Las luces no terminaban de apagarse cuando los aplausos dieron paso a la música. Exactamente a las 20.38 del sábado, Cultura Profética subió al escenario de Quality y desde el primer acorde de “En Bucle” quedó claro que la noche iba a jugarse en otro terreno. La sala no estaba llena. Pero abajo del escenario se divisaba un público dispuesto a acompañar y a cantar el nuevo disco de punta a punta.
Desde el arranque, la gente se prendió. Y así bailaba, así se mecía al ritmo de las canciones, así cantaba y disfrutaba. Quienes ya conocían el repertorio completo del nuevo albúm En Bucle buscaban a adivinar en voz alta cuál sería la próxima canción antes de que Willy Rodríguez la nombrara. “Camanance”, “De Tope Al Fondo”, “Para estar” y “Dame Luz” fueron algunas de las primeras en sonar, con la sala acompañando en cada una.
Pero había algo que, en esta experiencia profética, se imponía desde el primer instante: once músicos sobre el escenario, dando cuerpo a un reggae que no se agota en el género y que incorpora el soul, el jazz, el funk y el dub sin perder raíces. Willy Rodríguez estaba al frente, con el bajo y la voz. A sus costados se repartían guitarras, piano, teclados, batería, trombón, trompeta y saxofón. Esa era la movida de Cultura sobre el escenario.
Después de “Dame Luz”, Willy tomó el micrófono y habló con su gente. Su agradecimiento por estar se sumó a un aspecto que innumerables músicos y artistas vienen mencionando en sus presentaciones:
“Creo que han sido como casi 15 años desde la última vez. Y bueno agradecerles por llegar, gracias, yo se que no está fácil. Gracias por el sacrificio de llegar y hacer lo posible para poder estar en complicidad”.
La gente cantaba las letras, pero también los coros y hasta los pasajes más instrumentales. Cuando entraba un riff, un corte de batería o alguno de los vientos, la respuesta aparecía del mismo lado. Willy Rodríguez ya había hablado de esa manera de vivir la música en una entrevista con Julio Leiva, en Colorama: “Argentina vive la música de la manera más pasional que he visto”. En el Quality, el idilio volvió a revalidarse. Ese nivel de entrega mutua derivó en una palabra que ya forma parte del léxico del cantante: complicidad. Ahi mismo, el clima quedó servido para que sonara la canción homónima, seguida de inmediato por “Llevarte allí”.
Más adelante llegó el turno de “Baja la tensión”. Pero previo a los primeros acordes, el cantante volvió a tomar la palabra para decir: “Quiero pedirles disculpas también porque ando malo de la voz, pero estoy poniendo todo”.
Esfuerzo que hizo notar.
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El repertorio avanzó con “Déjame entrar” y “Hacer volar la casa”, dos de las novedades que integran su nuevo trabajo discográfico y que fueron recibidas con la misma efervescencia. Cuando desde las primeras filas le pidieron a Willy que se sacara la chaqueta, el boricua devolvió una observación acerca de la mística caribeña: recordó a referentes como Tito Rodríguez y Cheo Feliciano, de quienes aprendió que se puede dejar la piel sobre el escenario —transpirando cada nota— sin resignar la elegancia del saco.
“Cuando se la está pasando bien, siempre se suda. Vamos a ver como sale esta”, expresó.
La respuesta inmediata fue “Días intensos”, el portal para adentrarse de lleno en el universo de En Bucle. A partir de allí, el repertorio hilvanó pasajes como “Bruna”, “Bendito Vicio”, “Flaca”, “Herida mortal”, “Malena” y “De antes”. En vivo, estas composiciones sostuvieron un equilibrio entre lo íntimo y lo expansivo: un retrato introspectivo atravesado por el amor y el deseo que, sin soltar la raíz reggae, cobró otra dimensión.
Sin dejarse avasallar por el desgaste vocal, tras “Malherido”, el show derivó en “Hechicera”, señalada por el propio Willy como una de sus preferidas. La elección refleja su gusto por los temas menos obvios, revalidando la solidez de un catálogo capaz de sostener un show de alto nivel sin recurrir solo a los grandes éxitos. El bloque concluyó con la fuerza de “Del Mundo”:
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La recta final sumó otro momento cuando Willy habló de “Yo volveré”, la canción que grabó junto a Frido Vargas, y contó parte de la historia detrás de esa colaboración. Al mencionar los 26 años del productor, la gente respondió con un “Olé, olé, olé, Frido, Frido”, un reconocimiento que terminó de servir la mesa para el tema que comparten.
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A continuación, la seguidilla de “Saca, prende y sorprende” y “Lento” amagó con bajar el telón. Pero tras un breve retiro y un debate a la vista de todos sobre el próximo tema a encarar, los boricuas retornaron para un cierre definitivo. Primero regalaron “La Dulzura”, transformando la temperatura del lugar en un instante casi hipnótico, para culminar bien arriba con “Ilegal”.
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Entre los obsequios que llegaron al escenario y algunos desperfectos de sonido que la gente respaldó cantando, la noche siguió adelante. Con once músicos sobre el escenario, Cultura Profética brindó un show atravesado por el reggae, el bajo, los vientos y una música que encontró en el público su otra mitad. El disfrute se sostuvo durante toda la noche y, después de 15 años de encuentros con Córdoba, como señaló Willy Rodríguez, esa complicidad no aflojó.
Nota en desarrollo.








