La Municipalidad de Córdoba lleva a cabo este martes 8 de septiembre una simulación de inundación en Villa Páez para probar la capacidad de respuesta ante emergencias hídricas. La actividad se desarrolla entre las 14 y las 17 horas con la participación de unas 300 personas de organismos públicos y universidades. El ejercicio cobra trascendencia frente al pronóstico del fenómeno El Niño, que prevé lluvias superiores a los promedios históricos en la región.
Las cuadrillas despliegan tareas de atención a pacientes, evacuación de vecinos y maniobras de brigadas en el territorio. Además, las autoridades montaron un Centro de Mando Unificado para coordinar las acciones en tiempo real.
Por su parte, el trabajo conjunto busca afinar la articulación entre las fuerzas de seguridad y la comunidad. De la jornada participan la Facultad de Ciencias Médicas, la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales y la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Córdoba. Asimismo, la logística integra a personal de Defensa Civil, el servicio 107, Bomberos, el Ejército, la Guardia Urbana, la Policía de Tránsito y la Cruz Roja.
En tanto, las acciones forman parte del Proyecto Prevenir, una iniciativa de cooperación científico-tecnológica firmada entre Argentina y Japón. Este programa apunta a desarrollar herramientas técnicas avanzadas para optimizar el diagnóstico de eventos meteorológicos extremos.
Finalmente, las instituciones involucradas buscan dejar asentado un protocolo de acción preventiva. Las estimaciones por la llegada de precipitaciones extraordinarias obligan a ajustar los mecanismos del municipio para minimizar los riesgos en las zonas vulnerables de la capital.

¿“Simulación” o “Simulacro”?
Susana Vanoni, directora del proyecto de Compromiso Social Estudiantil junto con Silvina Bálzola, explicó que el trabajo territorial comenzó en 2022 desde la cátedra de Semiología de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Córdoba. Desde entonces, el equipo, integrado por docentes e investigadores, trabaja sobre los efectos del cambio climático en la salud y releva las condiciones del territorio en Pueblo Alberdi. En 2025, llevó adelante una simulación de ola de calor y este año trasladó la propuesta al escenario de las inundaciones urbanas.
Vanoni hizo especial hincapié en una diferencia conceptual que atraviesa toda la jornada: no se trata de un simulacro, sino de una simulación. La distinción radica en que los vecinos conocen previamente la actividad y pueden involucrarse en su desarrollo. “No es un simulacro porque la gente está avisada. Los simulacros son sin que la población conozca”, explicó la docente.
En ese sentido, señaló que la propuesta busca generar un proceso de aprendizaje colectivo y fortalecer la participación de los habitantes del barrio. “El objetivo de una simulación no es sorprender sino empoderar la comunidad, es decir, que la comunidad se interese en participar, en sumarse y hacer un ejercicio de aprendizaje”, sostuvo.
En este proceso cumplen un rol central los 126 estudiantes de tercer año de Medicina que participan de la jornada. Como parte de su formación territorial, realizaron recorridos por el barrio junto con integrantes de las facultades de Ingeniería y Ciencias Sociales para identificar zonas de riesgo, relevar condiciones estructurales y reconocer los sectores donde posteriormente intervendrían como rescatistas comunitarios.
Además, los alumnos fueron capacitados por los paramédicos de la Fundación GEER en técnicas de rescate territorial. La propuesta apunta a que puedan brindar una primera respuesta ante una emergencia y transmitir herramientas básicas a los propios vecinos.
La iniciativa parte de una situación concreta: frente a un desastre climático, los equipos especializados pueden recibir llamados desde distintos puntos de la ciudad de manera simultánea. En ese contexto, contar con personas capacitadas dentro de la propia comunidad puede ser clave para actuar durante los primeros minutos. “Cuando se produce el desastre climático, GEER, defensa civil y todo están habitualmente llamados simultáneamente de muchos sitios. Entonces, lo que la persona de la comunidad, tu vecino, tu vecina sabe, eso es lo que puede salvar tu vida”, sostuvo Vanoni. 
La ciencia detrás de la prevención
Yanina García Skabar, meteoróloga del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) e investigadora principal del proyecto por la parte argentina, explicó que el trabajo combina distintas etapas para anticipar el comportamiento del agua ante lluvias intensas. “Lo que apuntamos de hacer un pronóstico y alerta de inundaciones urbanas repentinas. Entonces, por un lado, trabajamos en mejorar cómo se mide y se estima la precipitación, después cómo se pronostica la lluvia y cómo esa lluvia impacta en los ríos dentro de un modelo hidrológico”, detalló.
García Skabar explicó que el programa se focalizó en dos cuencas piloto: una ubicada en el sur de Buenos Aires y otra en Córdoba. En este último caso, el estudio se concentra en la cuenca del río Suquía, que atraviesa una zona urbana con una comunidad vulnerable, particularmente en el sector de Villa Páez.
La especialista destacó que el desarrollo científico no termina en la generación de información, sino que busca que esos datos puedan ser utilizados por quienes deben actuar frente a una situación crítica. “Nos interesa mucho llegar a las comunidades y que la comunidad pueda tomar una mejor decisión a partir de los productos y también que sepan qué cosas se pueden hacer ante una crisis. La crisis va a estar, el río puede crecer y entonces bueno, ¿qué hacemos para que para que el daño no sea tan grande?”, planteó García Skabar.

El rol municipal y la infraestructura
Rodrigo Fernández, secretario de Gobierno de la Municipalidad de Córdoba, destacó que la jornada permite poner a prueba la coordinación entre las áreas de emergencia, las universidades, el Servicio Meteorológico Nacional y los equipos vinculados al Proyecto Prevenir. El funcionario remarcó que el entrenamiento busca llevar al territorio los conocimientos desarrollados en ámbitos científicos y, al mismo tiempo, incorporar a los vecinos en las acciones de primera respuesta.
En ese marco, Fernández señaló que la experiencia también permitirá evaluar las obras de infraestructura realizadas en el sector y detectar posibles ajustes. Entre ellas mencionó el desagüe de Sagrada Familia, la desobstrucción de bocas de tormenta y la ampliación de distintos canales destinados al escurrimiento de las aguas.
Según explicó, la información obtenida durante el ejercicio servirá para analizar qué modificaciones pueden ser necesarias antes de que ocurra una nueva emergencia. “Esto nos ayuda a hacer los planes, nos ayuda a vincularnos con el territorio, que es lo que hoy hacemos: la teoría llevada a la práctica”, sostuvo.
Fernández destacó además la respuesta de los vecinos de Villa Páez, un sector que fue fuertemente afectado por las lluvias durante el año pasado. Según relató, esa experiencia generó preocupación entre los habitantes y aumentó el interés por contar con herramientas para enfrentar un eventual nuevo episodio. “Los vecinos están conformes, están contentos, están con mucha expectativa y se sienten realmente protagonistas el día de hoy”, afirmó.
El secretario de Gobierno sostuvo que el objetivo no es limitar este tipo de actividades a los equipos de emergencia, sino familiarizar también a la población con los procedimientos que se ponen en marcha durante una situación crítica. En ese sentido, adelantó que la Municipalidad analiza realizar entrenamientos de menor escala en distintos puntos de la ciudad considerados críticos.

Percepción comunitaria
A pesar de la relevancia del entrenamiento, los coordinadores comunitarios de la red Pueblo Alberdi y de los centros vecinales de Alberdi, Villa Páez, Marechal y Alto Alberdi señalaron las dificultades para movilizar a los vecinos en el actual contexto socioeconómico.
Vanessa Ullua, integrante de la Red Pueblo Alberdi y del Centro Vecinal de Alberdi, explicó que durante este año la percepción de urgencia frente al riesgo de inundaciones fue menor. “Este año particularmente la percepción comunitaria ha sido bastante baja”, sostuvo, y vinculó esa situación con el contexto social y económico.
Según describió, la falta de episodios graves en los últimos meses también contribuyó a que el riesgo hídrico quedara relegado frente a otras preocupaciones. “Parece que la inundación no es importante o no es urgente”, señaló. En el barrio, agregó, hay necesidades más inmediatas, como el desempleo y la falta de recursos.
Sin embargo, Ullua remarcó que esa realidad no vuelve menos necesario el trabajo de prevención. Por el contrario, defendió la continuidad de los vínculos entre los vecinos, las instituciones y la Universidad como una herramienta para fortalecer la respuesta comunitaria.
“Esto no es un parche solamente”, afirmó. La referente planteó que el objetivo es avanzar en la concientización y el aprendizaje en el territorio para que, ante una emergencia, los vecinos cuenten con herramientas concretas para actuar y puedan “ayudar en esos momentos”.









