El próximo miércoles comenzará en la Cámara Once del Crimen y con jurados populares, el segundo juicio a dos ex policías de Río Tercero, acusados por las muertes de Mirtha Selva de 53 años y su hijo Alejandro Villalón, de 20. José Vidaurre de 39 años y Cristian Ahumada, de 42, están acusados de doble homicidio calificado, por el trágico hecho ocurrido el 3 de noviembre del año 2014. Según la investigación judicial, los imputados provocaron un incendio en la casa de las víctimas arrojando una bomba molotov. Lo habrían hecho para “vengarse” y los tomaron por sorpresa a las 5.30 de la madrugada. Era una casa prefabricada de madera, que rápidamente se quemó. Pero además, las rejas de las ventanas y puertas fueron como trampas que no permitieron la rápida evacuación. Afortunadamente otras tres personas pudieron sobrevivir más allá de las quemaduras que sufrieron.
La investigación hecha en su momento por la ex fiscal Andrea Heredia permitió que ambos imputados fueran detenidos en el año 2016 y así llegaron al juicio que se hizo dos años más tarde. Aquel tribunal estuvo integrado por los jueces José Arguello, Guarania Barbero y Marcelo Ramognino, más los jurados populares. El fiscal de aquel juicio, Gustavo Martín, ya había aliviado la situación de los policías al pedir un cambio de caratula por incendio agravado por el resultado y fue así como pidió condenas de 10 y 11 años. Sin embargo, el veredicto fue el de absolución por la duda insuperable. Fue así entonces que los acusados recuperaron la libertad.
Ahora bien, cuando este fallo fue revisado por el Superior Tribunal de Justicia, entonces se advirtió que hubo prueba importante que no había sido considerada, y por lo tanto se anuló la sentencia y se dispuso la realización de un nuevo juicio, que comenzará en los próximos días. Pero además, el acusado Vidaurre, con posterioridad a su absolución, fue condenado a 4 años y 6 meses de prisión por homicidio culposo, por ser el autor de un siniestro vial en el que chocó y mató a un joven. Es muy probable que durante este nuevo juicio vuelvan a surgir dudas sobre la participación de otros policías no identificados en aquel luctuoso hecho. Por lo pronto, y a la luz de los presagios, podríamos pensar que tanto Ahumada como Vidaurre están muy complicados.
Manipulador y Explotador
Terminará mañana en el Tribunal Federal Dos de nuestra ciudad, el juicio de la causa conocida como la de los “Sanadores Egipcios” y en el que son juzgados Aparicio Díaz y su esposa Carolina Cannes, acusados de presunta trata de personas, reducción a la servidumbre, estafas y abusos entre otros cargos. Hace algunos días, el fiscal Carlos Casas Nóblega pidió en su alegato condenas de 25 años de prisión para él y de 15 para ella; el querellante Miguel Juárez Villanueva se limitó a solicitar una “pena ejemplificadora”, mientras que los defensores oficiales Jorge Perano y Rodrigo Altamira sostuvieron la absolución para ambos. Mañana finalmente, los jueces Enrique Liljedahll, Noel Costa y Fabián Asís darán a conocer el veredicto.
Recordemos que estos hechos ocurrieron en Traslasierra y que fue la fiscal Analía Gallaratto quien inició la investigación allá por el año 2021 y que por presunta asociación ilícita, imputó y ordenó la detención también de las actuales presuntas víctimas. Afortunadamente, a mediados del 2022, el juez federal Vaca Narvaja puso las cosas en orden y excarceló a los actuales querellantes, quienes además reclaman una reparación económica de $1.160.000.000. De cara al fallo que se conocerá en las próximas horas, no debería sorprender que sea condenatorio.
Para los acusadores, Aparicio Díaz es un delincuente que sin dudas dirigía una secta y controlaba y conocía sobre las vidas personales de sus víctimas vulnerables, y a quienes literalmente dejó “en la vía”. Para los defensores, en cambio, las pruebas favorecen claramente a los imputados y lo sucedido está muy lejos de haber sido trata de personas. Esgrimieron la libertad de culto y la decisión voluntaria de los denunciantes para estar en el grupo. También adelantaron que en caso de una sentencia adversa, la apelarán sin dudas. Lo cierto es que después de varios años, llega a su final la historia del “licenciado Sahú Ari Merek”, tal como se hacía llamar Aparicio, con las pirámides y faraones de fondo. Al menos que el veredicto lo contradiga, la sospecha principal es que Aparicio Díaz nunca fue ningún maestro. Por el contrario, sería un “manochanta” manipulador y explotador.










