María Dueñas, entre las costureras y Evita Perón

Por Ana Pérez Cotten

Con un salto temporal que le permitió convertir a Sira Quiroga, la protagonista de "El tiempo entre costuras", en espía y periodista, la escritora española María Dueñas presenta "Sira", la segunda parte de aquel éxito editorial que vendió cinco millones de ejemplares, y asegura que intentó mostrar cómo aquella costurera se transformó "en una mujer empática y resiliente como las que hoy marcan el pulso de nuestra sociedad".

"El tiempo entre costuras" se publicó en 2009 y desde entonces se convirtió en uno de esos éxitos que inyectan cierta vitalidad en el mercado editorial y que, años después, se estudian como fenómeno. Vendió millones de ejemplares, tuvo 70 ediciones, fue traducida a 40 idiomas e inspiró una serie de Antena 3 que volvió a hacer girar la rueda de las reimpresiones. Pero a Dueñas le llevó doce años encarar la segunda parte: la larga promoción del best seller y la producción de la serie la habían agotado: "Sira y yo estábamos cansadas de estar juntas. En aquel momento, no tenía ni la fuerza ni la intención de volver con ella. Por eso decidí seguir escribiendo otras novelas y, con el tiempo, pude retomar la historia", dice.

Por Zoom y desde su casa en Madrid, la autora abordó los prejuicios que enfrenta por el tipo de literatura que hace, su decisión de incluir a Eva Perón como un personaje más en la trama de ficción y cómo recibe las devoluciones que le hacen sus lectores hombres.

- ¿Cómo fue el proceso de escritura de esta segunda parte?

- María Dueñas: La pandemia me sorprendió haciendo las valijas. Tenía pensado viajar al festival Leer, en Buenos Aires, y tuve que suspender todo un día antes. Y ahí empezó el cambio de planes. El encierro absoluto fue muy raro para mí: no viajé, no tuve contacto con los lectores... Pero dentro del horror que significó para mucha gente, debo reconocer que para la novela fue positivo, porque pude escribir en continuado y sin interrupciones. Casi la mitad la formulé durante esa primera etapa de confinamiento. Pero también me di cuenta que aquello de que uno rinde al 200% porque tiene más tiempo disponible no es del todo cierto, porque la preocupación es permanente y eso hace que el estado de concentración no sea el mejor. Con los meses, la novela fue haciendo su camino, salió adelante.

- Sira vive en el mundo de la reconstrucción tras las guerras y se mueve por Jerusalén, Londres, Madrid y, de nuevo, Tánger. También hay algunas escenas en Barcelona durante la llamada "Gira Arcoiris", la visita que Eva Perón hizo a España en 1947. ¿Qué desafíos implicó convertir a una figura histórica en personaje?

- Yo no la busqué, Eva salió a mi encuentro, porque 1947 fue el año de la visita a España, donde yo situaba la acción. España estaba aislada, hambrienta, deprimida, oscura y dejada de lado por el mundo y por la ONU. Éramos como los apestados. Y el único país que tendió una mano fue Argentina, por hermandad y seguramente por cierta afinidad entre los gobiernos. Me documenté mucho sobre el personaje y puse esas referencias al final de la novela. Me interesaba el personaje y la coyuntura histórica y social que envolvió el viaje, más que la Eva de la Argentina, que me cuesta interpretarla porque seguramente me faltan claves. Me convocó la Eva que se plantaba delante de Franco, un tipo que en ese momento mandaba gente al paredón, eran los años más crudos de la dictadura. Ella llegó con su frescura y se plantó delante de Franco, de los obispos y de los militares con una osadía que me llamó mucho la atención. Nadie podía decirle nada porque parecía que en su espalda, de alguna forma, llevaba los cargamentos de trigo para una España hambreada.

- ¿Cómo trabajó la evolución de Sira como personaje?

- A Sira no le pasa como a Mafalda o a Tin Tin, que parecen congelados en el tiempo. Sira crece. Y lo hace de dos maneras, por el cauce natural de la vida que da madurez y lucidez, pero también porque la coyuntura es adversa. Colaborar con el servicio secreto británico no es para cualquiera y ella se va curtiendo. Es una Sira en constante evolución, porque toca fondo y vuelve a emerger. En "El tiempo entre costuras", Sira reaccionaba ante la coyuntura, ahora, en cambio, va tomando las decisiones. Creo que tiene la cabeza más fría.

- Decide y se adapta.

- Sí, Sira es resiliente, quizás no para el tipo de tatuaje que se usa hoy, pero es lo que subyace del personaje. Enfrenta los golpes duros y tiene la capacidad de caerse y volverse a levantar; en una mujer empática y resiliente como las que hoy marcan el pulso de nuestra sociedad". Y saca coraje. Al pensarla, después de escribir la novela, voy descubriendo cosas. Creo que Sira es mucho más parecida a cómo somos las mujeres hoy, haciendo equilibrio entre la familia y lo profesional, lo público y lo privado, en defensa de nuestras aspiraciones. A ella le interesa tener un papel en la sociedad.

- ¿Y por qué decidió que se convirtiera, al menos por algún tiempo, en periodista?

- La radio tenía entonces un papel tan enorme que solo se me ocurre compararlo con el que tiene ahora internet. Y, la verdad es que yo quería despegar a Sira de la costura y el mundo del periodismo, en el que ella no entra del todo, me pareció que era ideal.

- ¿Tiene lectores hombres? ¿Qué devoluciones le hacen?

- Sí, los tengo y me encanta que comenten mis libros. Es cierto que tengo más lectoras mujeres, pero siempre me pareció algo matemático: nosotras leemos más ficción. Cuando un hombre se acerca a que le firme uno de mis libros en una feria, siempre le digo que esa firma vale doble. Suelen ser muy entusiastas y respeto mucho a los hombres que se liberan del prejuicio de creer que ciertas historias son solo para mujeres. Sé que esto no les pasa a todas las autoras, pero conmigo se repite aquella sospecha que hay detrás del combo de editorial comercial, escritora mujer y portada con figura de mujer.

- Su vida cambió radicalmente hace doce años, cuando abandonó su carrera académica como filóloga y se decidió a escribir "El tiempo entre costuras". ¿Qué extraña de la vida universitaria?

- Soy muy adaptativa, pero lo que sí extraño es tener proyectos en equipo. La vida en el aula no tanto, porque ahora tengo contacto con los lectores. Pero en aquel momento tenía mi cargo trabajos de investigación, perseguimos un trabajo en común junto a otros colegas. Ahora mi trabajo es muy solitario y, sí, soy muy autónoma, navegar juntos por un objetivo compartido es algo extraño.

- Su formación es académica y lleva más años de lectora que de escritora. ¿Cómo se define como lectora?

- Sigo leyendo con cierta avidez, de todo, muy variado. A veces, de a tres libros a la vez. El último libro que me conmovió fue "Feria" de Ana Iris Simón. Es una historia breve pero que creo que da cuenta de un fenómeno que se está dando en todo el mundo y que durante la pandemia se ha vuelto muy presente: habla de aquellos desencantados con la vida en la ciudad y que deciden mudarse a una casa medio deshecha en el medio de la nada. A veces los motivos son ligeros y a veces, no. Son muchos los que se están preguntando hasta qué punto nos han engañado para convencernos de vivir en ciudades donde evidentemente todo es más complejo.

 
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