Pasajera en tránsito
Poesía de Natalia Brusa
Cuesta despedirme de ese cuerpo que fue mirado
intento un duelo sabio, intelectual, humorístico
para aceptar el paso del tiempo
conformarme con ser suave
tibia
perfumada
convertirme de a poco en alguien invisible.
La piel se mancha
se reseca
el pelo pierde brío
los ojos se apagan.
Las intervenciones solo acomodan la máscara.
Hay una luz que se escurre entre los dedos
no la puedo atrapar
ni congelar.
Miro desde la orilla como me deja
pareciéndose a la estela de un barco.
El espejo del baño es implacable
el testigo discreto
ante quien me relajo
aflojo la tensión
abandono la postura.
Agarro mi cuerpo
lo acomodo
lo levanto,
lo cambio de forma
de frente
de perfil
de espaldas.
Una voz mentirosa
dice que podría
pero no puedo.
No quiero trabajar tan duro.
Me vuelvo vieja de a poco
caminando la década infame.
Como en una carrera de postas,
paso el testigo a las que vienen después,
las miro caminar, reírse, bailar.
Llegará el día en que el cuerpo no importe
hasta tanto
soy una pasajera en tránsito
hacia la libertad de asumirme invisible.
Hay textos que no necesitan explicación. Se sienten. El poema “Pasajera en tránsito” de Natalia Brusa es uno de ellos. En sus palabras aparece algo que muchas veces no se dice en voz alta: el duelo por el cuerpo que cambia, la incomodidad frente al espejo, la sensación de volverse, de a poco, invisible. Hay verdad ahí. Una verdad que duele, que interpela, que resuena. Pero quizás la pregunta no sea si eso es cierto o no. Quizás la pregunta sea otra: ¿es esa la única forma posible de narrarnos? Porque las formas en que contamos lo que nos pasa no son neutras. Construyen realidades. Y también, muchas veces, la limitan.
Desde la perspectiva de las narrativas regenerativas —esas que buscan, no negar lo que duele, pero sí ampliar lo posible— aparece una invitación: no quedarnos únicamente en el relato de la pérdida. No porque no exista, sino porque no es lo único que existe. El poema de Natalia nos muestra una experiencia, pero no necesariamente un destino.
En esa tensión es donde aparecen otras voces, otras formas de mirar. Como la propuesta de Rosa Cattana y su colectivo “Viejas Lindas”, que irrumpe cuestionando el mandato cultural que asocia belleza con juventud y valor con productividad. Allí donde la cultura ve “imperfecciones”, ellas ven historia. Donde se propone ocultar, ellas deciden mostrar. Donde se instala el negro de lo invisible, ellas bordan color. En sus obras —fotografías intervenidas con hilos violetas y plateados (que aquí exhibimos)— hay un gesto profundamente político: transformar el fondo oscuro asignado a las mujeres que envejecen en un espacio visible, brillante, presente. No se trata de negar las arrugas, las manchas o el paso del tiempo, sino de cambiar el significado que les damos. De dejar de vivir el cuerpo como un problema a corregir para empezar a habitarlo como territorio vital, de presencia, experiencia y disfrute, siempre. Entonces, quizás, la transición no sea hacia la invisibilidad, sino hacia otra forma de presencia. Una presencia menos exigida por la mirada externa, más libre, más propia. Tal vez no se trate de “despedirse” del cuerpo, sino de conocerlo de nuevo. Tal vez no sea un tránsito hacia desaparecer, sino hacia dejar de actuar.
Y en ese corrimiento aparece algo distinto: no la pérdida de valor, sino un cambio de narrativa. Porque cuando cambiamos la forma en que nos contamos, también cambia la forma en que habitamos la vida. Y ahí, incluso en medio de lo que duele, puede empezar a aparecer otra cosa. Quizá una belleza que ya no necesita permiso.

Gracias, Natalia Brusa y Rosa Cattana, por anfitrionar este espacio de conversación, por habilitar diferentes perspectivas y por honrar, a través del arte de la poesía y la fotografía, los cuerpos que envejecen.
Natalia Brusa: Licenciada en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba, diplomada en Comunicación Judicial y con estudios de posgrado en Escritura y Creatividad Humana en FLACSO. Se desempeña en el ámbito de la comunicación institucional y escribe regularmente para medios gráficos sobre temáticas vinculadas a violencia, niñez, adolescencia y perspectivas de género. Participa además en proyectos de gestión cultural. Es coautora, junto a su madre Lilia González, del libro Tiempo de conversar.
Rosa Cattana: Artista y activista feminista argentina. Es creadora de Viejas Lindas, un proyecto artístico que cuestiona los mandatos de belleza hegemónicos y visibiliza los cuerpos de mujeres que envejecen. A través de fotografías intervenidas con bordado —en hilos violetas y plateados— transforma el “fondo oscuro” culturalmente asignado a la vejez en una propuesta estética, política y luminosa. Seguila en rosacattana.com.ar









