias, hoy Milei debería perder, pero no tiene contra quien”, resume un consultor porteño describiendo el enorme baldío opositor que no intranquiliza al presidente. Algo similar le pasa a Martín Llaryora que continúa leyendo encuestas preocupantes, pero confía en la balcanización de la oferta rival.
Pero algunas fotos que llegaron desde Viamonteencendieron luces rojas entre los cordobesistas. Es porque el intendente Facundo Manzoni reunió en una inauguración a libertarios, macristas y radicales en una inédita postal de confluencia que algunos atribuyen a ciertas casualidades mientras que otros, más escépticos, prefieren creer que tales cosas no existen en la política. Es que Matías Gvozdenovich es de aquella zona, pero no Soher El Sukaria y Gabriel Bornoroni quienes prepararon su participación en señal de cercanía.
El presidente del bloque de LLA en Diputados sigue sosteniendo en privado que no puede haber diálogo con la UCR hasta que no tengan resuelta su interna. “¿Quién firmaría y garantizaría un eventual acuerdo?”, aseguran. Gvozdenovich, que aspira a conducir el radicalismo, es el candidato de la escudería De Loredo, pero resta mucha rosca a un partido acostumbrado a negociaciones de cúpula antes que a internas. De Soher se apuraron a aclarar que tiene una relación fluida con Manzoni desde que era una de las jóvenes promesas del PRO.
En busca de acuerdos
La Unión Cívica Radical sigue buscando coincidencias que eviten la temida y costosa interna, pero se niegan a resignar lugares. Muy por el contrario florecen aspiraciones a dirigentes en cada cargo a disputar. Un ejemplo es la Capital donde el mestrismo propone a Diego Mestre, Bee Sellares sugiere a Lucas Balián y Miguel Nicolás se postula por su propio espacio. Saben que no hay lugar para todos, pero al exhibir sus pretensiones se aseguran ser, al menos, compensados.
“Habrá lugar para todos si muestran coherencia y compromiso”, dice un dirigente capitalino aunque se atreve a descartar al sector de Dante Rossi. “Siempre termina siendo funcional al peronismo”, agrega. La misma fuente recalca que Rodrigo de Loredo debe lograr un acuerdo muy amplio con las bases. “No hay que olvidar que por edad, proyección a futuro y nivel de conocimiento es el candidato más potable del espacio, pero aún no ganó ninguna elección a cargos ejecutivos”, sentencia y remarca que no hay cisnes negros en el radicalismo.
Efecto González
La semana comenzó con el juicio al ex-hombre fuerte de Traslasierra, Oscar González, y desde el Centro Cívico calibran por enésima vez el impacto de un proceso que comenzó hace 46 meses y que tuvo en el medio la promesa de justicia que hizo el entonces candidato Llaryora a los familiares de Alexa, una de las víctimas del siniestro vial que protagonizó el presidente provisorio de la Legislatura.
Aunque el gobernador no lo considera parte de su proyecto no podrá evitar que el efecto negativo de una sentencia leve o absolución recaiga sobre la imagen del peronismo. Es que González figura en el inventario de casi tres décadas en la cima y desde hace 4 años cosecha el repudio en magnitudes proporcionales al poder que supo amasar y ostentar.
Para graficar su influencia basta con ver la composición del tribunal que lo juzga: Santiago Camogli es el único vocal que quedó luego de que uno se apartara por estar casado con una cuñada del acusado y otro por enemistad con Ortiz Pellegrini, su defensor. También el fiscal de juicio se apartó por amistad con el ex ministro de salud. Aunque su peso quedó menguado desde el 1° de noviembre del 2022 que renunció a la Legislatura, su influencia en la región tardará años en diluirse y las familias de las víctimas lo saben.
Desde que entronizó a Manuel Calvo como jefe de gabinete, Llaryora solo piensa en términos de costos y beneficios para su campaña reeleccionista y esta causa figura en la primera columna. Como también lo será el juicio contra otro ex-ministro de Juan Schiaretti, Alfonso Mosquera, que deberá responder por una acusación de abuso sexual con acceso carnal. El ex responsable de la cartera de seguridad se sentará ante un tribunal en noviembre próximo.
En su deseo refundacional del peronismo gobernante, Llaryora supone que las esquirlas de estos casos no dañarán la imagen de su gestión, como no lo hicieron en la de su antecesor los casos Blas Correas o la de los bebés del Neonatal. Sin embargo en aquellos tiempos el cordobesismo gozaba de niveles de aprobación que hoy no detenta y un nivel de desgaste que no es el actual.
Desde el Panal apuestan a volver a los 60 puntos de aprobación del gobernador y de la administración. “Ninguno con ese porcentaje perdió una elección —aseguran— y no estamos lejos de alcanzarlo”. Para eso acelerará en sus salidas al interior para apuntalar intendentes leales y alinearlos con una premisa: que todos programen sus elecciones con la provincial. Todo un desafío incluso para los convencidos.









