El 1° de mayo desde la perspectiva de género

Por Analía Martoglio

Cuando pensamos en el día del trabajador probablemente se nos vienen a la mente figuras masculinas. Es que esta fecha históricamente conmemora a hombres, los Mártires de Chicago, un grupo de trabajadores sindicalizados que fueron ejecutados en 1886 en los Estados Unidos. Exigían una reducción horaria en sus jornadas laborales, debido a que éstas se extendían hasta casi las 16 horas diarias. La huelga que protagonizaron contó con la participación de más de 80.000 personas y comenzó justamente el 1° de mayo. Luego de una dura represión, algunos de sus dirigentes fueron sometidos a un juicio irregular y condenados a muerte. Años después, en 1889, tuvo lugar en París el Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional, que estableció el 1° de Mayo como el Día Internacional de los Trabajadores, en conmemoración de las jornadas de 1886.

Luego de varias idas y venidas, en Argentina se declaró al 1° de Mayo como feriado nacional en 1976, según la Ley N° 21.329. Pero mucho antes de eso ya hubo personajes que encabezaron luchas obreras en nuestro país, y no fueron solamente hombres.

El día del trabajador es una fecha que nos otorga una buena excusa para replantearnos su significado desde una perspectiva de género. En especial, a la luz de algunos acontecimientos recientes. Con ese propósito podríamos señalar y rescatar la figura de Virginia Bolten, quién, nacida en la ciudad de San Luis en 1876, convirtió su presencia en la escena pública en un hito fundamental para la lucha por los derechos de las trabajadoras.

Fue una activista anarco-feminista, con fuerte presencia en la lucha sindical y política en la Argentina y Uruguay. A los 20 años, en 1890, encabezó la primera movilización del 1° de Mayo realizada en la ciudad de Rosario, portando una bandera negra con letras rojas (colores anarquistas) que rezaban la leyenda “Fraternidad Obrera Universal”.

Ese mismo año, pronunció un discurso revolucionario frente a la Refinería Argentina, la empresa azucarera donde trabajaba, convirtiéndose en la primera mujer oradora en una concentración obrera. Pero ser mujer y anarquista le costó la cárcel, ya que dos meses después fue detenida por difundir propaganda política y acusada de atentar contra el orden social existente.

Lejos de debilitarla, esto reforzó su convicción y comenzó a militar activamente por varias ciudades del país a través de su discurso anarquista, concientizando a la clase obrera y enfatizando la opresión de las mujeres trabajadoras. Desde el periódico “La Protesta Humana” difundió críticas al mercado laboral, que lograron permear en la clase trabajadora oprimida.

Pero su mayor logro fue la fundación del periódico anarco-feminista “La Voz de la Mujer” escrito por y para las trabajadoras, bajo el lema “Ni dios, ni patrón, ni marido”. Fue el primer órgano informativo con tendencia feminista y anarquista que circuló entre las mujeres trabajadoras en los años 1896 y 1897. Se publicaron solamente nueve números, y se difundieron casi de manera clandestina.

El artículo que abría la primera edición, “Nuestros propósitos”, tenía un tono de manifiesto: «Y bien: hastiadas de tanto llanto y miseria, hastiadas del eterno y desconsolador cuadro que nos ofrecen nuestros desgraciados hijos, los tiernos pedazos de nuestro corazón, hastiadas de pedir y suplicar, de ser el juguete, el objeto de los placeres de nuestros infames explotadores o de viles esposos, hemos decidido levantar nuestra voz en el concierto social y exigir, exigir decimos, nuestra parte de placeres en el banquete de la vida». (La Voz de la Mujer, enero de 1896, pág. 1).

La denuncia de este periódico se expandía a la sociedad toda de la época y también a la iglesia, cuestionando el lugar de la mujer en lo laboral, lo religioso, lo social y lo familiar. En sus páginas se identificó la doble situación de explotación de la mujer: como trabajadoras y como esposas, analizando por primera vez la figura del esposo como explotador.

De la trayectoria de Virginia Bolten han quedado los testimonios recogidos por los periódicos “La Protesta Humana”, “La Protesta” y, en especial, en “La Voz de la Mujer”. Su legado dejó una marca en la historia de las trabajadoras argentinas, para que desarrollen sus actividades en condiciones dignas.

Reflexionar todavía hoy

Aunque no parezca necesario, es imprescindible revindicar este tipo de historias en la actualidad, y hay pruebas que lo demuestran. Hace pocos días sucedieron dos hechos que se convirtieron en noticia y dejaron al descubierto que aún hoy, la importancia del lugar de la mujer en el ámbito laboral está lejos de encontrarse resuelto.

En primer lugar, se volvió viral una entrevista realizada a un candidato a camarista en el Consejo de la Magistratura Nacional. Las entrevistas eran de carácter público y de libre acceso para la comunidad, convocadas por la Comisión de Selección de Magistrados y Escuela Judicial en el Concurso 364, y tenían el objetivo de cubrir tres cargos de vocal en la Cámara Federal de Apelaciones de Comandante Luis Piedra Buena, provincia de Santa Cruz.

Vanesa Siley, Consejera de la Magistratura de la Nación y Diputada Nacional, le preguntó al abogado Elián Santiago Smith sobre un concepto feminista: “¿Qué entiende usted como techo de cristal?” Durante varios minutos, en lugar de admitir su ignorancia, el abogado intentó generar una respuesta, la cual terminó siendo altamente compartida en redes sociales.

El concepto “techo de cristal” proviene del inglés “glass ceiling barriers”, y se originó en un discurso de Marilyn Loden en 1978. El término hace referencia a la limitación oculta del ascenso de las mujeres dentro de las organizaciones sociales, dominadas frecuentemente por hombres, un límite invisible que la sociedad ha puesto a las mujeres impidiendo traspasarlo.

No existen leyes oficiales que prohíban el ascenso, pero se observa claramente una desproporcionada limitación en la carrera laboral a las mujeres.

A todos los postulantes se le formularon preguntas relativas a la cuestión de género, y la respuesta de Smith vislumbra cómo se necesita de manera urgente una justicia formada en esta perspectiva. Desconocer conceptos como estos trae consecuencias graves a la hora de resolver judicialmente, lo vemos diariamente en los fallos sobre violencia de género.

El segundo episodio, fue un titular poco atinado de uno de los medios más leídos del país: “Intervención quirúrgica: Apareció un donante y sólo estaban ellas para operar: hicieron historia en Argentina”. Lo que ocurrió fue que dos cirujanas, dos anestesistas, técnicas e instrumentistas fueron quienes realizaron la intervención. Por casualidad, todas eran mujeres y de eso se trató la noticia.

Encabezados de este estilo son los que continúan perpetuando ideas de desigualdad y aunque luego fue editado quitando la palabra “sólo”, la mayoría de los lectores vieron la primera versión, una que destaca la casi mala suerte del donante de llegar, y que sólo hubiera mujeres para atenderlo.

El título manifiesta la desjerarquización y la invisibilización de la mujer en el ámbito laboral, la idea de "soledad" al no estar supervisadas por un hombre cuando se realizó la cirugía.   El concepto de soledad es errado y paternalista e implica la necesidad de las mujeres de ser aprobadas bajo la mirada masculina.

Ambos casos pueden parecer sutiles o poco importantes, pero no deben pasar desapercibidos, debemos señalarlos, analizarlos y reflexionar. Especialmente en una fecha como la del 1° de mayo, es donde debemos poner en jaque nuestras ideas y conceptos arraigados para darle espacio a debates que visibilicen el lugar que las mujeres ocupan en la sociedad y en la actividad económica del mundo. Un lugar clave y esencial que no debe ser ignorado, un lugar que merece ser respetado desde el conocimiento de conceptos feministas, desde los titulares y desde la memoria histórica.

 
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