Las Malvinas argentinas viajaron hasta San Sebastián en la espalda de cuatro actrices. Mercedes Morán, Dolores Fonzi, Alejandra Flechner y Carolina Álvarez eligieron para la presentación de Mis muertos tristes unos kimonos intervenidos con la imagen de las islas y la inscripción “Las Malvinas son argentinas”, un gesto que volvió a poner la consigna en escena internacional apenas unos días después de que Lali Espósito hiciera lo propio en el mismo festival.
Las cuatro intérpretes se encuentran en la ciudad vasca para acompañar la presentación de la producción dirigida por Pablo Larraín, que participa en la Sección Oficial del 74º Festival Internacional de Cine de San Sebastián. La película se proyecta esta noche allí en formato de largometraje, con una duración de 187 minutos, antes de que la historia llegue a Netflix como miniserie de cuatro episodios el próximo jueves 24 de septiembre.
El detalle de los kimonos quedó expuesto durante el recorrido frente a las cámaras. Las actrices aparecieron primero de frente y luego se dieron vuelta para mostrar el diseño de la espalda, donde se lee “Las Malvinas son argentinas”, acompañado por una representación de las islas y elementos en celeste y blanco. Dolores Fonzi compartió después las imágenes junto a sus compañeras en sus redes sociales.
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La escena retomó así una imagen que ya había aparecido pocos días antes en San Sebastián. Lali Espósito había llegado al festival con una remera blanca que llevaba la misma inscripción, en el marco de la presentación de Glaxo, la película de Benjamín Naishtat que también compite en la Sección Oficial. Este domingo, durante una conferencia de prensa, la actriz explicó que decidió utilizarla porque consideró que el festival constituía un espacio desde el cual podía expresar esa pertenencia.
La consigna, además, ya había adquirido una fuerte circulación durante el Mundial 2026, cuando una bandera con la frase “Las Malvinas son argentinas” apareció en las celebraciones posteriores al partido entre Argentina e Inglaterra. Desde entonces, la imagen se trasladó a otros espacios como recitales y sobre diversos soportes: camisetas, llaveros, remeras, banderas y ahora también prendas utilizadas en una alfombra roja internacional.
En el caso de Lali, el gesto también estuvo vinculado con una iniciativa solidaria. Según explicó en San Sebastián, las ganancias de las remeras con esa inscripción serían destinadas a excombatientes de Malvinas. La cantante señaló además que el tema forma parte de la historia argentina y que la cuestión de la soberanía continúa atravesando a distintas generaciones.

En ese contexto, la aparición de las cuatro protagonistas de Mis muertos tristes prolongó una presencia argentina que durante estos días se hizo visible en distintos puntos del festival. El mensaje sobre Malvinas apareció así ligado a dos producciones argentinas en competencia, aunque con recorridos diferentes: Lali como protagonista de Glaxo y Morán, Fonzi, Flechner y Álvarez como elenco central de la película de Larraín.
Los fantasmas de Mariana Enriquez
Mientras las imágenes de San Sebastián ponen a las actrices frente a las cámaras, Mis muertos tristes propone otro tipo de regreso: el de quienes ya no están. La historia parte del universo literario de Mariana Enriquez y toma como núcleo el cuento homónimo, al que suma personajes y elementos de “Julie” y “Un lugar soleado para gente sombría”.
La protagonista es Ema, una médica recién jubilada que puede ver a los muertos. Mientras intenta procesar la muerte de su madre y sus propias cuentas pendientes, la llegada de su sobrina Julie y el asesinato de tres adolescentes en Piedrabuena, un barrio del conurbano atravesado por la violencia, desencadenan un fenómeno que altera la frontera entre vivos y muertos.

Lo que comienza como una capacidad que Ema carga en soledad empieza a expandirse hasta involucrar a toda una comunidad. En ese desplazamiento aparece una de las claves de los relatos de Enriquez: los fantasmas no representan únicamente lo sobrenatural, también encarnan aquello que permanece cuando una herida no encuentra reparación.
La escritora lo explica desde la concepción misma de sus cuentos: “Los relatos de Mis muertos tristes plantean a los fantasmas como la memoria, aquello que vuelve todo el tiempo y que en muchos casos no se puede calmar porque tienen que ver con la injusticia. Más allá de una trama general, es una pregunta abierta, sin respuesta: ¿Qué hacemos con esos fantasmas?”.

Esa pregunta también está en el origen de la adaptación. Según contó Enriquez, fue Larraín quien advirtió que sus cuentos podían convivir dentro de un mismo universo y le propuso llevar esa intuición hacia una historia más amplia. A partir de allí, el director tomó el relato que da título al proyecto como punto de partida y sumó elementos de otros textos.
Larraín explica el procedimiento: “Tomamos «Mis muertos Tristes» como cuento central donde está el personaje de Ema, lo que hicimos con las otras historias fue traer personajes, algunos argumentos, algunas subtramas que terminaron deformando el cueno original un poco para poder conectarlo que tuviera todo sentido. Es como una reinterpretación del trabajo, es como una tercera idea.”
La operación implicó, entonces, modificar el cuento original para construir una narración audiovisual propia, aunque sin desprenderse de las preocupaciones que atraviesan la literatura de Enriquez. Para el cineasta, uno de los desafíos estuvo precisamente en conservar esa zona en la que lo fantástico nace de situaciones reconocibles.
“Hay algo que tiene la Mariana que espero que haya logrado tener esta serie que es el terror cotidiano porque está basado en elementos reales. Entonces, por un lado, hay algo muy realista que viene de un origen social que se mezcla con cosa que no son realistas, que son del género fantástico”, señala.
El espacio también tuvo un peso particular durante la construcción de la historia. Enriquez cuenta que con Larraín hablaron especialmente sobre el lugar donde transcurriría la ficción y sobre aquello que podía quedar fuera de campo: “Con Pablo hablamos mucho del universo donde iba a transcurir esto. Y si, er un fuera de campo muy importante, especialmente del barrio”.
Ese territorio concentra buena parte de las tensiones de la serie. La pobreza, la violencia, el abandono, la muerte, pero también el amor y la tristeza, forman parte de una misma realidad que no necesita abandonar lo cotidiano para volverse inquietante. Larraín lo resume así: “La serie tiene la ciudad, la pobreza, la violencia, hay abandono, hay muerte, hay amor, hay tristeza pero en el fondo es el terror de lo cotidiano.”
Desde esa perspectiva, los muertos que aparecen en Mis muertos tristes no llegan desde un lugar completamente ajeno al mundo de los vivos. Regresan desde aquello que quedó pendiente, desde una memoria que insiste y desde una violencia que todavía no encontró una forma de ser procesada.
Stephen King, del otro lado de la pantalla
La adaptación también despertó interés antes de su estreno entre uno de los escritores que más ha influido en la obra de Mariana Enriquez. Stephen King, a quien la autora ha mencionado en distintas oportunidades como una referencia fundamental y a quien incluso ha dicho que le otorgaría el Premio Nobel de Literatura, tuvo acceso anticipado a la producción y reaccionó en redes sociales.
En su cuenta de X, el escritor imaginó en clave fantástica una situación cercana al universo de la serie: qué ocurriría si alguien capaz de escuchar —y a veces ver— a los muertos cayera en el suministro de agua de una ciudad y, después de beberla, todos pudieran hacer lo mismo. El mensaje terminó con una referencia directa a la producción: “MY SAD DEAD (Netflix. 24 de septiembre). Mi viejo amigo Pablo Larraín dirigió”.
Cool idea! What if someone who could hear (and sometimes see) the dead fell into a city’s water supply and decomposed? And after drinking the water, EVERYONE could do it? MY SAD DEAD (Netflix. September 24). My old amigo Pablo Larrain directed.
— Stephen King (@StephenKing) September 18, 2026
La mención tiene una particular resonancia por la relación que Enriquez mantiene con la literatura de King. El terror cotidiano, la irrupción de lo sobrenatural en escenarios reconocibles y la convivencia entre lo fantástico y los conflictos sociales son algunos de los puntos de contacto que la escritora ha señalado al hablar de sus propias influencias.












