El hierro es un testigo silencioso. En manos de Marcelo Caliva, herrero y escultor autodidacta de 55 años, el metal deja de ser un material estructural para convertirse también en una forma de expresión. Caliva pertenece a una tercera generación de metalúrgicos de origen árabe y construyó su oficio entre el calor de la fragua y la exploración artística, sin haber pasado jamás por una academia de bellas artes.
Durante sus primeros años, muchas de sus obras quedaron anónimas porque no las firmaba. Sin embargo, esas piezas comenzaron a abrirle puertas. Hace unos años lo invitaron a participar de su primer simposio de escultores, donde empezó a destacarse y a recibir premios. Su carrera comenzaba a tomar impulso, hasta que la pandemia interrumpió ese recorrido.
Aunque hoy reparte sus jornadas entre la forja de capiteles y la construcción de techos en el Instituto Manuel de Falla de Alta Gracia, su nombre aún no quedó inmortalizado, quizás por su bajo perfil. Allí trabajó durante siete años en los tres edificios que conforman el colegio y realizó desde portones, rejas, techos y capiteles hasta ventanas y pupitres. Su historia también está ligada a dos obras singulares que hizo con sus propias manos: una fragata suspendida en un balcón de Córdoba y un coloso móvil inspirado en los diseños de Leonardo da Vinci.
Techo del Instituto Manuel de Falla.La fragata suspendida de la calle Santiago del Estero
Mirar al cielo en la ciudad de Córdoba puede revelar secretos. Durante años, los transeúntes que caminaban por el centro se sorprendían al alzar la vista y descubrir, suspendido sobre las barandas de un quinto piso en Santiago del Estero 101, un barco de metal que parecía flotar contra el fondo de ladrillos vistos. La incógnita sobre su origen e intención encendió debates en el grupo Paparazzi de Arquitecturas, donde los vecinos se preguntaban quién y por qué había puesto semejante navío en las alturas.
La idea surgió de un arquitecto cliente de Caliva, que quería una obra particular para uno de sus edificios. Marcelo fue el encargado de convertir ese pedido en hierro. La posibilidad encontró, además, un marco en una normativa municipal que por entonces promovía la incorporación de obras de arte en los nuevos edificios de Córdoba.
Se trataba de la Ordenanza Municipal Nº 8545, sancionada el 17 de julio de 1990 y promulgada el 3 de agosto de ese año mediante el Decreto Nº 933-A-1990. La norma establecía que los nuevos edificios públicos y privados destinados a viviendas colectivas u oficinas debían incorporar al menos una obra de arte original de un artista nacido o residente en la provincia. A cambio, los desarrolladores podían acceder a una exención del impuesto inmobiliario de entre tres y seis bimestres.
Pero la fragata tiene una particularidad. En Córdoba, este tipo de obras suele ubicarse dentro de los edificios, en sus espacios comunes. Esta, en cambio, quedó suspendida en un balcón y a la vista de cualquiera que pasara por la calle. Por entonces, Caliva venía de ganar un simposio de escultura con una pieza singular que él mismo describe como “una luna con mezcla de barco vikingo”. El arquitecto le pidió algo en esa línea, Marcelo tomó aquella referencia y la transformó en una fragata.
Fiel al lema que heredó de su padre, “si se puede dibujar, se puede construir”, Marcelo esbozó la embarcación en un trozo de papel y se puso a trabajar. La construcción le demandó entre 25 y 30 días, con jornadas de hasta 12 horas diarias. En diálogo con este medio, estimó que la fragata tiene entre 27 y 30 años. Lo calculó a partir de un recuerdo familiar porque la había fabricado cuando su hija Priscila era todavía muy pequeña. En aquel momento no tenía dimensión del valor que podía adquirir su trabajo. Sus esculturas eran, para él, objetos hechos sin demasiadas pretensiones, “como si fueran un canasto de basura”.
Dejó preparados los anclajes de hierro en el edificio, pero nunca asistió al montaje final ni vio cómo subían el barco hasta el quinto piso. Tampoco dejó su nombre. La obra sigue allí, décadas después, pero todavía sin una firma que indique quién la hizo.
Hasta que los vecinos empezaron a buscar al autor y la historia volvió sobre sus pasos. El hallazgo también hizo que Marcelo volviera a pensar en aquella obra que durante años permaneció anónima. Ahora, como una posibilidad, imagina pedir permiso al consorcio para colocar una placa de bronce y dejar allí su nombre. “Después aprendí, comprendí trabajando con escultores, lo necesaria que es la firma, porque trasciende en el tiempo”, explicó.
Una escultura alusiva a Leonardo Da Vinci
En 2019, con motivo del V Centenario de la muerte de Leonardo da Vinci, el Consulado General de Italia en Córdoba, el Instituto Italiano de Cultura, la Agencia Córdoba Cultura y el Centro Cultural Córdoba organizaron un homenaje al artista e inventor italiano. Después de conocer el trabajo de Caliva en un simposio de escultura en el que había resultado ganador, lo convocaron para construir una pieza a partir de los diseños de Leonardo. Para realizarla, trabajó junto a su primo, el también herrero de Alta Gracia Duilio Heredia.
El resultado fue una estructura que reúne varios de los inventos de Leonardo. En el centro aparece el Hombre de Vitruvio, sobre una base inspirada en el Barco Escorpión. La composición también incorpora el tornillo aéreo, un ornitóptero y dos grandes hélices. Caliva y Heredia construyeron una estructura de 7,5 metros de altura, diseñada para poder desmontarse y trasladarse por partes. En su interior incorporaron un mecanismo que permite que toda la pieza realice un giro de 360 grados en cuatro minutos y medio.
La concepción del proyecto llevó cuatro meses. El armado final tuvo que resolverse en apenas un mes y medio. Durante ese período, los dos herreros trabajaron hasta 16 horas por día para llegar a tiempo a la inauguración y terminaron la obra apenas un día antes de la presentación.
El traslado desde Alta Gracia hasta Córdoba también presentó sus propios desafíos. Las piezas fueron cargadas en un camión y llevadas hasta el Centro Cultural Córdoba, donde descubrieron que no podían soldar dentro de la sala porque las chispas podían activar los detectores de humo. Entonces armaron el barco en un patio exterior, a unos 30 metros del espacio de exposición, y lo ingresaron por partes.
La escultura fue inaugurada el 22 de noviembre de 2019 como parte de la muestra internacional El ingenio italiano – desde Leonardo a Italia en el espacio. Permaneció en el Centro Cultural Córdoba hasta el 11 de diciembre y luego fue trasladada a Jesús María. Más tarde llegó a Alta Gracia, donde se instaló en el exterior del Cine Monumental Sierras. Finalmente, durante la pandemia, fue trasladada a la Municipalidad de Villa General Belgrano, donde permanece actualmente.
Crear también cuesta
El contexto económico también había cambiado la manera en que Caliva podía dedicarse al arte. Hacer una obra requiere tiempo y, para él, hoy resulta difícil producir varias esculturas sin tener un encargo previo. Según explicó, hacer una serie de esculturas para una exposición y esperar después a venderlas requiere una capacidad económica que hoy no tiene.
A eso se suma, según su mirada, la falta de respaldo que atraviesa actualmente al sector artístico. Caliva contó que antes existía un acompañamiento que permitía a los artistas desarrollar sus proyectos y que, con el tiempo, ese apoyo se fue perdiendo.











Ahora se entiende la utilidad del Faro del Bicentenario, con tanto barco navegando por la docta.- Felicitaciones a CALIVA por su arte-