El Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas (IETSE) presentó su «Informe Económico y Social» correspondiente a marzo de 2026, arrojando cifras que muestran una consolidación del deterioro del poder adquisitivo en la provincia. Según el relevamiento, la inflación mensual se ubicó en el 3,3%, acumulando un 9,2% en el primer trimestre del año y una variación interanual del 33,1%.
Para que una familia tipo de cuatro integrantes no caiga por debajo de la Línea de Pobreza, en marzo necesitó ingresos por $1.828.629 (Valor de la Canasta Básica Total). Por su parte, la Línea de Indigencia se situó en los $1.008.414, monto mínimo para cubrir la Canasta Básica Alimentaria (CBA).
El rubro de «Alimentos y bebidas no alcohólicas» subió un 3,6% en el mes, impulsado por incrementos en productos esenciales como el azúcar (+7%), lácteos (+5%) y aceites (+4%). Sin embargo, el golpe más fuerte a la estructura de costos provino de los combustibles, que aumentaron un 23% promedio durante marzo.
El dato más alarmante del informe es que el 56,7% de los hogares cordobeses no logró acceder plenamente a la Canasta Básica Alimentaria. La precariedad es tal que, incluso entre quienes sí cubrieron sus necesidades alimentarias, el 71,2% dependió de asistencia estatal (como AUH o Tarjeta Alimentar) para lograrlo.
La crisis se traduce en privaciones físicas concretas en las mesas cordobesas:
- 52,6% de las familias redujo la cantidad de comidas, eliminando principalmente la cena.
- 31,8% de los integrantes de hogares sintió hambre pero no comió por falta de recursos.
- 11,2% llegó al extremo de comer solo una vez al día o dejar de comer durante todo un día.
El informe también pone el foco en cómo los ciudadanos financian su subsistencia. Un 88,3% de los hogares debió financiar la compra de alimentos mediante el uso de tarjetas de crédito (38,4%), el «fiado» en comercios de cercanía (39,8%) o préstamos (10,1%).
Desde el IETSE marcaron una fuerte contradicción entre estos datos y las recientes declaraciones del Ministro de Economía, Luis Caputo, quien vinculó el uso del crédito a un proceso de «normalización» económica. El instituto advierte que, lejos de ser una decisión planificada, el endeudamiento en Argentina funciona hoy como un «mecanismo defensivo o de supervivencia» frente a la caída del 8,1% interanual en el volumen de ventas minoristas de alimentos.
«Negar o relativizar estos indicadores no solo limita la comprensión del problema, sino que también posterga la implementación de respuestas adecuadas», concluye el informe, subrayando una brecha cada vez mayor entre la realidad de las familias cordobesas y la narrativa oficial.









