¿Cómo se les ocurre que la más pura expresión del ser humano, la poesía, pueda tener una vinculación con esa carrera para ver quién es el mejor, quién llega primero? Bueno, lamento decir que sí, que por supuesto que hay competencia también en el arte y que de tantas carreras para ver quién llega primero, amanecieron al mundo joyas universales de la música popular argentina.
Un caso. Año 1963. Se realiza la primera edición del certamen Odol de la canción. El maestro Héctor Stampone tenía la música y le pidió a su amigo Cátulo Castillo que le pusiera letra. Y Cátulo escribió:
Recuerdo tu desdén
Te evoco sin razón
Te escucho sin que estés
«Lo nuestro terminó»
Dijiste en un adiós
De azúcar y de hiel
El último café fue interpretado por primera vez por el entonces jovencito Raúl Lavié en una competencia para ver quién era el mejor. Y en aquel certamen Odol de la canción, ganó El último café.
Otro caso. Una que también compitió, pero no ganó, es la que dice:
Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao
No ves que va la luna rodando por Callao
Que un corso de astronautas y niños, con un vals,
Me baila alrededor, ¡bailá!, ¡vení!, ¡volá!
La presentación fue en la competencia Festival de la Canción y la Danza Buenos Aires, de 1969. Horacio Ferrer le puso la letra y Astor Piazzola la música a Balada para un loco. Eran, Ferrer y Piazzola, Maradona y Messi jugando juntos. ¡Pero salieron segundos! Y al intérprete le llovieron monedas en reprobación.
La ganadora fue Hasta el último tren, que dice:
Amo los andenes de la espera,
la poesía de los rieles
que la luna replatea…
Flojo de poesía venían. Nada de guapo traquetero.
Ah, dos cosas más. El jurado de aquel Festival de la Canción y la Danza eran, atención, Vinicius de Moraes y Chabuca Granda. Flojo de jurados venían. La otra: Ferrer, el autor de Balada para un loco, una canción que es una postal porteña como pocas, se inspiró, para componerla, en la película Rey por inconveniencia, comedia francesa ambientada en la Primera Guerra Mundial. De porteño, nada.
El último caso. Para cerrar las obras premiadas en competencias descarnadas, una más actual. Submarino amarillo era un programa de radio de los maestros Lalo Mir y Tom Lupo, que lanzó un concurso: Escribile una letra a Soda Stéreo. Un fan del trío, que se llamaba Jorge Dafunchio (nada que ver con Germán, el líder de Las Pelotas), escribió:
Tus ropas caen lentamente
Soy un espía, un espectador
Y el ventilador desgarrándote
Sé que te excita pensar hasta dónde llegaré
Sí, claro: fue la ganadora. Ceratti acomodó un poco las estrofas, le puso música y nació Persiana americana, otra obra de arte que ganó una carrera para ver quién era el mejor.
Páginas Amarillas: hubo un tiempo en que todo estuvo en un libro









