Las obras creadas y publicadas en 1930 por algunos de los nombres más influyentes del arte moderno, la literatura, el pensamiento y el cine ingresaron oficialmente al dominio público en 2026, lo que habilita su reproducción, difusión, adaptación y reutilización sin necesidad de autorización de los titulares de derechos, con las salvedades que establece la legislación vigente. El fenómeno, que se repite cada año, vuelve a reconfigurar el mapa de la cultura disponible y amplía el acceso a producciones clave del siglo XX.
En Estados Unidos, donde se rige buena parte del mercado cultural global, la normativa establece que los derechos de autor expiran, en términos generales, a los 95 años desde la publicación, siempre que no hayan sido renovados. De este modo, en 2026 quedaron liberadas las obras publicadas en 1930 cuya protección no fue prorrogada, un proceso que es seguido de cerca por el Centro para el Estudio del Dominio Público de la Universidad de Duke.
Según explicó el crítico Alex Greenberger en un análisis para ARTnews, esta liberación abre nuevas posibilidades para museos, investigadores, artistas, editores y educadores, aunque también presenta complejidades legales. En la mayoría de los casos, la entrada al dominio público alcanza a la obra original, pero no necesariamente a las reproducciones fotográficas en alta resolución, que suelen estar protegidas y gestionadas por museos, archivos o patrimonios de los artistas.
Entre los hitos más relevantes se encuentra La edad de oro, la película surrealista realizada por Salvador Dalí junto a Luis Buñuel, considerada una obra clave del cine sonoro por su narrativa fragmentada, su potencia visual y su carácter provocador. Estrenada en 1930 en Francia, la película es una de las colaboraciones más influyentes entre el cine y las vanguardias artísticas del siglo XX.
En el campo de las artes visuales, ingresó al dominio público Composición con rojo, azul y amarillo, de Piet Mondrian, una de las obras emblemáticas de la abstracción geométrica y del uso de colores primarios, estrechamente vinculada a colecciones museísticas europeas y al mercado internacional del arte. También quedó liberado el mural Prometeo, de José Clemente Orozco, realizado para el Pomona College de California, donde el artista mexicano plasmó una visión crítica y humanista del mito clásico, en diálogo con los conflictos sociales y políticos de su tiempo.
La lista incluye además a la artista Sophie Taeuber-Arp, cuya obra Composición, hoy parte de la colección del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA), amplía su visibilidad a partir de la liberación de los derechos, y al pintor Paul Klee, con Tier Freund Schaft (Amistad animal), conservada en el Museo Reina Sofía, una pieza representativa de su imaginario simbólico y poético.
El dominio público de 2026 no se limitó a las artes plásticas. En fotografía, las imágenes de moda realizadas por Edward Steichen para la revista Vogue en 1930 quedaron disponibles para su reutilización, lo que permite revalorizar su influencia en la construcción de la fotografía editorial contemporánea.
También alcanzó a la literatura, el pensamiento y el entretenimiento popular. Ingresaron al dominio público la novela Mientras agonizo, de William Faulkner; el ensayo El malestar en la cultura, de Sigmund Freud; y la película Animal Crackers, de los Hermanos Marx, entre otros títulos fundamentales de la cultura occidental.
Un capítulo aparte lo ocupan los personajes animados: versiones tempranas de Betty Boop y Pluto también quedaron liberadas, lo que permite su uso creativo bajo las condiciones específicas que rigen cada caso, especialmente en relación con las versiones posteriores aún protegidas.
Aunque persisten zonas grises vinculadas a fechas de publicación, renovaciones de derechos y usos de reproducciones, la entrada de estas obras al dominio público representa un avance significativo para la difusión cultural y abre la puerta a que creaciones emblemáticas del siglo XX sean redescubiertas, reinterpretadas y resignificadas por nuevas generaciones.









