A veces… la confianza estafa al hombre
El Tribunal Federal Uno de Córdoba, condenó el pasado lunes a 3 años de prisión en suspenso y multas de $3.060.262, U$S282.086 y E$36.342, al comerciante y agente de bolsa Walter De La Costa de 57 años. Junto a otro socio ya fallecido, tenían dos “financieras conocidas” en la “city cordobesa”. Afincor S.A en locales de la Galería La Merced, y Afincor Bursátil S.A, en Rivadavia 150. La acusación era la de intermediación financiera no autorizada por el Banco Central, y administración fraudulenta (por la que el juez Falcucci finalmente lo absolvió). O sea que recibían depósitos de terceros, en pesos, dólares y euros, por los que pagaban una tasa de interés superior a los bancos habilitados. Por supuesto también prestaban dinero, compraban cheques y hacían negocios con divisas extranjeras.
Los denunciantes pertenecen a una misma familia, y entregaban depósitos desde el año 2007, hasta el año septiembre del 2019, con un saldo a favor, en una de las cuentas, de U$S76.043, E$18.221 y $4.512. Pero además había otras cuentas con montos importantes. Ocurre que existía una relación de confianza de muchos años, entre las partes, con el convencimiento del depositante que Afincor operaba con absoluta legalidad. La verdad se supo cuando los ahorros no fueron restituidos y se produjo el despojo de los mismos a los damnificados. Como suele suceder en estos casos, muchas víctimas, por diferentes razones, prefieren asumir las pérdidas y no denunciar nada. En el ámbito de la instrucción de la causa, el responsable de la investigación fue el fiscal Maximiliano Hairabedián.
Lo cierto es que así como ocurrió con CBI Cordubensis allá por el 2012 (financiera de Eduardo Rodrigo y del fallecido Jorge Suau), que provocó la primera condena en el país por intermediación financiera no autorizada, los damnificados generalmente depositan su dinero a partir de recomendaciones confiables, y con un grado de certeza razonable a la hora de imaginar y descartar eventuales fraudes y engaños. Pero queda claro que no todo lo que brilla es oro, ni todo lo que parece finalmente es. Es verdad que no es ni lindo ni fácil vivir desconfiando, pero esta bueno recordar que a veces…la confianza estafa al hombre.
La gran teta del Apross (plata dulce)
Cuando allá por el 2019, el fiscal José Bringas descubrió los primeros “curros” con medicamentos carísimos que tenía que pagar la obra social provincial, a partir de sobreprescripciones y prestaciones, pocos se imaginaban que apenas se trataba de la punta de un ovillo gigantesco. Las últimas detenciones de dos oncólogos de renombre, uno de ellos director médico de la clínica Arcos (ex Chutro), e integrantes de la obra social Sanarte, volvió a provocar conmoción entre muchos galenos, sobre todo aquellos que fieles al juramento hipocrático, no sólo se desloman por honrar su profesión sino también por no “morder la manzana de la serpiente”, que de tanto en tanto se aparece con atractivas oportunidades para “hacer una moneda extra”.
Los números gruesos asombran, y pintan a las claras la marcha de esta megacausa que ya tiene alrededor de 60 casos diferentes, con casi 100 imputados y más de 20 detenidos por estos días. La imputación predominante es la de defraudación calificada, con sobreprescripciones de remedios que posiblemente otros involucrados luego comercializaban en otros ámbitos. Esta es una las principales maniobras delictivas, con aparentemente múltiples ramificaciones y todas en perjuicio de la Administración Provincial del Seguro de Salud. Recordemos que en otros casos, se detectaron pedidos “excesivos”, por ejemplo, de insulina y otros costosos medicamentos, con documentaciones falsas, sellos y recetas apócrifos, y también con identidades adulteradas de afiliados. O sea, estafas pensadas y planificadas, muy alejadas de eventuales “errores o defectos” en los pedidos y tratamientos de pacientes. Por lo pronto, la investigación continúa y estaría muy lejos de cerrarse. Con un desfalco que a esta altura se puede estimar en no menos de los 500 millones de pesos, es fácil pensar que para algunos la Apross se parece (o parecía) a una “gran teta”, muy generosa y nutritiva en plata dulce.









