El tango: ¿porteño o nacional?

Por Elio Noé Salcedo

Siempre me he cuestionado si el éxito y popularidad que el tango tuvo en toda la Argentina (no sólo en Buenos Aires sino también en el interior) no fue –como la conformación de nuestra clase obrera en la década del 30 y 40 del siglo XX- una expresión de los hombres y mujeres del interior provinciano, arribados a las orillas de Buenos Aires a lo largo del siglo XIX, y en particular después de su federalización (1880), que en el caso del tango, impondría su impronta musical antes de que otras circunstancias la convirtieran en “música porteña”.  

Según el estudioso del tango Horacio Lendoiro, que integra el Grupo Amigos del tango de Almirante Brown, la música que nos identifica en el mundo desde un principio estuvo relacionada a lo provinciano. Además de situar el origen y la protohistoria del tango en épocas de la presidencia del sanjuanino Domingo Sarmiento, Lendoiro considera al tango “El Entrerriano” (una historia relacionada con el éxodo posterior a la derrota de López Jordán) no sólo el primer tango nacional, sino además “esa forma del tango que le va a gustar al argentino”, con música de Rosendo Mendizábal y letra de Ángel G. Villoldo y de Homero Espósito, en una y otra versión.

Corroborando la tesis provinciana del grupo de estudio bonaerense, tanto la versión de Villoldo como la de Expósito de “El Entrerriano” dan cuenta de esta letra: “Sabrán que soy el Entrerriano/ que soy milonguero y provinciano/ que soy también un poquito compadrito/ y aguanto el tren de los guapos…/ Mi apodo es El Entrerriano/ y soy de aquellos tiempos heroicos del ayer/ el de los patios del farol y el parral./ En el Barrio de San Telmo yo soy/ picaflor y afortunado en amor/ un punto bravo pa'l chamuyo y el floreao/ y buen amigo en cualquier ocasión”.

La versión de Expósito también da cuenta del origen provinciano del protagonista, identificándolo con el tango: “Todo corazón para el amor/ me dio la vida/ y alguna herida/ de vez en vez/ para saber lo peor/ Todo corazón para bailar/ haciendo cortes/ y al Sur y al Norte/ suelen gritar/ que el Entrerriano es el gotán”.

En 1917, cuenta otro estudioso del tango, el Dr. Amín Raed, “Carlos Gardel, con el tango ´Mi noche triste´ inaugura el tango-canción, e inicia su actuación como tanguero, pues hasta 1917 el zorzal criollo solo cantaba folclore, acompañado por un sanjuanino Saúl Salinas, alias “El Víbora”, que le enseñó a cantar tonadas y a musicar las guitarras, o sea a puntear y bordonear”.

Si bien es cierto que la palabra tango figuraba ya en 1803 en el diccionario de la Real Academia Española como una variante del tángano, “hueso o piedra que se utilizaba para el juego de ese nombre”, en 1889 incluía una segunda acepción del tango, como "fiesta y baile de negros y de gente de pueblo en América".

De acuerdo a Lendoiro, la palabra tango designó a las casas de los suburbios donde, a comienzos del siglo XIX, los negros se encontraban para bailar y olvidar temporalmente su condición. Lo cierto es que, a mediados del 1800, “los conocidos conventillos de la pujante ciudad de Buenos Aires se llenaban de paisanos del interior, gringos recién bajados del barco y porteños de pocos recursos que, quizás para diferenciarse o para generar arraigo, marcaron con impulso propio las nuevas expresiones populares”.

Expresión de su multicausal origen y de la influencia de flujos inmigratorios que no sólo llegaban a Buenos Aires desde afuera sino también desde el interior de nuestra Patria Grande, muchos consideran que el tango de finales del 80 combinaba varios estilos de música. En él estaba involucrada la coreografía de la milonga, el ritmo del candombe y la línea melódica, emotiva y sentimental de la habanera. Pero también recibió influencia del tango andaluz, del chotis y del cuplé, a los que se agregan las payadas puebleras y las milongas criollas, tan distantes de hacer del tango una música metropolitana, como de la ciudad de Buenos Aires una ciudad excluyente y exclusiva.

Al menos no se podrá negar la influencia provinciana en una de nuestras músicas insignes. ¿Homero Manzi, uno de los más grandes poetas del tango, no era de Añatuya, Santiago del Estero, provincia que entregara a Buenos Aires lo mejor de sí y de sus hijos? A Homero Manzi (fundador de FORJA con Jauretche y Scalibrini Ortiz) pertenece aquella idea de que Santiago del Estero no es una provincia pobre, sino empobrecida por causa de ese modelo agroexportador que enriqueció a Buenos Aires y dejó librada a su suerte a las provincias del interior argentino. ¿Son acaso fenómenos inconexos?

Llama también nuestra atención provinciana que una danza, al principio practicada entre varones, le diera a la mujer, por primera vez después del teatro, un lugar de equidad en el mundo hasta entonces excluyentemente masculino.

A partir de esa expresión provinciana, multirracial y arrabalera (antes de ser “ciudadana” y “exclusivamente” porteña), la mujer no sólo sería protagonista necesaria de cualquier historia tanguera, sino que ella misma sería quien la transmitiera a sus congéneres (Pepita Avellaneda, Tita Merello, Azucena Maizani, Libertad Lamarque, Ada Falcón, Mercedes Simone, Rosita Quiroga). En la versión de Expósito, “El entrerriano” fue estrenado por Pepita Avellaneda (Josefina Calatti), considerada la primera cancionista del tango, abriendo un espacio de participación para la mujer que tendría su máxima expresión en la década del 40-50.

Cabe preguntarse entonces: el tango, ¿porteño o nacional? Buenos Aires, ¿“ciudad autónoma” o de todos los argentinos?

 
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