BI tocará Relatos del Futuro el 3 de octubre, a las 21, en Platz Espacio Cultural ACIC (Av. Maipú 350), después de publicar a fines de agosto el segundo trabajo discográfico de un proyecto que los hermanos Agustín y Horacio Ravasi retomaron juntos en 2020. El álbum reúne siete composiciones propias y llega después de un proceso de trabajo que comenzó, en rigor, al regreso de una gira europea: algunas canciones ya existían, otras fueron escritas para completar el repertorio y, durante varios meses, las piezas fueron pasando de las primeras preproducciones caseras al estudio que juntos tienen en Mendiolaza (La Ventana Estudios).
En conversación con Hoy Día Córdoba, Horacio reconstruye ese recorrido y también una idea que atraviesa la manera de hacer música de BI: mirar hacia lo que viene sin considerar el pasado como algo clausurado.
“El año pasado tuvimos una experiencia de ir a Europa. Alrededor de mayo y junio. Y nos bajamos del avión diciendo: «Bueno, lo que toca ahora es un disco». Y desde agosto del año pasado fue que empezamos a redondear las canciones que estaban y empezar a hacer las otras… Un proceso más o menos de 6 o 7 meses.”
La frase que da nombre al disco cobija la idea central. Como cuenta Horacio, para la banda el tiempo permite que la experiencia se transforme en otra cosa. De ahí que Relatos del Futuro no sea un título pensado únicamente hacia adelante: también contiene canciones que quedaron guardadas, lugares en los que vivieron y experiencias que terminaron convertidas en composiciones.
“La cuestión de lo temporal en nuestras músicas y en nuestra vida es fundamental. Darle valor a lo que va pasando al transcurrir. Y en eso es la posición con la que miramos el futuro, digamos, que ese transcurrir se va nutriendo con cosas que nos han pasado y que nos ilusionan en el venir”, explica.
El jazz como territorio abierto
Los Ravasi llegaron al jazz desde la formación, pero BI no nació con la intención de reproducir una determinada ortodoxia del género. Agustín, pianista, docente y productor, y Horacio, bajista y músico además vinculado con la producción, el sonido y la gestión, crecieron compartiendo música y después hicieron sus propios recorridos. En la memoria de Horacio conviven Miles Davis y Keith Jarrett con Weather Report, Jaco Pastorius, Pat Metheny, Victor Wooten, Lito Vitale y Luis Salinas. La lista importa menos como catálogo de influencias que como indicio de una escucha que nunca quedó encerrada en una sola forma de entender la música instrumental.
Por eso eligieron una definición que puede parecer contradictoria, pero que para ellos resulta bastante precisa: “casi jazz”. La expresión reconoce el lenguaje del que parten, pero también marca una distancia con las convenciones que históricamente delimitan al género. Así, la banda evita quedar encerrada en una categoría que, por sus propios códigos y formas de escucha, puede resultar más restrictiva y, al mismo tiempo, evita convertirla en una frontera para quien escucha, para oídos no avezados en el jazz. “Nosotros nos catalogamos como casi jazz por una cuestión de respeto al género, a todo esto que te cuento, y por una cuestión también de acercarlo a otra persona, a alguien que no consume esa música”, dice Horacio.
Su explicación sobre el género tampoco parte de una única genealogía. Cuando habla del jazz, aparecen el blues, los cabarets, Miles Davis, Coltrane, la música más eléctrica y las búsquedas de músicos vinculados al rock y a la fusión. Son referencias que forman parte de su propia formación y que permiten entender por qué BI prefiere trabajar con un lenguaje aprendido para después llevarlo a otro lugar. “El jazz es muy grande, es una expresión que empieza como un anhelo de libertad y en donde los músicos crecían tratando de buscar y llevar la música a lugares más extremos”, señala.
A BI le interesa, justamente, que todo ese conocimiento no quede del lado del especialista. Hay un trabajo consciente para que la complejidad armónica o rítmica no impida que una canción pueda ser reconocida y disfrutada por alguien que nunca estudió jazz. Horacio lo resume con una imagen doméstica: “… la búsqueda es que todo ese estudio y toda esa cuestión más intelectual [podamos] bajarla para que la pueda entender mi mamá, por ejemplo, que no se pone a escuchar eso”.
Esa preocupación explica también la forma en que construyen las melodías. No buscan simplificar la música para hacerla más accesible, sino encontrar una claridad que permita que las distintas capas puedan ser percibidas sin necesidad de descifrarlas. “El gusto es compartido: mucho hincapié en lo melódico, en la claridad, en pintar un cuadro y que sea entendible para cualquiera”, dice Horacio.

Las experiencias que se vuelven canciones
En Relatos del Futuro, la lógica en la composición se vuelca en siete historias. Siete que nacen de lo cotidiano, de aquello que resuena después de una experiencia y encuentra una forma musical. No hay un programa narrativo que obligue a interpretar cada pieza de una manera determinada; sí existe, en cambio, una intención de que detrás de cada composición haya algo vivido.
“Siempre tratar de contar algo, porque nuestra música nace de lo cotidiano, de las cosas que nos emocionan, de lo que vivimos”, explica Horacio.
En este marco, habla de La vida que viene y cuenta que está dedicada a su hijo, en particular para describir desde lo instrumental el momento en que supo que iba a ser padre. Para llevar esa experiencia a la música, trabajó sobre distintos momentos: el latido de una vida que todavía no se ve, la alegría de la noticia y, finalmente, los temores que aparecen frente a aquello que todavía se desconoce.
“Entonces empieza medio como la percusión que hace referencia al corazón que late desde un lugar que no se ve. Después viene una parte súper alegre que es la felicidad que genera eso. Después viene un momento medio oscuro que son los miedos que te produce porque padre primerizo no sabés qué va a pasar, tenés un montón de incertidumbres”, cuenta.
En El rústico, en cambio, demarca la autopercepción. Horacio toma el término, que en principio podría pensarse desde la carencia, pero la convierte más bien en la forma de pensar qué puede aportar cada persona con las herramientas que tiene. “Todos en algún punto tenemos nuestras limitaciones y cosas que nos frenan. Y quizá nos autoimponemos esos frenos por no aceptar esto, digamos: «Che, hasta acá estoy y con esto es válido lo que tengo para decir»”, plantea.
Hay, en esas dos canciones, una misma operación: una experiencia particular deja de ser exclusivamente personal cuando encuentra una forma capaz de ser compartida. El futuro del título pasa entonces por esa transformación. Lo que todavía no ocurrió se imagina con materiales que ya existen: recuerdos, aprendizajes, vínculos, sonidos, regularidades. “Hay todo un bagaje, un andar, un pasado que te dio herramientas para poder seguir proyectando, y eso también es importante resaltar y un poco está en el título”, sostiene.
El disco recupera incluso composiciones que vienen de más atrás. Algunas nacieron durante los años en que los hermanos vivieron en Valencia y otras quedaron dando vueltas hasta encontrar ahora su lugar.
Cuando la música deja de ser de dos
BI comenzó alrededor de los hermanos, pero el disco nuevo pertenece a una formación más amplia. Junto a Agustín y Horacio están Ismael Avecilla en saxo y Andre Maurel en batería, dos músicos que fueron adquiriendo un lugar cada vez mayor en la composición y en los arreglos. La permanencia de la misma formación, explica Horacio, modifica incluso la manera de imaginar la composición: después de tocar juntos durante un tiempo, cada integrante empieza a conocer las posibilidades del otro antes de que una idea llegue al ensayo.
Sin embargo, al igual que en su canción se precisa como “el rústico”, en particular para contraponerse al perfil más académico de su hermano. Esa diferencia, lejos de ser un obstáculo, forma parte del sistema de trabajo que fueron construyendo. “Mi hermano es como el músico más académico, por decirte; yo soy el rústico. Esa es la dinámica que hemos tenido hasta ahora, pero el grupo va creciendo y cada vez estamos más inmersos los cuatro”, agrega a la conversación.
La consolidación del cuarteto produjo además algo que Horacio considera especialmente valioso: una identidad que no habían buscado mediante una fórmula previa. Las canciones pasan por las ideas de los cuatro y cada uno deja una marca sobre el resultado final.
“Es muy importante esa parte donde se ensambla porque cada uno le da su toque, su particularidad, su impronta, en donde termina de sonar, lo hacemos sonar a BI. Es impresionante cómo cada uno aporta y hemos logrado una identidad. Que eso no es menor, nos sorprende muchísimo”, dice.
Sin embargo, para este último disco también contaron con la colaboración de Diego “Tercel” Semperena en percusión, Lucía Monqaut en voz, Cynthia Oviedo en trombón, Lourdes Fontana en flauta, Obi Homer en guitarra, Lucas Dorado en vibráfono y José Moraga en trombón. Mientras algunos de ellos son músicos de Córdoba, otros llegaron desde distintos lugares, ampliando una formación que en vivo suele trabajar desde el formato de cuarteto.
Música que – por decisión- no queda restringida a los espacios específicamente dedicados al jazz. BI ya pasó por festivales de Argentina, Chile, Uruguay y Grecia, realizó una gira europea en 2025 y el año pasado concretó 18 conciertos en Europa. Para Horacio, la circulación responde a una necesidad concreta: en Córdoba y en otras ciudades del interior todavía son pocos los lugares donde una banda de composiciones propias puede tocar con regularidad si se mueve dentro de este lenguaje.
“Nos vamos, nos metemos y agarramos lugares que no son propiamente de eso. Llevamos nuestra música, hacemos una fecha, giramos, nos vamos a festivales, vamos más para Buenos Aires. En Buenos Aires si hay muchísimos más lugares de jazz y de escuelas. El interior está un poquito relegado en ese sentido, pero va creciendo por particularidades o por gente que ama el género, que se anima y hace un festival o tiene un clubcito”.
Horacio conoce esa escena también desde otro lugar. Desde hace cuatro años produce Juevesong, un ciclo que cede espacio al tango, al folklore y a la música instrumental. Esa tarea convive con BI y con una agenda de conciertos que ahora vuelve a concentrarse.
Ustedes se estarán preguntando: ¿por qué BI? Horacio les responde: “Es una banda de dos hermanos que proyectan, que ven la cuestión dual de lo ‘bi’ como necesaria para la música y para la vida”. Y enseguida amplía la definición para llevarla al otro lado de la música: “El hecho artístico. Si yo tuviese estas canciones y no te hubieran llegado nunca a vos, no tienen valor. Esta cuestión se hace de a dos, siempre hay otra parte necesaria para que eso transcurra y trascienda, y así la música, la vida y un montón de cosas”.
Este sábado 3 de octubre a las 21, BI llevará esas siete canciones a Platz Espacio Cultural ACIC, en Av. Maipú 350. Las entradas se encuentran disponibles en Antesala. Además, el grupo tiene prevista una segunda presentación el 10 de octubre en Casa Finzi, en Valle Hermoso, un espacio cultural impulsado por una pianista y su padre. Las reservas también puede realizarse a través del celular 351 230 9600.
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