El consumo de carne vacuna en la Argentina cayó a 46 kilos por habitante al año, el registro más bajo desde que comenzaron las mediciones en 1914. La tendencia refleja un cambio profundo en los hábitos alimentarios, impulsado por el encarecimiento relativo de los cortes bovinos, las limitaciones de la producción ganadera y el avance de otras carnes, en particular el pollo y el cerdo.
Según datos de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA), el consumo totalizó 1,37 millones de toneladas de res con hueso entre enero y agosto de 2026, una caída del 11,3% frente al mismo período del año pasado. El promedio móvil de los últimos doce meses se ubicó en 46 kilos por persona.
El retroceso se profundizó respecto de los niveles históricos. A fines de la década de 1960, el consumo superaba los 80 kilos anuales y llegó a 84 kilos por habitante. En 2023, había descendido a 49 kilos, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) recopilados por Argendata, de Fundar.
Una producción que no logra crecer
La oferta ganadera es uno de los factores que explican la caída. En 2024, la producción de carne vacuna alcanzó 3,18 millones de toneladas, un volumen prácticamente igual al de 50 años atrás. Mientras la población creció, la disponibilidad de carne bovina no acompañó ese ritmo.
El informe de Argendata atribuye el estancamiento a la competencia por el uso de la tierra con la agricultura y a la incertidumbre macroeconómica, que dificulta las inversiones de largo plazo. También señala el impacto de las restricciones a las exportaciones y de las sequías, que contribuyeron a reducir el rodeo ganadero.
El pollo y el cerdo ganan terreno
En paralelo, las carnes alternativas ampliaron su presencia. La producción avícola se multiplicó por 64 entre 1961 y 2024, hasta alcanzar 2,3 millones de toneladas. Las mejoras en genética, nutrición y sanidad elevaron la productividad y redujeron los costos.
El cambio también se refleja en el consumo: el pollo superó los 45 kilos por habitante al año y la carne porcina pasó los 17 kilos en 2023. La diferencia de precios frente a la carne vacuna favoreció la sustitución, especialmente cuando los cortes bovinos se encarecieron en términos relativos.
La Argentina mantiene un consumo elevado de carnes
La caída de la carne vacuna no implicó una reducción equivalente del consumo total. En 2023, los argentinos consumieron 122,7 kilos de carnes de origen animal por habitante, uno de los niveles más altos de la región y comparable con el promedio de los países de ingresos altos.
La transformación, sin embargo, modificó el lugar histórico de la carne bovina en la mesa local. Aunque la Argentina continúa liderando el consumo mundial per cápita de carne vacuna, su participación en la oferta total de carnes se redujo frente al crecimiento del pollo y el cerdo. A su vez, la menor demanda interna permitió destinar una proporción mayor de la producción al mercado externo.









