Diego Palma cumplió el sueño que persiguió durante más de una década. En la Copa del Mundo de Taekwondo ITF, disputada en Benidorm, España, entre el 28 de septiembre y el 3 de octubre, el cordobés se consagró campeón mundial individual y completó una historia de perseverancia, pasión y dedicación a las artes marciales.
El título llegó después de cinco rondas frente a representantes de Noruega, Ucrania, Paraguay, Chile y Rumania, a quien enfrentó en la final. En una categoría que reunió a 30 competidores, Palma fue el único argentino y consiguió quedarse con el primer puesto en un certamen que convocó a unos 2.700 deportistas de 57 países.
“Para mí significa todo. Es un logro muy importante y muy difícil de concretar”, expresó Diego, quien reconoció que tomó verdadera dimensión de lo conseguido varios días después de la competencia, a partir de los llamados, los mensajes y las muestras de cariño que recibió.
La consagración tuvo un valor especial por el camino recorrido. Su primera Copa del Mundo fue en Jamaica, en 2014, donde obtuvo el segundo puesto. Dos años después, en Hungría, quedó eliminado en cuartos de final y sufrió una lesión en la rodilla. En 2024, en Mar del Plata, volvió a ser subcampeón individual, aunque logró coronarse en la modalidad por equipos.
“Lo venía buscando y se termina dando de la mejor manera, en Europa, con muchos competidores y siendo el único argentino”, resumió.

Una final para cerrar la cuenta pendiente
Cada combate exigió concentración hasta el último segundo. En el taekwondo, explicó Palma, una patada, un golpe o una penalización pueden cambiar el resultado en cualquier momento. Sin embargo, la final fue la pelea que más lo exigió, no solo por el nivel del rival, sino también por todo lo que representaba.
“Tenía la espina de que tenía que darse y que no tenía que equivocarme. Mantuve la diferencia en la final, que son dos rounds, y la supe aguantar, algo que en otras oportunidades se me escapaba”, contó.
A diferencia de otras competencias internacionales, esta vez Diego pudo viajar acompañado por su esposa y sus dos hijas. La posibilidad de compartir el momento con su familia hizo que la consagración tuviera un significado todavía más profundo.
“Muchas veces estos viajes son muy caros y todo es muy amateur, muy a pulmón. No teníamos oportunidad de viajar todos. Ahora se dio que terminé consagrándome con toda mi familia en la tribuna, mirándome y alentándome”, recordó.
Un año de preparación entre el trabajo, las clases y el entrenamiento
Detrás de la medalla hubo una preparación que se extendió durante un año y que exigió organizar cada jornada para encontrar tiempo para entrenar. Palma trabaja por la mañana, da clases por la tarde y también se desempeña como árbitro de básquet, una actividad que comparte con su pasión por el taekwondo.
La combinación de responsabilidades no siempre fue sencilla. El cansancio y las obligaciones cotidianas podían convertirse en obstáculos, pero la motivación por competir lo ayudó a sostener el ritmo. Además, su tarea como instructor le permitía mantenerse en movimiento y practicar técnicas durante las clases.
“Muchas veces estás cansado y no tenés ganas, pero la pasión por el entrenamiento hace que uno siga y esté siempre preparado”, explicó.

El esfuerzo también estuvo atravesado por el carácter amateur de la disciplina. Los viajes internacionales implican gastos importantes y requieren un esfuerzo económico y familiar. Por eso, la posibilidad de viajar a España acompañado por su esposa y sus dos hijas fue uno de los aspectos más significativos de esta experiencia.
Su familia no solo estuvo presente en la tribuna durante la competencia, sino que también fue un sostén fundamental durante todo el proceso. “Mi familia es mi pilar, es todo. Si no fuese por ese apoyo, yo no estaría hoy hablando con vos”, afirmó.
Más de 20 años formando taekwondistas en Córdoba
La historia deportiva de Palma está estrechamente ligada al Centro Deportivo Rafael Núñez, ubicado en avenida Alem 544 y perteneciente a la Agencia Córdoba Deportes. Allí, junto a su hermano Marcelo, enseña taekwondo desde hace más de dos décadas.
En ese espacio histórico del deporte cordobés, Diego combina su preparación como competidor con el trabajo cotidiano de instructor. Su vínculo con el taekwondo excede la práctica individual: es una actividad que comparte con su hermano, sus hijas y otros integrantes de su familia.
“En mi casa el taekwondo es la palabra que más se habla. Es mi segunda familia, es todo”, afirmó.
Las clases se desarrollan de lunes a viernes, de 18 a 22, con grupos de distintas edades y niveles. Palma destacó que, más allá de la competencia, busca que los más chicos disfruten del aprendizaje y construyan vínculos. “Les transmito que tomen la competencia como un juego, que vayan, se diviertan y que, más allá de la medalla, lo importante sea hacerse amigos”, señaló.
El profesor reconoce que competir en un deporte de contacto puede generar nervios y presión, tanto en los chicos como en sus familias. Por eso, intenta que los primeros pasos estén marcados por el disfrute y la experiencia compartida. A medida que crecen, los alumnos pueden elegir si quieren profundizar en el camino competitivo.

Un título que también se comparte
La delegación que viajó a España estuvo integrada por Diego y tres de sus alumnos, mientras que Marcelo acompañó al equipo como entrenador. Los cuatro regresaron con medallas y pudieron subir al podio.
Maximiliano Gugliotta consiguió el tercer puesto en su segunda experiencia internacional, mientras que Francisco Bonaldi volvió a ser subcampeón del mundo, esta vez en la modalidad por equipos.
Los resultados de sus alumnos fueron una alegría adicional para Palma, que encontró en la competencia una oportunidad para compartir el trabajo de tantos años. El recibimiento en Córdoba también tuvo un significado especial: sus alumnos y sus familias lo esperaron con globos y una bandera.
“Les vi la cara y fue una motivación, sin duda, tanto para los más chicos como para los más grandes”, relató.
El impacto de su consagración llegó incluso a quienes habían dejado de entrenar por las exigencias del trabajo, el estudio o la vida cotidiana. Algunos le escribieron para decirle que su logro los había motivado a regresar. “Me mandaron mensajes diciendo: ‘Has sido un ejemplo, voy a seguir, voy a volver, voy a retomar’. Sin duda que termina siendo un ejemplo”, contó.
El próximo sueño: formar a un campeón mundial
Después de alcanzar el título que le faltaba, Diego ya tiene una nueva meta. Esta vez, el sueño no es individual: quiere acompañar a uno de sus alumnos hasta lo más alto del podio. “Ahora lo que me motiva es poder tener un campeón mundial propio, un alumno que salga campeón del mundo”, aseguró.
El camino continúa. Palma y su equipo ya tienen organizado el viaje a Misiones para participar en uno de los torneos clasificatorios al Mundial de Taekwondo ITF que se disputará el año próximo en Paraguay. En Argentina habrá tres competencias de este tipo y los deportistas buscarán sumar puntos para obtener su lugar en el certamen internacional.
Con más de 20 años de enseñanza, una trayectoria internacional y una familia que lo acompaña en cada paso, Palma encontró en su consagración una nueva manera de mirar el taekwondo: no solo como una disciplina para alcanzar metas personales, sino también como un camino para ayudar a otros a cumplir las suyas.
Y para quienes todavía no se animaron a dar el primer paso, dejó una invitación: “Sé que no es una actividad masiva como el fútbol o el básquet, pero está en auge y es un deporte que enamora. Puede venir cualquiera, no hay edad para arrancar”.









