La euforia papal que se respira en el Centro Cívico parece incrementarse a medida que pasan los días y se conocen detalles más precisos de los detalles de la organización y la magnitud del evento. Las imágenes de la congregación multitudinaria de París (hablan de 800.000 personas) en una ciudad tradicionalmente laica hacen presagiar una convocatoria igual o superior en un país católico y fervoroso como el nuestro. «Me animo a predecir una misa para un millón», dijo un ministro provincial.
Sin embargo, la pregunta que se hacen en la oposición y en el oficialismo es ¿cuánto caudal electoral puede proporcionar la llegada de León XIV a las puertas de una elección? La historia y la sociología demuestran que la transferencia directa de legitimidad de votos de un líder religioso a un candidato local es mínima. Los votantes tienden a separar claramente su devoción espiritual o su simpatía por el pontífice de la evaluación de una gestión gubernamental.
Pero nadie duda del peso estratégico que tiene un evento de semejante magnitud, aunque pueda presentar un doble filo para Martín Llaryora, que sueña con la traducción de la visita pastoral en capital electoral directo.
Los puntos a favor
Cuando Belgrano se consagró campeón del Apertura en el Estadio Kempes, Llaryora estuvo en el encuentro y participó de la premiación, pero nadie le podría adjudicar ningún mérito deportivo al mandatario. Algo similar se podría deducir de la visita vaticana, aunque hay, al menos, tres puntos que le pueden sumar:
El primer objetivo será organizar un evento de dimensiones gigantescas, lo que representará un desafío logístico, transporte y seguridad, pero a la vez le permitirá exhibir la capacidad de administrador ejecutivo y eficaz. Si lo logra, se anotará un punto a favor.
El segundo elemento que podría ayudarle es el «Efecto Halo» o elevación de estatura, ya que compartir escenario o foto con un jefe de Estado de trascendencia global lo saca de la coyuntura diaria, le eleva el perfil y le ofrece «chapa» de estadista.
Por último, una movilización multitudinaria creará una fuerte dinamización en algunos sectores como el hotelero y el gastronómico, mejorando el humor social en segmentos muy golpeados por la crisis y el derrumbe del consumo. Pero ese clima es corto y dura poco. Rápidamente, todo volverá a la realidad de ajuste y recorte que golpea en el metro cuadrado económico de las familias.
Los riesgos de la sobreactuación
Uno de los peligros más evidentes de la visita papal es el riesgo de exprimir un evento de fe para extraer un rédito electoral en un contexto donde la sociedad es sumamente susceptible a percibir el oportunismo: si advierte algo forzado o inapropiado por parte de la política puede redundar en rechazo por cualquier sobreactuación.
Hasta ahora predominó un mensaje gubernamental vinculado a la seguridad, al orgullo de ser el único destino del interior donde pasará el Papa o al impacto económico. Poco y nada desde la comunicación oficial de Córdoba puso el acento en el relieve religioso, el mensaje espiritual que trae el Santo Padre. Inaugurar una plazoleta con su nombre sonó a oportunismo político y excusa institucional para la foto. Si los ciudadanos perciben que se manipula la fe con otros fines pueden castigar al autor del mensaje.
Otro riesgo es que la inversión que requiere la organización pueda ser percibida como una desconexión de necesidades urgentes que la sociedad reclama en seguridad, infraestructura y servicios públicos como salud y educación. Más aún en un contexto de creciente descontento social.
La foto más buscada
Sin dudas, la imagen que el gobernador espera obtener es con el Sumo Pontífice y no es algo que sea sencillo de negociar. La diplomacia vaticana es experta en evitar que el Papa sea utilizado como un dador de legitimidad política. Sus protocolos están diseñados para neutralizar cualquier apropiación partidaria. Un intento del oficialismo local por saltarse esos límites puede resultar en gestos fríos y señales que se decodifican y viralizan rápidamente. Basta como ejemplo la recordada foto de Macri con un Francisco de gesto adusto.
En definitiva, el desembarco vaticano en Córdoba será una gesta histórica que la oposición verá alejada de los reflectores de una misa multitudinaria. El gobernador tal vez consiga la instantánea con el gesto feliz de León XIV y su imagen se amplifique. Otra cosa será la lectura que la sociedad haga de este evento de fe. Está demasiado acostumbrada a una clase política que busca legitimarse con artistas, deportistas y figuras de la religión. Cualquier sobreactuación dejará más costos que los beneficios que la euforia papal ha desatado en el Panal.









