Después de que se conociera el dato de agosto, que marcó una contracción del 5,9% interanual en las ventas de los comercios pyme relevados por la Federación Comercial de Córdoba (Fedecom), el escenario demanda ir más allá de los números. En diálogo con este medio, el presidente de la entidad, Fausto Brandolín, profundizó sobre las causas estructurales y coyunturales de un fenómeno que acumula ya cinco agostos a la baja.
Por qué Córdoba no repunta: cinco agostos seguidos de consumo en baja
Consumo online: relato vs. datos reales
Al ser consultado sobre las hipótesis que sugieren que el consumo no cae, sino que muta hacia canales digitales —un argumento esgrimido por el presidente Javier Milei, quien sostiene que las mediciones tradicionales fallan al no registrar las compras por internet—, el titular de Fedecom aclaró que el índice de la entidad incluye tanto las ventas físicas como las digitales. Explicó que la forma «más responsable» de construir esta estadística es cruzar los datos propios con la recaudación del Impuesto al Valor Agregado (IVA). Esta metodología permite verificar el volumen real de operaciones, independientemente de si el consumo se concretó de manera presencial a través de un mostrador o mediante una plataforma de e-commerce.
El nuevo consumidor y el ocaso del centro comercial
Al analizar el comportamiento social frente a la desaceleración de la inflación, Brandolín describió un escenario sin sobresaltos, pero también sin impulso. «Hoy la gente no camina buscando precios», señaló, marcando el fin de una conducta típica de los períodos de remarcación constante. En su lugar, emerge un consumidor «muy informado» y cauteloso. Hoy ni el cliente sale con apuro a comprar para ganarle a los precios, ni los comercios sienten la necesidad de estoquearse, un reflejo propio de otros ciclos de alta tensión cambiaria e inflacionaria.
Esta quietud tiene su correlato geográfico en el área central de la capital cordobesa. El centro comercial, otrora principal punto de encuentro y consumo, hoy exhibe las grietas de la crisis con locales cerrados y galerías vacías. El fenómeno está acompañado por un abandono del espacio público, «que perdió el atractivo que tenía, tal como sintetizó crudamente un transeúnte en una reciente consulta televisiva.
Ganadores y perdedores por las importaciones
En el desglose de los 11 rubros relevados por Fedecom en agosto, apenas dos lograron terreno positivo en la comparación interanual: farmacia (+2,7%) y neumáticos y repuestos (+5,4%). Mientras el primero responde a una cuestión puramente estacional, el segundo explica su repunte por una mayor disponibilidad de productos gracias a la apertura de importaciones; bienes que, hasta hace poco, «no se podían encontrar» en el mercado local.
Sin embargo, el impacto de las importaciones deja a la vista una paradoja llamativa al cruzar el informe de Fedecom con el del Centro de Economía Política Argentina (CEPA). Mientras que en el universo de supermercados y grandes cadenas (relevado por CEPA), la indumentaria y el calzado experimentaron un salto interanual del 59,6% —impulsado por la oferta importada—; en el ecosistema pyme (Fedecom), la realidad es diametralmente opuesta: la indumentaria cayó un 6,0% y el calzado y la marroquinería retrocedieron un 6,6%. Una clara radiografía de cómo las grandes superficies capitalizan la apertura comercial en detrimento del pequeño comerciante.
Financiar lo básico: el matiz sobre «Córdoba Impulsa»
Para intentar amortiguar la caída, el Gobierno provincial, Bancor, la Cámara de Comercio de Córdoba y Fedecom impulsan el programa de créditos y cuotas sin interés «Córdoba Impulsa». Sobre esto, Brandolín mantuvo la cautela y aportó una mirada cruda sobre la realidad social: «No nos pone contentos que la gente salga a comprar comida en cuotas», admitió. No obstante, remarcó que en la coyuntura actual es prioritario ofrecer financiamiento accesible para que las familias puedan acomodar sus gastos básicos y llegar a fin de mes.
El balance de fondo no es alentador. «El mercado se ha achicado», sentenció el dirigente, y desde la Federación no avizoran una expansión en el corto plazo. Con las empresas del sector obligadas a repensar su funcionamiento en medio de este «proceso de cambio», la única variable de esperanza que el comercio sigue de cerca es si la recomposición salarial prometida por el Gobierno logrará, finalmente, derramar cambios positivos en el mostrador.
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