El 15 de enero de 1976 se produjo un quiebre en la industria fonográfica mundial. Con el lanzamiento de Frampton Comes Alive!, el británico Peter Frampton no solo logró el éxito personal, sino que elevó el formato de álbum en directo a la cima del mercado. A 50 años de aquel debut, la obra mantiene su vigencia con más de 13 millones de copias vendidas y el título del disco de concierto más exitoso de todos los tiempos.
La génesis del proyecto fue casi fortuita. En 1975, Frampton —que arrastraba una carrera solista discreta— presentó a A&M Records un extracto de sus presentaciones. Fue el cofundador del sello, Jerry Moss, quien visualizó el potencial masivo al pedir «el resto» del material para convertirlo en un LP doble. Aquella apuesta incluyó versiones definitivas de clásicos como «Show Me the Way» y «Baby, I Love Your Way», canciones que pasaron de ser temas de estudio ignorados a auténticos himnos radiales.
Un ascenso meteórico y voraz
La respuesta del público fue un fenómeno de velocidad inédita para la época: en Estados Unidos, alcanzó el estatus de disco de oro en solo 16 días. El escritor David Quantick ilustró su omnipresencia definiéndolo como “el bacon double-live cheeseburger que se comió al mundo”. Gracias a este impacto, Frampton pasó de escenarios modestos a congregar multitudes de 100.000 personas en estadios como el John F. Kennedy de Filadelfia.
Sin embargo, el éxito trajo consigo una vorágine de excesos y malas decisiones. Mientras el músico visitaba la Casa Blanca o recibía su estrella en Hollywood, su realidad financiera era crítica. Años más tarde, el artista reconoció que percibió “mucho menos de lo que la gente cree”, denunciando un manejo caótico de sus ingresos que derivó en la pérdida de millones de dólares.
El declive y el legado técnico
La presión por igualar el suceso afectó su producción posterior. Su siguiente trabajo, I’m in You (1977), no logró sostener el nivel de ventas y un accidente automovilístico en las Bahamas ese mismo año marcó el inicio de una etapa oscura para su salud y su carrera.
A medio siglo de su publicación, el legado de Frampton Comes Alive! trasciende las cifras. Reivindicó el uso del «Talk Box» (el efecto de guitarra que simula la voz humana) y demostró que la electricidad de un show en vivo podía capturarse con fidelidad técnica en un vinilo. Hoy, Frampton sigue en actividad, custodiando el testimonio de una era donde la música grabada sobre el escenario logró capturar, definitivamente, el pulso de una generación.









