Erotofobia: ¿Qué es y cuáles son las causas del miedo al sexo?

Tiene que ver con las expectativas, el propio pasado y la presión social

 Si bien el sexo puede considerarse como una situación placentera, en ocasiones también es fuente de ansiedad y preocupación.

Las relaciones íntimas siempre han sido un tema natural, considerado banal, que poco a poco se ha ido normalizando, pero sobre las que aún siguen existiendo factores que pueden presionar y atemorizar.

Esa misma "normalización" a la que se somete el tema y que se ha extendido en la sociedad puede influir y ser responsable de cierta presión, directa e indirecta, especialmente entre las personas más jóvenes.

La sociedad inculca expectativas sobre las relaciones sexuales que supone una presión añadida. Y es esa misma presión y obligación la que puede hacer crecer miedos, bloqueos, e incluso llegar a crear una fobia.

No querer encontrar el momento íntimo idóneo con la pareja, buscar excusas para evitar las relaciones u obligarse a uno mismo a "hacerlo" para no hacer sentir mal a la pareja son ejemplos de conductas que podrían acabar por desembocar en un problema de erotofobia o miedo al sexo.

Los síntomas

En ocasiones, se puede padecer este miedo a las relaciones sexuales de manera inconsciente o sin darle la importancia que tiene. Por ello, la psicóloga Júlia Pascual explica cómo distinguirlo a través de una lista de ‘síntomas' habituales.

Se puede tener fobia al sexo si se tiene miedo a las relaciones sexuales, no con una persona en particular, sino con el hecho de intimar, aun si se está enamorado de alguien.

Otro síntoma tiene que ver con sentirse incómodo, intimidado o aburrido con cualquier tipo de contacto físico íntimo. En casos extremos, se puede sentir hasta repulsión a cierto tipo de contacto, y pensar en ello como sucio o peligroso para la salud.

También puede darse que los juegos previos generen sentimos rechazo al pensar en iniciar la relación íntima. Las relaciones sexuales pueden resultar una obligación y hacer sentir mal por “no cumplir”.

Otro síntoma puede llegar a ser no tener pareja y evitarlo a toda costa.

La causa

Irene Bedmar, psicóloga y sexóloga, afirma que la erotofobia suele acompañar a determinados perfiles de personalidad con tendencia a otros miedos, inseguridades o fobias en la mayoría de los casos.

En el pasado de estas personas, explica, se puede encontrar un aprendizaje que se produce progresivamente -en algunos casos desde la adolescencia- o a raíz de un impacto directo traumático a nivel sexual. No tiene que ser algo grave, pero sí significativo emocionalmente -como por ejemplo ser descubierto por el padre o la madre-, o la suma de relaciones sexuales insatisfactorias.

Según Bedmar, se puede hablar de tres perfiles diferentes entre los casos de erotofobia, según el origen del miedo o del mal aprendizaje sexual: los más emocionales, los más cognitivos y los más fisiológicos. En cualquier caso, afirma, es necesario diferenciar entre apatía o desgana -la falta de deseo sexual o la desmotivación por el sexo-, rechazo mental, y aversión o fobia, donde se habla de un miedo incapacitante que impediría completamente disfrutar del sexo de forma satisfactoria.

Bajo el miedo o fobia al sexo subyacen diferentes temores o submiedos:

Miedo al fracaso. Pueden aparecer pensamientos derivados del miedo a no alcanzar un orgasmo o erección, o a perder esta última. La preocupación lleva a la paradoja de que, cuanto más se busca, menos se encuentra.

Miedo a no estar a la altura o a decepcionar a la pareja. Esto se refiere a cómo debería ser, cómo se debe comportar alguien en una relación. Esto a veces lleva a la autoexigencia displacentera.

Miedo al dolor de la penetración o a ser dañado en alguna parte sensible. O miedo a hacerle daño a la pareja.

Miedo a mostrar alguna parte del propio cuerpo.

Miedo a perder el control, a hacer el ridículo por falta de experiencia o a sufrir por anteriores relaciones que no fueron bien. Paradójicamente, el exceso de control hace caer en el descontrol o en el bloqueo de la cosa deseada, provocando así el efecto contrario.

¿Cómo evitar o superar el temor?

Para prevenir este miedo al sexo, Irene Bedmar recomienda tener una información sexual de calidad y con rigor científico, evitar caer en creencias sexuales irracionales y perjudiciales para nuestra salud mental y sexual y, sobre todo, no tener temor a explorar y a aprender.

La sexóloga recomienda actividades como la sexualidad tántrica o, simplemente, aprender a reconectar con el propio cuerpo de un modo no exigente sexualmente, "desde el mimo y la caricia", para ayudar a prevenir este miedo.

En caso de padecer erotofobia, es recomendable acudir a un profesional que ayude y supervise la terapia. Como técnica habitual en el tratamiento de cualquier fobia, Bedmar explica que en la sexología clínica se aplica la técnica de desensibilización sistemática, la aproximación sucesiva de la persona a situaciones relacionadas con su miedo para reducir la ansiedad y las conductas motoras de evitación ante determinados estímulos.

 

Fuente: quo.es

 
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