Podría decir, parafraseando al maestro: quería escribir una crónica que no fuera igual a otras crónicas, porque las crónicas más lindas ya fueron escritas. Relatos de noches increíbles, de encuentros memorables, de sorpresas que nos conmueven en recodos inesperados.
Y quería escribir la crónica perfecta porque la noche del pasado viernes se lo merecía: una atmósfera armoniosa, en una sala colmada y atenta, donde las buenas maneras y ciertos códigos todavía son importantes.
En ese clima de saludable expectativa, puntual y oportuno, el maestro caminó los pocos pasos que lo separaban del escenario, empeñado, vital. No fuimos pocos los que además de aplaudir, nos emocionamos. Sabido es que, en agosto de 2023, sufrió un accidente muy severo (quebradura de húmero y rótula) y aún es palpable una dificultad en su traslado. Saludó, con cierta timidez, y arrancó.
Después nos contó que tras aquel duro parate, pudo salir de nuevo a tocar. Viene de hacer, en el último año, ¡Cien presentaciones! Y lo refirió en ese tono sereno pero dinámico que le conocemos.
También mencionó que en este tipo de conciertos -donde alterna el piano, la guitarra y los teclados en versiones despojadas- utiliza sus cuadernos y desempolva títulos que en salas más grandes se hace difícil compartir. Público y artista se trasfunden entusiasmo. Para cuando suena la “Canción del horizonte” –“hay días en que quisiera ser como el viento, sin conciencia ni espera”- se palpita una suerte de celebración recíproca. Y se disfruta.
Repertorio de lujo
Tocó recientemente en Uruguay, y el del viernes fue el primero de tres conciertos en la provincia de Córdoba. El artista va tomando vuelo, recorriendo sus diversas etapas, en una larga carrera que empezó hace más de 60 años: pasaron estaciones como Los Gatos Salvajes, Los Gatos, Huinca, su carrera solista. El tiempo del exilio en México sobre el que hará una mención. A su regreso, la creación de Melopea. El trabajo con la obra propia y con la de tantos artistas que pasaron por el sello.
Y mientras tanto, la música, que ilustra esa historia densa y profunda. En un texto publicado por Melero y Álvarez Núñez (2011), Nebbia formula dos precisiones que honra en cada presentación: 1) las canciones deben describir la idiosincrasia de cada lugar, como lo hicieron los tangueros en los 40/50 y los rockeros en los 60/70; 2) El compositor, al auto-acompañarse, gana en intimidad y precisión. Y elige, del manantial que ofrecen sus más de 1300 composiciones, canciones como “En la quietud de la noche” -“Pido perdón por mi llama / Se ha declarado rebelde / Mi corazón que no piensa”, “Blues del Día” –“no preciso que me expliquen / ni me cuenten cómo amanecerá mañana / para mí el día está bueno cuando arranco a soñar”, “El niño y el mar”-una de sus primeras canciones según reveló-; o composiciones en equipo como “La ventana sin cancel” -la letra es de Mirtha Defilipo, versionada por Juan Carlos Baglietto o los Súper Ratones entre otros-, “Más que loca” -“quien te aceptará / quién comprenderá / que una mujer también puede elegir”, interpretada por Silvina Garré-, “Ayer nomás” -original de Moris y Pipo Lernoud, grabada por Los Gatos- o “Cuando yo me transforme”.
El show pasó volando y el artista hizo su advertencia: el fin se acerca. Llegaron “Nuevo Plan” –“Y ahora que estás sereno y tranquilo / No dejes que nadie te ofenda o te quiera cambiar … / Explora la vida, disfrútala toda / Que tiene más cosas, que lo que te quieren vender” y una evocación a Pedro Laurenz y José María Contursi, que en 1940 compusieron el tangazo “Como dos extraños” (impecable versión de Litto, al piano). Una joya como “Está en tus manos” –“no es cierto que la vida pase así / sin avisar …” se engarzó con el clásico de clásicos “La Balsa”. Quedó espacio para “Si te vas” y más inoxidables como “Viento dile a la lluvia” y “El rey lloró”. Cerrando con una versión increíble de “Sólo se trata de vivir”, esa canción compuesta camino a Aguascalientes y que grabó pocos meses después, en un estudio de Manhattan: “lógicamente sin pensar la trascendencia internacional que iba a tener. Así pasa a veces con la música” diría en su libro Las letras de Nebbia (2021).
Aplaudiendo de pie, y resignado a no poder cronicar tanta intensidad, me digo que no se trata sólo de un buen catálogo o de una biografía ilustre. Estamos frente a una genuina manera de ser en el mundo. A sus casi 78 años, Nebbia mantiene intacta su convicción. Quizá por eso la emoción de todos, que lejos de la nostalgia, es reconocimiento. Sus melodías, que también son nuestras, confirman que Litto, no recorre el camino, lo encarna. Por llevarlo, literalmente, grabado en la piel. ¡Gracias maestro!
Obras discográficas mencionadas:

(1974)









